15 de enero de 2013

Quisiera escribir palabras que te dejaran con la boca abierta, con la respiración acelerada, con la mente en blanco. Quisiera que estas líneas corrieran entre tinta y sangre, hacia el dolor. Quisiera ser lo que un día me gustó ser. Aprovechar cada segundo, sonreír al terminar. Ser lo que quiero ser, cuando quiero ser. Y dejar de lado esa puta cordialidad que nos ata a todo el mundo. La sonrisa educada del "por si acaso". El favor interminable para posibles adversidades. Dejar de lado lo que pudo haber sido, lo que será, lo que quizá sea, y lo que realmente será algún día. Nos esperan tiempos duros, años duros y una vida tan tristemente miserable que nuestra mayor aspiración será malvivir. 

Hoy el sol, cariñoso, impaciente, me pide que tenga paciencia. Qué paciencia querrá que tenga, yo, última de las desgracias que camina por este mundo. Atada a todo, atada a todos. Un sentimiento de envidia corre por mi cuerpo y es que es jodidamente genial. Esa imagen vuelve a descender en picado, a precipitarse por una fría y pulida escalera de mármol. 

Yo quería escribir la canción más hermosa del mundo, pero me estanqué en el pasado. En la misma historia que imprudentemente conozco de memoria, y la cual me castiga cada vez que llamo a su puerta.
Hoy quisiera ser otra persona.

Hoy necesito necesitarte.