26 de febrero de 2015

Clichy.


Hablar del amor es hablar del equilibrio entre el odio y la pasión. La balanza del “te quiero” y el “me quiero”. El egoísmo del transcurso de los años. Las caricias vergonzosas del principio.
Yo qué sé qué es el amor. ¿Acaso alguien puede dar una definición? Intangible, volátil… Quizá ni siquiera exista y sea una invención del ser humano para sustentar su propia existencia. O quizá sea el impulso por el que el mundo llega a moverse. Morderse la lengua, mantener la cordura, hacerse daño. El amor es la incertidumbre de los primeros días, las noches de desenfreno en ese rincón, la tapa del váter levantada, al final. El dolor de cabeza tras cada pelea, evitarnos la mirada, no encontrarte al despertar.
Y volver. Elegir el “te quiero” y defender el “me quiero”. Combinarlos, adaptarlos, engranarlos, fusionarlos. Odiarnos en nuestro amor. Amarnos en nuestro odio. Hacer depender mi respiración de la tuya. Amarte en la distancia y en la lejanía. Amarte en tus defectos. Amarte, de verdad.









Je t'aime.

18 de diciembre de 2014

A buena hora la deuda de tenerte.

Probablemente me cansé de escribir el amor y vivir el desamor. Prefiero vivir ahora, que ya habrá tiempo de escribir. O no. Lo cierto es que siempre se ha dicho que las historias tristes, las historias de desamor, las reflexiones odiosas de un desengaño cualquiera, son más interesantes que una historia con final feliz. Me refiero únicamente al plano literario, claro. Y sí, yo creo que es verdad. Que mejor escribir las lágrimas que llorarlas, y mejor vivir el amor que contarlo. 
Que al final la esencia siempre queda, siempre se mantiene en los pequeños gestos, en las sonrisas matutinas. La propia locura. 
Escribir sin sentido y sin sentido vivir, entremezclar prosa y poesía. Los días tienen un color especial cuando apareces con tu sonrisa campechana. Agachar la cabeza y sonreír. Parece que fue ayer cuando estaba sentada en este mismo sitio, organizando mis ideas, haciendo esquemas mentales de "qué somos", "quién eres", "qué soy", "¿me estaré volviendo loca?". Pensamientos que siempre acababan en lo mismo, en una sonrisa tonta, un vuelco al corazón, un suspiro entusiasmado. 
No puedo negar que no lo echo de menos, porque sí, lo echo mucho de menos. Tener tiempo (o inventármelo) para todas esas tonterías. Para jugar a los tiempos. Para desesperarme. Pero (va, voy a copiarme de ti en esta frase) lo prefiero ahora. Mucho más. 
Sin más explicaciones, la única explicación solo se puede encontrar en el aire que respiramos. Que parece más cálido desde que tú estás. 




Y así es como empiezo a soñarte en la casa... Vestida de domingo, en zapatillas y pijama.

23 de noviembre de 2014

Quizá pueda pasar el resto de mi vida así. Observándote en la oscuridad, acariciando tus manos siempre frías, mirándote cuando no te das cuenta. Conociéndote, riéndote. Dejando que recorras con las yemas de tus dedos mi espalda. Acostumbrándome a ese movimiento, a esos escalofríos. Cerrar los ojos, dejarme llevar. Ser feliz. Riéndonos, abrazándonos. 

Hablar en voz alta mientras estudias, mirarte de reojo cuando tecleo. Pillar tus sonrisas, tus intenciones. Dobles sentidos, cuidarte cada día. Tus caritas sonrientes en mi teléfono, enfadarte porque aquél día apagué el móvil. Quererte cuando te enfadas. Indignarte. Ser "muy reservado". No querer cenar conmigo los jueves. Cenar conmigo todos los jueves. Llevarme la mochila. Hacerte cosquillas en la cara. Cogerme y no soltarme. Hablar de París. Ilusionarnos con París. 

No me dejes nunca sin nada de esto.



Mis dedos echan de menos tu ombligo
Mis dientes echan de menos aquellas orejas que nunca llevaban pendientes.
Basta ya,tanto recordar acabará conmigo.
Quizás será verdad de la utilidad del pasado es quedarse atrás.

1 de octubre de 2014

Miedo al viento, al movimiento y sus sonidos.

"Y crecerás, y cambiarás, y te dirás y preguntarás cual fueron tus pasiones.

Realmente tengo miedo a despertar, a fracasar, a continuar,

a derribar cimientos que creamos con las manos y tu aliento"




Poco más que decir.... Arte.

1 de mayo de 2014

Asegurarme tu sonrisa es mi rutina preferida.

Enfrentarte al espacio en blanco puede llegar a ser más difícil que contar los segundos que quedan para volver a verte. A veces tengo miedo de perderme y no volver a encontrarme, vivir en la cuerda floja como un trapecista de cualquier circo de provincia. A veces siento que pierdo el control de mi vida y que el colchón que hay abajo desaparece. Éramos jóvenes cuando hacíamos listas interminables con deseos que cumplir en esta vida, y sin embargo ahora desechamos esas listas en cualquier rincón polvoriento de esa habitación llena de libros. Escribimos sin un rumbo fijo, sin una idea predeterminada, llevándonos el movimiento de nuestras manos a la más absoluta improvisación celestial. Éramos jóvenes cuando esto funcionaba, cuando las sensaciones y los sentimientos invadían nuestra vida por completo. Supongo que la edad hace que pensemos antes de hablar y que nos expliquemos con más determinación para evitar posibles conflictos adversos. Antes el vocabulario nos lo daba la generación del 27 y la romántica trilogía de turno, ahora es la insistente jerarquía normativa la que nos baña con sus positivismos y antiformalismos. Pero qué podemos hacer. La vida parece correr, deshacerse entre nuestros fríos dedos. Parece volar como esa ráfaga de viento que en cualquier momento despeinará tu pelo y molestará a tus ojos. La vida es lo que toca y lo que toca es la vida, hay épocas para vidas y vidas para épocas. Pero dentro de todo eso, dentro de todo ese caos cósmico estás tú. La época no es la perfecta y la vida podría ser mejor, pero somos libres y estamos bien (qué coño, estamos juntos).

Siempre el puto punto medio. Siempre el puto equilibrio. Ni lo bueno ni lo malo, ni lo bonito ni lo feo.

Desquiciable balanza que gobierna nuestras vidas.

Bonita la manera de poner en pie mi existencia. Bonita aparición, bonitos susurros. Erótica forma de quedarte en mi vida.




9 de abril de 2014

Impulsos que me cuentan que estás en mi habitación.

Cruzó sus piernas con la ligereza que correspondía. Era un cruce determinante, un cruce real, imponente. Su mirada expresaba el absoluto silencio, la indiferencia más pura. La más bella profundidad. Su pelo rubio caía delicadamente sobre sus hombros, alborotado, brillante, puro. 

"¿Qué sucederá cuando las balas no reboten, y los malos sean más fuertes, y volar no sea tan fácil, y conozcan nuestros planes?"

Tú dame una señal.

Te rescataré de allá donde no puedas salir, donde te falten las fuerzas y la oscuridad se ciña sobre ti. Te rescataré aunque no quieras, aunque el mundo se ponga en nuestra contra. El infinito es imposible pero contigo cada día parece más cercano. Y aunque el punto muerto me dé miedo y no quiera convertir mi vida en un punto de espera, creo que puedo decir que contigo no tengo miedo a nada.

"Usaré cada segundo que pase para poner a prueba nuestras capacidades corporales.
 Solo quedará sin probar un sentido: el del ridículo por sentirnos libres y vivos"

11 de marzo de 2014

Ella no espera si no es por ti.

Hace semanas que no paso por aquí en un intento de encarrilar mi vida hacia no sé qué curioso destino habitual. Pero últimamente, en días en los que parece que un terremoto ha sacudido nuestras vidas, vuelvo a aparecer por aquí para hacer acto de presencia y decir: tú.
Sigo escribiendo los días previos a los exámenes como si no hubiera nada más importante que ésto (y es que es así). Llevo tantas pruebas realizadas que ya ni el más mínimo nervio aparece en mí y prefiero gastar mis noches estudiando que desperdiciar un solo segundo de luz del sol sin sonreír. Y que no es nada nuevo en mí, como todos sabemos. Me duele la espalda, se me secan los labios, y cuando sale el Sol en invierno, parece que los días son un poquito mejores. 
Dibujas figuras abstractas en mis hombros y ya lo has convertido en una costumbre. Quizá tu verdadera vocación sea el pincel y debieras dejar tantas fórmulas apartadas en un rincón de tu mente. Quizá tu costumbre sea mi ilusión, quizá dirijas mi vida hacia una nueva dirección. Yo no soy cantante ni poeta y hasta ahora, creía tener una cierta facilidad con las palabras, con las letras, con el ir y venir de la inspiración. Contigo esa facilidad desaparece y es que es jodidamente impresionante que cuando me acuerdo de ti no pueda articular palabra. Que estás en cada una de mis sonrisas y en cada uno de mis mejores momentos. 
Te diría que a veces tengo miedo, pero es que tengo miedo continuamente. Miedo largo e ininterrumpido. Miedo a que desaparezcas igual que llegaste, escurriéndote entre los sitios más estrechos para llegar y ponerte a mi lado, con tu descaro, como si no fuese tu intención. Con tus conversaciones banales y mi desesperación. Me da miedo perderte.
Y como dices tú, no me tientes que no quiero empezar con cursilerías, en el que puede que se lleve las papeletas al día más cursi del año. Así que, ya sabes que la puerta la tienes a la derecha y que no todas las rubias somos malas.

Que no quiero aprender a echarte de menos. 


20 de abril del 90.

15 de enero de 2014

Ahora que tocan los ojos, que miran las bocas, que gritan los dedos.

Las despedidas a veces son complicadas. Hay despedidas bonitas, normales. Despedidas felices, de esas que discurren con la vista puesta en el futuro. Hay despedidas trágicas, dramáticas. Despedidas musicales y despedidas ariscas. Despedidas que en silencio piden un último beso y despedidas que suplican alargarse. Hay despedidas con buen sabor de boca. Despedidas incompletas en las que falta una palabra, una conversación, un gesto. Hay despedidas rápidas.
Despedidas sin pasión, con pasión, con deseo y sin malos pensamientos. Hay despedidas sinceras y despedidas odiosas. Hay despedidas que nunca quisiste tener. Despedidas que todavía están por venir y otras que permanecen en nuestra esencia, para siempre.
Pero hay encuentros apasionados. Encuentros con besos en estaciones de tren, encuentros inesperados que cambian tu vida, y encuentros desagradables. Encuentros que te hacen suspirar y dejarlo todo, y encuentros que te hacen ser feliz.

Luego estamos tú y yo. En la línea de lo prohibido. Alargando cada segundo de una despedida sin final. Alargando cada palabra, cada conversación, cada sonrisa y cada forma de mirarnos. Alargando nuestros sonrojos. Alargando tu timidez y mi espera, tus ganas de algo, mi miedo a nada. Alargando esos momentos de intensidad, guardándolos en ti, y en mí. Reiterando tus frases y mis tonterías, alargando de cualquier manera el tenerte delante, el saborearte, el sentirte a mi lado. Alargando tus roces, tus medias sonrisas, tus piques.
Luego estamos tú y yo. Perdidos. Naufragando en el mar de nuestra incomunicación. De nuestras diferencias. Evitando esto que nos arrastra como imanes, que nos acerca, que nos hace temblar.
Tú con tus ánimos, yo con mi ilusión. Tú con tu vida, yo con mis sueños.
Tú acercándote, yo temblando.

Creo que tenemos una conversación pendiente.

13 de enero de 2014

Cuando menos piensas, sale el Sol.

Me prometo tantas cosas al cabo del día a mí misma que acabo por perder la cuenta. Que si levantarme pronto para estudiar, que si mañana ordeno la habitación, que si pasado plancho, que si hoy trasnocho estudiando... Acabo organizando mis días en función de todo lo que tengo que hacer. Y por supuesto, exámenes. Estudiar un doble grado y tener siete exámenes en tres semanas es complicado. Pero al margen de todo eso, entre que cambio de libros y voy y vengo de la Universidad, siempre tengo un momento para dejarte aparecer por mi cabeza. Y eso que haciéndole caso al mayor de los grandes, prometí (de nuevo a mí misma) que no me enamoraría de ti.
Pero Sabina también dice que las mejores promesas son aquellas que no hay que cumplir. Quizás a veces me consienta el capricho de enamorarme un poquito de ti. Durante unos minutos, unos suspiros y unas sonrisas tontas mientras doy saltos al lado de la persona más inesperada. Ser feliz es tan bonito.
De momento la vida sigue entre apuntes con manchas de café y corrector facial para las ojeras. Pero esta rutina de no dormir y de solo vivir para los exámenes termina en un par de semanas. Y entonces... Entonces no lo sé, tú pareces querer y yo también, y sin embargo...
"Sin embargo, cuando duermo sin ti, contigo sueño. Y con todas si duermes a mi lado".
Dejaré de esconderme en la ignorancia pues sé que esa no soy yo, que como ella dijo un día "tú sabes perfectamente lo que quieres". 
Realmente siempre sabemos lo que queremos pero el miedo nos echa para atrás. Siempre es ese puto miedo que nos lleva a mirar si debajo del precipicio hay agua. Ese miedo a dejarlo todo al libre albedrío. "Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena".

1 de enero de 2014

Arriba y abajo.

A veces imaginamos nuestras vidas incluyendo el factor de conocer de antemano lo que va a ocurrir. Si hoy supieras lo que pasará mañana, lo que caerá en el examen de Matemáticas y lo que vas a recibir como regalo por tu cumpleaños, probablemente plantearías tu vida de otra forma. La vida consistiría en seguir unas pautas, unas normas, para llegar continuamente a un objetivo. Un objetivo que, sin embargo, es efímero, que se diluye al segundo. Porque lo cierto es que el presente no existe, el presente se convierte en pasado antes del último suspiro, antes del aumento de velocidad en tus manos al escribir sobre el teclado.
Lo cierto es que hay ocasiones que daríamos cualquier cosa por saber algo relacionado con el futuro. Deseamos tener en el horizonte una certeza que nos dé la seguridad de seguir un camino, o de seguir otro. Deseamos que el destino nos quite esa venda que continuamente tenemos sobre los ojos, que desaparezca el miedo a equivocarnos. La seguridad de que con un poco de control por tu parte se puede conseguir, de nuevo, ese objetivo. 
En estas últimas horas he reconocido la importancia de la espontaneidad de la vida. La vida viene como viene y no sé si estará escrito en algún lugar que mañana a las tres te cruzarás en un paso de cebra al amor de tu vida. Desconozco si el destino está escrito y si simplemente somos marionetas de un teatro. Pero si supieras con certeza que mañana vuestras miradas se cruzarán y que, efectivamente, os cruzaréis en ese paso de cebra, probablemente te levantarías un cuarto de hora antes para arreglarte mejor el pelo. Probablemente rebuscarías en los cajones del baño alguna sombra de ojos más especial de las que llevas diariamente, y controlarías compulsivamente el reloj para no llegar tarde a ese "encuentro fortuito". Los nervios aparecerían en ti varias horas antes y desaparecería la magia de ese momento.
Quiero decir que yo apuesto por la espontaneidad de la vida. Porque muchas veces nos hacemos preguntas del tipo "¿cómo terminaremos esta noche?" cuando el plan no es seguro, cuando existen posibilidades de que la noche no sea perfecta. Y sin embargo, si ese día es tu día, quizá esa noche sea la mejor de las noches. Quizás vuelvas a sentirte unida a esas personas que hace tiempo que no ves y quizá rías más que nunca. Quizá unos nuevos labios busquen los tuyos y unas nuevas caricias recorran tu espalda. 
A mí nadie me dijo que el 2014 empezaría así, y me alegro.


30 de diciembre de 2013

A veces necesito parar el reloj, recogerme el pelo y ser sincera.

Sé que crecemos a pasos agigantados y que eso nos lleva a elevar nuestras responsabilidades a un punto superior. Sé que algún día tenemos que establecer prioridades y aprender que la resignación muchas veces vivirá con nosotros. Conozco lo que es echar de menos un abrazo y aunque intente disimular, aunque intente sonreír a todos y contestar con buena cara a todas esas personas que desconocen todo de mí, sé a quien echo verdaderamente de menos. La culpa me corrompe por dentro y es que yo solo quería una historia de amor. La cuestión es que las historias de amor no se hacen, se encuentran. Se viven y se lloran. Se sienten. Intentamos convencernos tantas veces de lo que "tenemos" que sentir que cuando recuerdas un verdadero amor, te das cuenta de que eres esa mala persona que no hace otra cosa que engañar a otra. Y es que eso es mucho. El engaño, la mentira es lo peor que puedes llevar a cabo, y más si engañas dos veces seguidas. No hablo de infidelidades, hablo de intentar engañarte a tí misma. Y cuando te das cuenta de lo que eres, cuando te das cuenta de que lo que ha pasado es lo mejor para todos, los remordimientos y la culpa vienen a ti. La culpa de ser una mala persona, de no valorar lo suficiente a esas personas que durante un tiempo, durante un corto tiempo, han dado todo por tí. Al principio intentas esconderte, intentas cambiar el lugar donde duermes, el lugar donde te vistes y el lugar donde te pintas las uñas. Das un vuelco a tu habitación, la pones patas arriba y te ves negra para que los muebles encajen. Y al final te encuentras una fría madrugada de domingo escribiendo desde esa nueva situación en el lugar que más te ha visto llorar. Un período nuevo empieza y esta vez, prometo hacer caso a mi corazón y si he de esperar, esperaré. Lo cierto es que los "te quiero" no salen a los quince días y si corres, al final te darás de bruces contra una pared. Y es que hoy hay tantas personas a mi alrededor que te culpan a ti, que no sé cómo explicar que la culpa fue mía y que al final el destino pone a cada uno en su sitio. Y mi sitio no estaba contigo. Lo supe el primer día y sin embargo, no tuve el valor para decírtelo. 
Sé que estas cosas no son propias de mí pero a veces hay que dejar a un lado el estilo, la elegancia, las palabras neutro, y desahogarte. Y ahora cada día pienso en ti para desear que encuentres a alguien que de verdad te quiera, para desear que abras los ojos y te enfrentes a tí mismo y para desear que seas feliz. No puedo echarte de menos, solo puedo ofrecerte mi mano y pedirte perdón. 


22 de diciembre de 2013

Y mi razón se convirtió en buscarte entre las calles, en los parques, tiendas, bares...

Año tras año he hecho el balance de lo bueno y malo. Ha habido años increíbles, años de esos en los que vives mil cosas diferentes y acabas en Diciembre con una sensación de felicidad completa. También he tenido años indiferentes, de esos que pasan como uno más en tu vida. He tenido años de personas señaladas y años de felicidad personal.
Sin embargo, ahora, parece que los años pasan mucho más deprisa. Cuando éramos niños un año se nos hacía eterno, hoy parece que la Navidad del año pasado fue hace nada. Crecemos y el tiempo pasa cada vez más deprisa. Pensamos que los días son largos y a veces incluso deseamos que sean más cortos. Pero el tiempo vuela, el tiempo corre mucho más rápido de lo que nos damos cuenta. 
Si tuviéramos que etiquetar este año, si tuviéramos que ponerle un título y colocarlo en una de las lejas de la despensa, imagino que lo nombraría "decisiones". Decisiones que dicen ser importantes, pero que para mí distan muy lejos de la verdadera "importancia". Una decisión ha de tomarse en libertad, y parece ser que ese es un concepto que perdemos conforme crecemos. Todas las condiciones vienen condicionadas, en menor o mayor medida, por factores externos y para nada objetivos.
En cuanto a objetivos para el año que viene, paso. Creo que si quieres proponerte algo, si quieres conseguir algo, no debe empezar con un "El 1 de enero empiezo" o con un cotidiano "El lunes empiezo". Si realmente lo quieres, empieza ya. Aquí y ahora. Así pues, para el año que viene simplemente continuaré con mis propósitos a largo plazo.
Pero lo cierto es que cuando llegas a estas fechas y echas la vista atrás, tienes que hacer un cierto balance, una "valoración" del año. Porque si esa valoración es negativa, o si el sentimiento que te produce recordar este año es negativo, has de entender que has perdido un año de tu vida. Y la vida nos demuestra día a día que se puede acabar en cualquier momento, que no podemos desperdiciar ni un instante. Y mucho menos un año.
Echo la vista atrás, y mi primera reacción es sorprenderme. He conseguido muchas cosas este año y he tomado decisiones personales muy importantes. He tomado grandes decisiones que han hecho que viva mejor, que viva más feliz. He buscado mi felicidad y he intentado buscar la de los demás. He aprendido a valorar a determinadas personas y he descubierto aspectos escondidos de otras. En definitiva, he aprendido a darme cuenta de lo que tengo alrededor y me gusta. He reído, y apenas he llorado. Y eso es genial. 

Y es que el miedo que yo tengo es simplemente 
no poder saborearte lo suficiente.
Es dejarte escapar, es vivir sin apostar, 
por quien juega con la mano más potente.

15 de diciembre de 2013

Lo peor del amor.

Lo peor del amor cuando termina
son las habitaciones ventiladas,
el puré de reproches con sardinas,
las golondrinas muertas en la almohada.
Lo malo del después son los despojos
que embalsaman al humo de los sueños,
los teléfonos que hablan con los ojos,
el sístole sin diástole sin dueño.
Lo más ingrato es encalar la casa,
remendar las virtudes veniales,
condenar a la hoguera los archivos.
Lo peor del amor es cuando pasa,
cuando al punto final de los finales
no le quedan dos puntos suspensivos…
Lo peor es no haber amado, por no saber amar. Vivir del engaño y de la espera. No buscar, esperar. Lo peor es no llegar a sentir, no llegar a emocionarse. Lo peor del amor cuando no es amor son los remordimientos. El cargo de conciencia que perdura. 
Lo peor del amor cuando termina es no saber pasar página. No levantarte al día siguiente pensando "elijo ser feliz". Las medias naranjas no existen porque nosotros somos naranjas completas, y no encontrarás a la persona adecuada hasta que no estés en conformidad contigo mismo. Amar es maravilloso, pero para ello hay que tener una chispa de vitalidad, una chispa de establecer verdaderas prioridades, una chispa de querer comerte el mundo. La chispa de poder dejarlo todo. El sentido de la vida no radica en aquello que la sociedad espera de nosotros, el sentido de la vida es llegar a lograr la felicidad. El mundo no está hecho para los soñadores, pero yo no hablo de soñadores, hablo de personas valientes capaces de cambiar su vida porque ellos quieren, no porque es lo que toca.
Quizá con los años todo esto se pierde, pero creo que lo pierden aquellas personas que se pierden a ellos mismos. Volver a encontrarse puede ser un buen objetivo. Podemos hablar de incompatibilidad de caracteres, porque yo no quiero, yo nunca quise, un amor civilizado. Ojalá algún día encuentres esa velocidad cardíaca al encontrarte con alguien, ojalá algún día sientas que se te va a salir el corazón del pecho. La angustia emocional, el grado más alto de felicidad.
Pasarás página en diez días, pero no cerrarás ese libro de convencionalismo. Simplemente cambiarás de capítulo. Te falta la chispa que me falta a mí, que nos faltaba juntos. Pero yo la voy a buscar.

14 de diciembre de 2013

Te lo dí todo, hoy solo te pido que no vuelvas a pasar por aquí.

13 de diciembre de 2013

Si tú, y yo, éramos tan felices.

Tú me repites una y otra vez
que ya no sientes lo que un día fue.

Solía gustarme Diciembre. El frío helador que parece pedirte refugio, las últimas hojas caídas del pasado otoño. La Navidad, las risas y la ilusión. Solía gustarme su felicidad. La emoción al mirar tras el cristal, tras las estrellas. El brillo en nuestros ojos.
Hoy me niego a odiar Diciembre, pero todo me lleva a ello. Hoy me niego a ponerle mala cara al frío, pero todo me lleva a ello. Hoy solo quiero una emoción fuerte, algo que me haga olvidarlo todo. Hoy solo quiero un detalle que me haga sonreír. Quizá solo quiera un abrazo, pero de esos que ya nadie da. Hoy solo quiero dejarlo todo, como era capaz de hacer antes. Volver a ser esa idiota feliz, capaz de cambiar su vida con un chasquido.
Hubo grandes épocas de felicidad, hubo grandes meses de Diciembre entre mantas y nieve, entre risas. Noticias en la lumbre, abrazos verdaderos. Hubo momentos de mala caligrafía, de eternos sentimientos.
Diciembre hoy solo recuerda a ese empujón que nunca llega, el que asfixia con su inminente pero irreal llegada. Diciembre dejó de ser el mes de la felicidad, y ya ni la sonrisa más bonita del mundo hace mella en mí. Hoy el frío empeora mis heridas, agacha mi cabeza y me lleva. Hoy ni las personas que saben lo que significan mis miradas horizontales son capaces de despertarme.


Ahí te encontré, un héroe de otoño,
un soñador entre los locos.
Me dices: "mejor, te veo en Diciembre".



8 de diciembre de 2013

Cuélgate de quien te quiera, no te mueras más que por amor.

Ni yo mato por celos ni tú mueres por mí,
antes de que me quieras como se quiere a un gato
me largo con cualquiera que se parezca a tí.


Al igual que mujeres, hay días fatales. A veces, no existe más amor que el del río de la Plata. A veces solo luzco los tatuajes de un pasado bucanero, de un velero al abordaje, de un no te quiero querer.
A veces no encuentro palabras mejores que las suyas. A veces me pierdo en la calle Melancolía. A veces olvido que el amor, cuando no muere, mata. Y yo quiero que mate.

5 de diciembre de 2013

La vida es eso que ocurre cuando no ocurre nada. Eso que te para el corazón en seco, y eso que acelera tus pulsaciones al punto máximo. Porque a veces la vida es esa pregunta que realizas conociendo la respuesta, conociendo la jodida respuesta que no quieres escuchar. Y preguntas, preguntas con la boca cerrada, preguntas con los ojos rezando por no escuchar lo que sabes que vas a escuchar. 
A veces la vida nos pone en situaciones límite. Situaciones en las que conoces la respuesta y en las que no quieres preguntar. Pero sin embargo, tienes que hacerlo, tienes que conocer la verdad porque debes atenerte a las posibles consecuencias. Y te lanzas a preguntar, cierras tus puños con fuerza y tus pasos avanzan teóricamente decididos, pero prácticamente angustiados. La cuestión es que recibes la respuesta que ya conoces. Ahora eres parte de esa historia y en tu interior solo hay imágenes, solo hay un corazón a mil por hora, una voz que no para de repetir "no, él no", unas lágrimas que quieren inundar tu rostro, pero a las que jamás dejarás aparecer en público.
A veces necesitas derrumbarte en ese banco, en soledad, tapando tus ojos con las manos, olvidando por un momento todo lo que hay a tu alrededor. A veces necesitas un primer abrazo, una primera persona que te consuele sin palabras. A veces necesitas volver a verle sonreír, como cuando era un niño. Necesitas pensar continuamente en él, como si hacerlo le mandara fuerzas. Necesitas sacar las viejas fotos del pasado y sonreír.
Necesitas saber que está bien, para poder empezar a valorar la vida.

30 de noviembre de 2013

"Hoy va a ser el día menos pensado."

Hay momentos en la vida en los que tienes que actuar. La valentía tiene que salir de donde esté escondida y tienes que tirar la primera piedra. Y a pesar de que creas que no conseguirás tu objetivo, a pesar de que creas que entrarás en otro bucle, a pesar de que sientas que fracasarás, has de intentarlo. Porque, de lo contrario, te quedarás con el qué pudo haber sido. Porque quizás, ese milésimo porcentaje de que ocurra se hace con la estadística, y te cambia la vida.
Hoy hace algo más de 4 semanas que tiré la primera piedra, que hice caso del "déjate llevar" y fui valiente. Hoy hace 4 semanas que empezó esta historia, este cuentecillo, esta sonrisa tan bonita y esos ojos tan brillantes. Todavía me recorren escalofríos al recordar ciertos momentos, ciertas palabras, susurros. Todavía vienen a mi mente flashbacks, medias sonrisas, lugares. 
El frío ha llegado contigo y eso me gusta. Haces de este invierno un momento perfecto para pasear a tu lado, para abrazarte en cualquier lugar. Una época perfecta, para tenerte cerca.


23 de noviembre de 2013

707

Destino, casualidad o coincidencia. La cuestión es que el siete es un buen número, lo ha sido siempre, y ahora lo es más. Así pues, como diría un genio, "lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción". Creo que hoy podría hablar de adicción y me quedaría corta. Podría hablar de tus ojos y de tus manos, podría preguntarte por qué me quieres y escuchar una vez más tus silencios. Podríamos reírnos al amanecer. Mirar tu cara cuando te hablo mientras me lavo los dientes, mirar tu imagen reflejada en es espejo. Podrías jugar con mi pelo enredándolo entre tus dedos, ruborizarme la piel, morderme. Abrazarme y sorprenderme con un "buenos días, princesa". Que a mí esos buenos días me dan lo mismo, yo solo quiero los besos de después. Y en fin, que me pierdo y ya no sé volver. 
Lo cierto es que hoy, aunque los ojos se me cerraran por cansancio mientras bebía una taza de café, te he visto delante de mí desayunando. Después de todo, a pesar de todo. Por todo. Pasando las páginas de un periódico mientras decías escucharme, pudiendo hacer dos cosas a la vez. Hoy me he sentido en mi sitio, en el único sitio en el que quería estar en ese momento. 

En fin, aquí tienes. No sé si serán las más adecuadas pero son importantes para mí, como pueden serlas tantas otras, pero tú crees en el destino y si he hecho esta elección, será por algo.






17 de noviembre de 2013

Dulce o picante, tú eliges.

La cuestión es que no quiero perderte. Quizá esta sea la primera gran decalaración de amor, quizá esto te asuste, quizá, qué sé yo. Pero hoy quiero dar un paso más, quiero que no me falten las palabras para decirte lo que me haces sentir, lo que haces que pase por mi cabeza. 
Poco a poco vas conociéndome sin prisas, sin nervios, mientras me abrazas para protegerme del frío. Sé que soy complicada, verdaderamente complicada, para ser sinceros. Que tengo grandes y numerosas manías y que te las estás aprendiendo una por una. Sin embargo sé que no te rindes, que mis "noes" para ti son muchas veces "síes" a largo plazo. Y eso me gusta. Que no te rindas. Me gusta que me desestructures las ideas, que hagas que me quede sin palabras, sin nada que decir. Me gusta que me saques esa sonrisa tan tonta. Me gusta cuando me das besos en la frente y cuando ando hacia atrás, mirándote solamente a ti, confiando solamente en tí. Me gusta gustarte y me gusta que me gustes. Me gustan tus abrazos, y las veces que con tus brazos me impides alejarme de tí. Que no es que yo quiera alejarme, es que me pasaría la vida pegada a tí. Me gustan tus manos aunque en días como hoy estén congeladas, y me gusta pincharme con tu barba, me encanta pincharme con tu barba. Me gusta correr pisando las hojas de los árboles en este otoño tan especial, me gusta ver tu cara mientras me miras. Y correr delante de tí, huyendo de esos brazos que tanto me gustan. 
Me gusta cuando me tocas el pelo y me colocas los mechones despeinados. Y cómo me agarras por la cintura, cómo nos parecemos tan poquito y cómo puedo quererte tanto.

Me da vértigo lo rápido que ha pasado este último mes. Hoy me paro a pensar, y guau. No imaginé que en tan poquito tiempo mi vida cambiaría tan brutalmente, y tan positivamente. Sin embargo, me he dado cuenta de que ahora, cada día sonrío un poquito más. De que cada día soy un poquito más feliz, y de que cualquier momento contigo se convierte, automáticamente, en el mejor momento del día.
A veces me pregunto si no estaré soñando. Si no despertaré mañana y volverás a ser el chico de la barba de la Universidad. Quizá por eso sea tan reacia a tus "te quiero". Porque quizá no acabe de creerme todo esto, quizá sea demasiado bonito para ser verdad. 


Creo que el concepto dulce-picante puede estar unido en diversas ocasiones. Pero ese, es otro tema. Hoy y tantos días, mi tema eres tú. Solo tú.

13 de noviembre de 2013

Mirada universal, de alcance personal.

Quiero saber qué opinas de mi sonrisa. Del brillo de mis ojos, cuando se cruzan contigo. Quiero saber qué opinas de París. De los domingos de tristeza y de los cafés por la mañana. Quiero saber por qué sonríes cuando te doy la espalda. Y cuando me planto frente a ti. Quiero saber qué piensas cuando te quedas callado, y qué te lleva a besarme cuando no dejo de hablar. Quiero saber qué sientes cuando me coges por la cintura, cuando mis labios acaban en tu cuello y cuando aprieto tu mano con fuerza.

Quiero saber por qué tengo estas inmensas ganas de verte. Por qué los buenos días comienzan cuando tú me los deseas. Quiero abrir los ojos y que estés ahí, como estás cuando apoyo mi cabeza sobre tu hombro. Quiero que sigas discutiéndome a todas horas, que me saques tontas sonrisas y que sigas haciéndome reír todo el tiempo. Quiero que sigas relajándome con tu voz, volver a perder la noción del tiempo una vez más, volver a perdernos tú y yo.

 

Quiero que te hartes de escucharme cantar. Que yo sea tú, que tú seas yo. No soltarte nunca.

10 de noviembre de 2013

Si me sueltas entre tanto viento.

Cómo voy a continuar.
Cantaré hasta el fin del mundo y reiré, reiré como nunca lo he hecho.



Te deslizas como si fueras de viento
y al contacto con mis dedos te desvanecieras.

7 de noviembre de 2013

Cuestión de orientación.

Sé que cuando intentas cogerme en volandas me pongo nerviosa. Que cuando me besas en el cuello mil escalofríos recorren mi cuerpo. Sé que cuando me abrazas podría pasar así el resto de mi vida. Sé que eres capaz de hacerme reír cualquier día, a cualquier hora.
Sé que lo nuestro es especial y eso me gusta. Y es que, maldita dulzura la tuya.


Quizá te quiera, enano.

3 de noviembre de 2013

Cógeme de la mano.

-¿Y qué significa esto para ti?
- Que estamos juntos, ¿no?


Gracias por ser mi sonrisa diaria.

28 de octubre de 2013

Hoy te diré que sí.

Nervios. Hoy me dispongo a escribir con muchos nervios, con mis manos temblando sobre el teclado. Creo que he pasado la mañana más larga de mi vida, con dudas, con aciertos, con vértigos, con miedos, con deseos. Sin embargo en un determinado momento has llegado tú, con esa dulzura que a veces parece tímida, para borrar todos esos sentimientos y sacarme una sonrisa. Una sonrisa nerviosa, sí, pero una sonrisa. Me has hecho pensar que por ti vale la pena, que el amor puede estar ahí y surgir de repente, que pueden existir verdaderos amores correspondidos. Asíque puedo prometerte que te miraré a los ojos, te miraré a los ojos todo el tiempo que tú me dejes. Hoy llevas una semana haciéndome sentir bien, y eso es lo que más me gusta. Has arrasado con todo lo que había en mi cabeza y te has plantado tú, haciéndome reír continuamente, en mitad de mi vida.
Y lo más bonito para mí también son tus nervios. Ver que te hago sentir tanto y que a veces te tiemblan las manos. Sentir lo bien que me tratas sin ser aún nada. 
Hoy ya no me salen ni las palabras por lo emocionada que estoy. Creo que simplemente me voy a dejar llevar, sin pensar más en si hoy probaré tus labios o en si me susurrarás algo al oído. Hoy dejo que me lleves.

25 de octubre de 2013

No sé si nevará en el infierno.-

Los sentimientos aflojan y con ellos las palabras rabiosas, odiosas. Terminamos con un silencio sepulcral lo que con gritos, con voces agudas empezó. Y cuando parece terminar nunca lo hace, porque siempre está ahí. Te persigue ante cualquier imprevisto, te hace dudar, te hace echarte hacia atrás. Parece que el concepto de valentía que recorre mi cuerpo solo es teórico. Al final, en el último instante, la cobardía me impregnó y caló mi alma entera. El arrepentimiento viene ahora a mí y, con él, la fuerza que un día me faltó. El nervio, la sangre corriendo por mis venas.
En este preciso momento solo te deseo a ti. Solo deseo esa base que acabe de reportarme el miligramo de valentía que me falta. Solo necesito tu mano para poder mover el mundo. Decidir sobre mi vida como si fuera mía. Te necesito a ti para poder ser yo, y no esa marioneta a la que le escriben los días que le quedan. Quiero cortar los hilos, cortarlos todos y cambiar de escenario, de vestimenta, de utilidad. Cambiar mi personaje. Y quedarme contigo. Volver a empezar.
Los golpes vuelven a mis oídos y a veces creo que ésto nunca va a terminar. A veces me pareces una utopía, hablando en términos de conceptos generales. A veces me pareces una utopía lejana, infinita; esa por la que hay que recorrer un camino que nunca concluye, con la única compañía del horizonte.
Hoy me faltas tú, soñada libertad de barba morena, para completarme.

22 de octubre de 2013

Dejarse llevar, suena demasiado bien.

Hoy te has cruzado de repente, jugándote tus ideas ante un semáforo en verde. Bonita forma de defender tus maneras. Pero hoy no te has dado cuenta de que aquella que frenaba era yo. Que aquella a la que le temblaban las manos al poner la primera marcha era yo. Hoy no te has dado cuenta de la respiración entrecortada que salía de mi boca.
Y ahí estabas tú, sonriendo mientras el mundo se paraba a tu alrededor. Mientras que el resto esperaban a que acabases con impaciencia. Ahí estabas tú creyendo que nadie te observaba, que nadie pensaba en tí de esa manera. Ahí estabas tú con tu barba morena, sin saber que eres mi insomnio desde hace dos días.

Hoy, antes de que mi mirada se cruzase contigo sin avisar, he pensado en ti. He pensado en ti continuamente. He pensado en posibles estadísticas positivas que me llevaran a tirarme a la piscina. Hoy volver a verte me ha dado los ánimos que necesitaba para poder dedicarte mañana la mejor de mis sonrisas. Hoy he creído en ti, y en mi, y en nosotros.

20 de octubre de 2013

Declaración de intenciones.

Y bailar con la muerte no es buen plan, 
yo prefiero que me mates tú a bailar.
Supersubmarina.

He estropeado mi caligrafía con palabras vacías, con palabras sin pasión, sin notas musicales, sin acordes. Sé que me queda un largo camino por recorrer, pero dentro de esta larga e interminable crisis existencial, vuelvo a bajar el volumen de la música cuando por fin consigo que me salgan las palabras, vuelvo a andar con paso decidido aunque solo recorra un par de metros, vuelvo a coger las riendas de mi vida.
Vuelvo a llorar ante la soledad, es cierto, pero hoy he vuelto a coger mi bolígrafo y aquí estoy, en el cuaderno que hace meses abandonaría con palabras de desolación. Hoy quizá mi voz sea débil, quizá no llegues a escucharme, pero en este momento de mi vida creo que puedo decir que empiezo a ver la luz, empiezo a ver el reflejo de la vida. Aunque esté lejana y sienta frío en el camino, aunque a veces él me ponga una venda sobre los ojos y me impida ver la esperanza. Hoy, como digo, he estropeado mi caligrafía, pero eso no impide que mis palabras mantengan la fuerza que un día lograron. Hoy he logrado conseguir tantas cosas, y he conseguido recuperar aquella ilusión. Puede que todavía no salte llevada por la emoción, pero en lo más profundo de mi corazón sigue estando esa chispa que un día gobernó mi vida.

Y ahora pienso en tí porque anoche te cruzaste por mi boca, y qué sé yo. Mañana será otro día y volverás a pasearte con tu barba morena y tu sonrisa permanente. Y yo te sonreiré y soltaré alguna gracia, alguna gracia de esas que no tienen gracia pero de las que tú te ríes. Y en mi cabeza habrá dudas, habrá posibilidades de y habrá un lío monumental. Pero puedo decirte que no voy a perder la cabeza, no voy a dejarme llevar por tus labios ni voy a suspirar ni una sola vez por ti, a no ser que tú me lo pidas.
Pero si tú me lo pides... Entonces volvería a perder la cabeza, perdería este intento fracasado de recuperación y volvería a las andadas. A las andadas de quererte, a no ser dos, a ser uno. Pero contigo lo intentaría porque la vida está hecha de intentos. Si no lo intentara, no sabría lo que podría haber sido. Y cobarde no se puede ser (aunque lo sea cada día de mi vida). Pero no quiero ser cobarde contigo, no quiero que el miedo vuelva a estropear mi vida y esta vez no voy a temblar.

23 de agosto de 2013

La vida es muchas veces triste, es repetición.


Y te hablé de poesía, por ver qué decías,
que si es tontería, que sí, que no,
habrá que hacer el amor.





Qué patán, me he explicado fatal. 
Que sí, que te quiero, que ya lo sabes.

6 de agosto de 2013

Amarillos.

Hace relativamente poco tiempo (la semana pasada) leí un libro de Albert. Sí, ya solo le llamo por su nombre porque es tan sumamente bueno que me ha dejado conocerle. Conocerle en profundidad. Claro está que esto lo digo tras leerme todos sus libros y todas las biografías existentes sobre él y tras ver y escuchar todas las entrevistas habidas y por haber. Pero qué cojones, una entrevista muestra mucho menos de él que una sola frase de sus libros. Bueno, como venía diciendo, leí un libro estupendo que hablaba de 23 descubrimientos y de 23 amarillos. Ay qué historia, la de los amarillos.

Yo sabía que de alguna forma tenían que llamarse, porque sabía desde niña que esas personas existen. Esas personas que no son una amistad, sino que son muchísimo más. Pero tampoco son la totalidad del amor (ni mucho menos del enamoramiento). Como dice A., son personas a las que no puedes dejar de mirar, a las que admiras desde lo más profundo de tu alma. Esas que te ayudan con su sola presencia. Son personas amarillas en tu vida.

A. decidió utilizar el término “amarillo” para referirse a ellas. Bueno, yo hubiera utilizado otro. Pero claro, al llegar a este punto y decir que yo hubiera utilizado otro, ¿cuál sería? Lo cierto es que no tengo un término para ello. A mí me gusta más el azul, pero ¿¡AZUL!?. No, por Dios. Así que como no soy capaz de encontrar un término para ello, me quedo con “amarillo”, que por lo menos tiene su origen en A.

Yo he encontrado varios amarillos en mi vida. Normal, todos lo hemos hecho. Debemos encontrar 23 a lo largo de nuestra vida, y yo creo que he encontrado 3. Seguramente hayan sido más, la cuestión es que yo no me he dado cuenta. A. en su libro dice que esas cosas son normales, así que si A. lo dice, pues va a misa. Lo mismo A. es uno de mis amarillos, vete tú a saber.

Pero bueno, de momento quiero volver a mis 3 amarillos identificados por el momento. La primera fue ella. Digo ella porque no se referirme a esa persona de otra forma. Yo siempre la he llamado “ella”. No me gusta cómo suena en mi mente el nombre “Loli” cuando tengo su imagen en la cabeza. Ni tampoco “abuela”. Yo a mis abuelos nunca los he llamado “abuela” o “abuelo”, y aunque quizá si la hubiera conocido si la llamaría “abuela”, prefiero dejarlo en “ella”. En fin, que ella es mi primer amarillo, por orden de aparición. La cuestión es que ella no se ha ido nunca. Estuvo conmigo el 16 de octubre de 1995 y permanece aquí, día tras día. Y sí, os preguntaréis cómo es que ella puede ser un amarillo para mí si no la he llegado a conocer. Pues no lo sé, pero su recuerdo es algo que me da fuerzas y en momentos de soledad, me ayuda a sentirme menos sola.

Mi siguiente amarillo fue I. Yo sabía que I tenía algo, lo supe desde la primera vez que hablé con ella. Sabía que podía aportarme más que una amistad –con todo lo que aportan las amistades-. Y es que I me hizo madurar de manera abismal. Hizo que abriera la mente y que poco a poco aprendiera a conocerme, y a conocer a los demás. En realidad, el gran mérito de I fue conducirme a lo que soy ahora.

Y mi último amarillo identificado es M, a la que podría abrazar durante horas. Con la que podría hablar hasta la eternidad. Porque M, M es increíble. Si supierais que parentesco la une a mí, os moriríais de la risa. Pero es así, M es uno de mis amarillos y la que me ha enseñado la pasión, la verdadera felicidad. A veces siento que M tiene una parte de mí. Cuando hablo con ella, siento que en su interior me tiene, me conoce al milímetro y me acuna con sus palabras.


En fin, qué amarillos tan increíbles he encontrado por ahora. Viviría mil vidas más para encontrarme con ellos. Pero también es cierto que me quedan 20 más –que yo sepa- y me muero de ganas por conocerlos. 

2 de julio de 2013

Oh, Soledad.

La soledad es un estado que en ocasiones eché de menos. Y la eché tanto de menos que decidí recuperarla, costara lo que costara. Decidí volver a ser yo misma y que en mis grandes planes solo estuviera yo. Porque somos jóvenes despiertos y alocados, que viven de grandes ilusiones que nunca verán la luz. O quizá sí. Pero para ello hace falta esfuerzo, y todos mis planes y mis irrealizables ilusiones estaban ya en el cubo de la basura. Mi ilusión y mi felicidad dessparecían contigo y dejé de ser la chica abierta a mil ideas y mil cambios de opinón, para convertirme en una intransigente movida por su afán de superioridad.
Hoy mi objetivo es recuperarme, volver a ser lo que un día amé ser. Volver a tener esas ilusiones que me mantenían viva. Y no sentirme atada a una mala contestación ni a una mala cara. Solo importarme a mí misma y volver a descubrir lo que se esconde detrás de cada mirada que se cruza en una calle. Volver a descubrir, a amar, la belleza que se esconde en cada rincón y volver a sentir.
Empieza mi momento y no quiero prisas ni engaños, como en cierto modo te estás curando tú.

15 de junio de 2013

Volviendo a reinventarme.

A partir de hoy, me propongo volver a encontrarme tras un año de auténtica deshumanización.

13 de marzo de 2013

Habemus Papam.


Yo estaba convencida de que tenía que salir un Papa negro. Un hombre mayor, nacido en vete tú a saber qué recóndito país del África más profundo. Uno que tuviera una sonrisa amable, que en su infancia hubiera pasado el hambre que ninguno de nosotros ha pasado. Pensaba que solo un Papa así podría hacer que la Iglesia empezara a gustarme, o por lo menos a no causarme el rechazo que me produce. Y así llevaba yo dos días enteros, hablando sobre un Papa negro que cambiara un poco el mundo. En qué narices estaría yo pensando.

Acabo de escuchar en televisión la vida y obra de uno de los candidatos negros al Papado. Casi me echo a llorar. Nacido en Ghana, toda la vida defendiendo que no deben usarse los preservativos. Y predica con ello por todo África, mientras que las innumerables ONGs se matan para que, mediante el preservativo, el SIDA pueda ser erradicado poco a poco en aquel continente. Y este es mi cabreo del día, mi desengaño una vez más con la Iglesia.

Qué angustia. Prometo que no tendría ningún problema en admirar a la Iglesia si no fuera por todas estas cosas. La ciencia, la sociedad, las ideologías, el mundo en sí intenta evolucionar con el paso de los años para lograr la tolerancia, la igualdad total. Pero desde luego con instituciones como ésta no se va a llegar a ningún sitio. Es el gran obstáculo para el progreso, como lo ha sido siempre. Pero parece mentira que en pleno siglo XXI, sigamos con tales barbaridades.

A escasos minutos de que el nuevo Papa salga al balcón tras haber aparecido ya el humo blanco en la chimenea, servidora publica esta entrada en el blog. Primera entrada que me gustaría que llegara a todo el mundo, a todas las autoridades eclesiásticas, a todo rincón del planeta. La Iglesia para mí, y actualmente, es repugnante. Asquerosa.

6 de febrero de 2013

Comenzamos a dar clases de moralidad y es ese el principio del fin.


Comenzamos a dar clases de moralidad y es ese el principio del fin. En estos últimos días en el que el país no parece otra cosa que un circo lleno de monos balanceándose y animales esclavizados al servicio del hombre, me doy cuenta de que el verdadero problema no está detrás de la quiebra de bancos ni del déficit o la prima de riesgo. Tampoco está detrás de tantos políticos que están y estarán al mando de nuestra sociedad, de nuestras riquezas y pobrezas. Las personas tendemos a culpar al prójimo, no somos capaces (ni seremos nunca con esta actitud) de mirar más allá de nuestro ombligo y observar lo que de verdad acabará con nosotros.

Vivimos en un Estado democrático de derecho, respaldados por una Constitución que propugna la libertad de expresión, de pensamiento. La libertad de que el individuo tenga poder para decidir sobre su vida. Sin embargo, cuando por fin y después de tantos años hemos conseguido una democracia, cuando hemos conseguido la libertad que tanto añoramos, somos los propios ciudadanos los que atacamos a la libertad.

Ya en el siglo XVII algunos hombres lucharon por la tolerancia, por ideas progresistas que nos han conducido, gracias al esfuerzo de continuas generaciones luchadoras, al lugar donde nos encontramos ahora. ¿Y qué hacemos con todo ese esfuerzo? Lo maltratamos. Reconozco que nadie dijo que fuera fácil, pero me sorprende que hoy en día haya mentalidades más cerradas y autoritarias que hace sesenta o setenta años. Llegamos al punto en el que si se aprueba una ley a favor del matrimonio homosexual, nos tiramos a la calle cohibiendo los derechos de otra persona. No sabemos, ni queremos, ponernos en el lugar del otro. Y así con multitud de temas y asuntos que cada cierto tiempo reaparecen en los telediarios para volver a dejarnos con la boca abierta (o por lo menos a mí).

Las generaciones de hoy en día viven detrás de la crítica, la crítica destructiva. Hablar por hablar, sin ni si quiera pararnos a pensar. En teoría los jóvenes deberíamos ser los ciudadanos más liberales. Defender valores que en el pasado eran impensables, pero que pueden hacer un mundo igual para todos. Simplemente partiendo de la humildad o la tolerancia.

Lo cierto es que de un tiempo a esta parte he ido sintiendo un desagrado contra todo lo que me rodea, contra la falta de sensibilidad y de amor al prójimo. No creo en Dios pero creo que este es el momento adecuado para citar la frase bíblica “amarás al prójimo como a ti mismo”, y recordar que la misión de Jesús fue formar una gran familia, compuesta por todas las personas del mundo. Tomemos estos consejos como ejemplo y empecemos a construir un lugar donde todas las personas puedan vivir en paz. Quizá nos cueste entender algunas acciones, algunos modos de comprender la vida, pero debemos aceptarlos igual que aceptan los nuestros. Despertémonos para acabar con la verdadera crisis que segundo a segundo acaba con una parte de nosotros, y recuperemos aquellos valores de la libertad y la humildad que un día parecieron desprenderse de nosotros. Agradezcamos su labor a cada persona que murió con la esperanza de un mundo mejor. Rebelémonos contra las cadenas de ignorancia que nos mantienen atados. 

15 de enero de 2013

Quisiera escribir palabras que te dejaran con la boca abierta, con la respiración acelerada, con la mente en blanco. Quisiera que estas líneas corrieran entre tinta y sangre, hacia el dolor. Quisiera ser lo que un día me gustó ser. Aprovechar cada segundo, sonreír al terminar. Ser lo que quiero ser, cuando quiero ser. Y dejar de lado esa puta cordialidad que nos ata a todo el mundo. La sonrisa educada del "por si acaso". El favor interminable para posibles adversidades. Dejar de lado lo que pudo haber sido, lo que será, lo que quizá sea, y lo que realmente será algún día. Nos esperan tiempos duros, años duros y una vida tan tristemente miserable que nuestra mayor aspiración será malvivir. 

Hoy el sol, cariñoso, impaciente, me pide que tenga paciencia. Qué paciencia querrá que tenga, yo, última de las desgracias que camina por este mundo. Atada a todo, atada a todos. Un sentimiento de envidia corre por mi cuerpo y es que es jodidamente genial. Esa imagen vuelve a descender en picado, a precipitarse por una fría y pulida escalera de mármol. 

Yo quería escribir la canción más hermosa del mundo, pero me estanqué en el pasado. En la misma historia que imprudentemente conozco de memoria, y la cual me castiga cada vez que llamo a su puerta.
Hoy quisiera ser otra persona.

Hoy necesito necesitarte. 

19 de octubre de 2012

Contradicción.

Me distorsiono entre libros de Anaya y miradas desesperadas al desván donde acumulo todo lo que nunca fui. La niña de los zapatos de ballet, la valiente compañera de camino. Yo. Noches perdidas entre la eterna y desconcertante indecisión de ir y volver, quedarte en el camino y mirar hacia atrás. Abandonar un día aquello que podría llegar a ser, pero no fue. Nunca fue. Chocas contra mí y qué sé yo sobre los miles de pensamientos que pueden volar en ese momento a tu mente. Qué sé yo sobre escalofríos, sobre mentiras piadosas, sobre querer y no poder. Qué sé yo sobre el engaño reflexivo. Murmuros inquebrantables en ese rincón de mi alma en el que ni si quiera sé quién soy. Solo sé que sigues estando ahí, sentado en un rincón de la habitación donde no consigo vislumbrarte, lejos de cualquier palabra que siempre he querido oír. Castigado como un niño por mal comportamiento. 

No hay día que pase en el que no me pregunte quién soy y qué quiero. Sé que en realidad, conozco muy bien la respuesta. Pero nunca lo admitiré. Creo que, en parte, el dolor me lo impide. No quiero volver a ser lo que un día odiaste, lo que un día quise hacer desaparecer. No quiero volver a aquellos días en los que el calor no existía, en los que el silencio era mi mejor amigo. Recorrer calles oscuras y taciturnas sin más compañía que el seco ruido de mis zapatos al chocar, débilmente, contra el asfalto. Lágrimas derramadas por  un no-existir parecido a vivir día a día esperando una señal. 

Que sigo esperando señales todos los días.
Que sigo buscándote todos los días.
Que sigo pensando en ti todos los días.


12 de septiembre de 2012

Rock en estado puro.

Probablemente eso sea el corazón. Rock en estado puro, sonido, jaleo. Estruendos repentinos que llenan de recuerdos la habitación del pasado y del futuro, del ahora. Gritos que con su dolor consiguen romper todo cristal con el que intentemos evitarnos. Llantos impregnados en soledad, en sufrimiento. Rock. El corazón late con la misma fuerza que un velero navega en el revuelto oleaje. Nunca deja de latir, pero sufre. Sufre continuamente. Desde el primer momento hasta el último aliento, dejándose acariciar o azotar por el mismísimo abismo que surge de las entrañas del mar. 

Mi corazón perdió la razón. Dejó de latir con sentido, dejó de latir de forma sincronizada. Ahora podría decirse que "vamos por separado". Él me permite respirar, y yo a veces le brindó la oportunidad de poder elegir la dirección. Así que, no me pidas explicaciones, porque no atiendo a razones.


29 de agosto de 2012

Que siempre llego a la deshora que me marca el corazón.

La vida es ese juego de mesa que nunca acaba. Ése que a veces te aburre, que a veces te encanta. Te engancha y desengancha con un solo clic, haciendo mella en lo más importante, sin equivocarse nunca, adueñándose de ti. Rompiendo las cadenas que te atan a cualquier cosa, a cualquier persona. Eliminando lo que le parece molesto, sin consultar tus preferencias. La vida es aquéllo que notamos volar. Es el viento que se desliza ente nuestros dedos los días de tormenta, los días de sol. La vida es un callejón sin salida, un bonito campo lleno de girasoles. Un descampado sin final, un túnel sin luz. La vida son demasiados abriles, demasiados días de cigarro en mano y aturdidos pensamientos. La vida es tan efímera que ni siquiera sabemos qué es.


23 de abril de 2012

23.

¿Qué hago? La mayoría nos preguntamos esto continuamente. Nos lo preguntamos en nuestras mentes, en nuestros sueños, en cada una de nuestras preocupaciones. Elegir un camino u otro, enfrentarnos a una importante decisión, o simplemente darte cuenta de que te has equivocado. Y ojalá tengas la suerte de que ese camino que has recorrido sigue estando ahí, y que puedes volver al punto de inicio dando un cómodo paseo. Pero esto solo pasa los días de suerte, los días en el que sol se planta en mitad del cielo y nada impide que brille. El resto de los días, ese camino ha desaparecido y solo puedes seguir adelante, arrastrando tus pies o saltando. Eso solo depende de tí.
Hoy, amiga, me preguntas que qué haces. Cielo, lo tienes tan fácil. Eres tú. Eres tú la que puede conseguirlo todo, eres tú la que me hace llorar y reír con un chasquido. Eres tú la que en los días malos, te conviertes en un payaso multicolor que reparte alegría a partes iguales. Hoy me preguntas qué hacer, hoy noto desde aquí los nervios, las pulsaciones a mil por hora, y me dan ganas de llorar. Creo que al final acabaré explotando, explotando de verdad. 
Qué hago. 
Y yo qué sé.
No lo sé. Haz lo que quieras, haz lo que tengas que hacer. Haz lo posible para que todo pase. El tiempo corre, y corre, y no deja de correr ni un instante. No te permite un momento de tranquilidad, te traiciona y sigue corriendo en su beneficio. No lo sé, no tomes decisiones, o sí, tómalas. Yo ya no sé nada. 



12 de abril de 2012

La historia la hacen aquellos que rompen las normas.


A veces siento que el mundo y yo no nos entendemos. Que esa relación amor-odio de antes, desaparece. Que en su lugar viene la nada, el vacío más infinito que puedas imaginar. Desaparece esa compenetración con la vida, ese trato con el destino, esa lucha contra la reflexión de ciertos asuntos. La habitación de cuatro paredes de mi mente empieza a encogerse según pasan los días. Las sonrisas vuelan de rincón en rincón, y las risas se hacen con el momento más triste del día. La felicidad, qué término tan subjetivo. Te levantas un día cantando, durante el camino al instituto bailas con tu gran amiga, recorres los pasillos saltando. Abrazas a la persona que menos se lo espera, entiendes lo que tu profesor de Matemáticas explica, sientes los primeros rayos del sol tras un frío invierno sobre tu piel. Te sientas, y te quedas mirando al horizonte. Parecen felices. Vienen y van con sus mochilas y carpetas a cuestas, hablando de la última mirada que el chico más guapo de la clase les dedicó, pidiendo los deberes del día anterior o planeando la salida del próximo sábado. Sin preocupaciones, ni noches en vela sin dormir. Con todo el derecho del mundo a llegar un día y presumir de no haber dormido porque “tenía que estudiar”. Y sí, es bonito, es bonito ver tanta felicidad junta, es bonito ver miradas románticas en personas que tienen toda la vida por delante.
Y es que esa es la cuestión. Somos jóvenes, tenemos la vitalidad que nadie tiene. Somos jóvenes y como tales cometemos errores, como tales tenemos mala actitud y como tales las mañanas de domingo son para recordar qué hicimos por la noche. Como tales creemos tener las cosas claras, creemos organizar nuestras vidas con escuadra y cartabón, colocando cada acontecimiento importante en el eje cronológico de nuestra existencia. Creemos que nos irá bien, que costará esfuerzo, pero que saldrá bien. Nos imaginamos con cuarenta años sentados en el sofá de nuestra casa en Madrid peinando a nuestros hijos, quizá otros se imaginen viajando por todo el mundo, otros recuperando un viejo amor de verano… Qué se yo, cada uno tiene sus propios planes.
Lo cierto es que, disculparme por la arrogancia, somos geniales. Tenemos nuestra vida organizada, tenemos esa amiga o grupo reducido de amigas de las que no te separarás hasta la muerte y tenemos preparados todos los excesos de los próximos diez años. Somos geniales, estudiamos, nos vamos de compras, salimos con los amigos, nos enamoramos, y lloramos por amores imposibles. Somos geniales, sacamos tiempo de debajo de las piedras y lo hacemos con una sonrisa.
Claro está que ésta es la regla general, no todo el mundo es así. Otros arrastran los pies continuamente, cansados, agotados, de una clase a otra sin regalar ni una tímida sonrisa. Desde mi punto de vista lo acepto, pero no lo comparto. Somos jóvenes y tenemos que estar locos, tenemos que hacer locuras y que nadie las entienda. Tenemos que conocer la adrenalina, el riesgo, la decisión, la aventura. Las caídas en picado y las subidas a lo más alto. El éxito. El subir y bajar, ir y volver, perderte en el camino y sentir cómo se aceleran tus pulsaciones. Tenemos que vivir la vida, aprovecharla, cumplir nuestros sueños. Arriesgarnos.


5 de abril de 2012

Quédate a dormir.

Hoy quiero escribir de todo, y quiero escribir de nada. Quiero escribir sobre la libertad, sobre esa persona que me vuelve loca, sobre ese corazón roto, abandonado en cualquier esquina, sobre ese cantante al que admiraré siempre. Hoy quiero escribir sobre la tolerancia, sobre el cariño, la prudencia. Sobre las prisas y las carreras, las huidas, las idas y venidas, los gritos, los llantos, las risas, las miradas, los compases, el ritmo. La voz.
Muchas veces pienso que el mundo no está hecho a mi medida. Evidentemente, supongo que todos lo pensaréis. El mundo debe acogernos a todos, pero no puede complacernos a tantos. Pero a veces tengo miedo. Sé que siempre estoy pidiendo, quizá no de manera material, pero si a nivel personal. A nivel humano, rindiendo homenaje a una gran persona. Sé que siempre estoy pidiendo, exigiendo valores y principios que comparto con poca gente. Sinceridad, prudencia, tolerancia, entendimiento. Libertad. Ya me conocéis, Llanos y la libertad. Hasta qué punto podría defenderla. Pero si no hay libertad, si no hay libertad, creo que no merece la pena vivir. Libertad para salir corriendo, para abandonar, para comenzar, para pensar, para hablar. Libertad para actuar durante todo el día. Yo quiero ser libre, completamente libre, pero sé que tal objetivo es imposible. La libertad en un mundo como éste, no existe. Creemos que sí, creemos que soplando un par de velas que suman 18 años lo conseguiremos, pero es ahí, justo ahí, donde comienza nuestra propia prisión particular. Supongo que es algo que todos acabamos asumiendo, tarde o temprano. Los sueños son sueños, hasta que dejan de serlo. Podemos cumplir un sueño, pero no todos. Supongo que todo depende del azar, la suerte y las ganas que tengas de cumplirlo.
Puedes intentar ser libre, atada a alguien. Puedes tatuarte un "morirme contigo si te matas" o un "matarme contigo si te mueres", y seguir recorriendo el camino inacabado hacia la libertad. De una forma u otra, nunca llegarás a la meta, nunca conseguirás tu objetivo. Pero acompañada por un amor no civilizado, el camino se hace más ameno. Porque puedes colgarte de aquella persona que te quiera y no morirte más que por amor, puedes ser esa rubia de la cuarta fila para esa persona que te tratará como la princesa del palacio de las lágrimas de plástico azul. Puede llegar Abril y preguntarle al cielo que quién coño te lo ha robado, y cómo es que  te sucedió a ti. Puedes susurrarle cada noche que te mueres de ganas de decirle que te mueres de ganas de decirle que le quieres, y no, no amigos, no ha sido una errata. Puedes buscar algo imposible y ser la persona más feliz por el camino, porque el maquillaje nunca apagará tu risa. Puedes buscar la primavera en Madrid y perder besos por no saber decir "te necesito".



No sé lo que puede significar estar solo, no tener a nadie. No sé lo que puede llegar a significar llegar cada día llorando a casa. Pero sé lo que significa que "el tiempo pone a cada uno en su lugar", y por eso sé, por eso sé que el tiempo te pondrá en el mejor lugar que encuentre para tí, y que tú misma te asegurarás de levantarte cada mañana para, únicamente, ser feliz.