Hay momentos en la vida en los que tienes que actuar. La valentía tiene que salir de donde esté escondida y tienes que tirar la primera piedra. Y a pesar de que creas que no conseguirás tu objetivo, a pesar de que creas que entrarás en otro bucle, a pesar de que sientas que fracasarás, has de intentarlo. Porque, de lo contrario, te quedarás con el qué pudo haber sido. Porque quizás, ese milésimo porcentaje de que ocurra se hace con la estadística, y te cambia la vida.
Hoy hace algo más de 4 semanas que tiré la primera piedra, que hice caso del "déjate llevar" y fui valiente. Hoy hace 4 semanas que empezó esta historia, este cuentecillo, esta sonrisa tan bonita y esos ojos tan brillantes. Todavía me recorren escalofríos al recordar ciertos momentos, ciertas palabras, susurros. Todavía vienen a mi mente flashbacks, medias sonrisas, lugares.
El frío ha llegado contigo y eso me gusta. Haces de este invierno un momento perfecto para pasear a tu lado, para abrazarte en cualquier lugar. Una época perfecta, para tenerte cerca.
Destino, casualidad o coincidencia. La cuestión es que el siete es un buen número, lo ha sido siempre, y ahora lo es más. Así pues, como diría un genio, "lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción". Creo que hoy podría hablar de adicción y me quedaría corta. Podría hablar de tus ojos y de tus manos, podría preguntarte por qué me quieres y escuchar una vez más tus silencios. Podríamos reírnos al amanecer. Mirar tu cara cuando te hablo mientras me lavo los dientes, mirar tu imagen reflejada en es espejo. Podrías jugar con mi pelo enredándolo entre tus dedos, ruborizarme la piel, morderme. Abrazarme y sorprenderme con un "buenos días, princesa". Que a mí esos buenos días me dan lo mismo, yo solo quiero los besos de después. Y en fin, que me pierdo y ya no sé volver.
Lo cierto es que hoy, aunque los ojos se me cerraran por cansancio mientras bebía una taza de café, te he visto delante de mí desayunando. Después de todo, a pesar de todo. Por todo. Pasando las páginas de un periódico mientras decías escucharme, pudiendo hacer dos cosas a la vez. Hoy me he sentido en mi sitio, en el único sitio en el que quería estar en ese momento.
En fin, aquí tienes. No sé si serán las más adecuadas pero son importantes para mí, como pueden serlas tantas otras, pero tú crees en el destino y si he hecho esta elección, será por algo.
La cuestión es que no quiero perderte. Quizá esta sea la primera gran decalaración de amor, quizá esto te asuste, quizá, qué sé yo. Pero hoy quiero dar un paso más, quiero que no me falten las palabras para decirte lo que me haces sentir, lo que haces que pase por mi cabeza.
Poco a poco vas conociéndome sin prisas, sin nervios, mientras me abrazas para protegerme del frío. Sé que soy complicada, verdaderamente complicada, para ser sinceros. Que tengo grandes y numerosas manías y que te las estás aprendiendo una por una. Sin embargo sé que no te rindes, que mis "noes" para ti son muchas veces "síes" a largo plazo. Y eso me gusta. Que no te rindas. Me gusta que me desestructures las ideas, que hagas que me quede sin palabras, sin nada que decir. Me gusta que me saques esa sonrisa tan tonta. Me gusta cuando me das besos en la frente y cuando ando hacia atrás, mirándote solamente a ti, confiando solamente en tí. Me gusta gustarte y me gusta que me gustes. Me gustan tus abrazos, y las veces que con tus brazos me impides alejarme de tí. Que no es que yo quiera alejarme, es que me pasaría la vida pegada a tí. Me gustan tus manos aunque en días como hoy estén congeladas, y me gusta pincharme con tu barba, me encanta pincharme con tu barba. Me gusta correr pisando las hojas de los árboles en este otoño tan especial, me gusta ver tu cara mientras me miras. Y correr delante de tí, huyendo de esos brazos que tanto me gustan.
Me gusta cuando me tocas el pelo y me colocas los mechones despeinados. Y cómo me agarras por la cintura, cómo nos parecemos tan poquito y cómo puedo quererte tanto.
Me da vértigo lo rápido que ha pasado este último mes. Hoy me paro a pensar, y guau. No imaginé que en tan poquito tiempo mi vida cambiaría tan brutalmente, y tan positivamente. Sin embargo, me he dado cuenta de que ahora, cada día sonrío un poquito más. De que cada día soy un poquito más feliz, y de que cualquier momento contigo se convierte, automáticamente, en el mejor momento del día.
A veces me pregunto si no estaré soñando. Si no despertaré mañana y volverás a ser el chico de la barba de la Universidad. Quizá por eso sea tan reacia a tus "te quiero". Porque quizá no acabe de creerme todo esto, quizá sea demasiado bonito para ser verdad.
Creo que el concepto dulce-picante puede estar unido en diversas ocasiones. Pero ese, es otro tema. Hoy y tantos días, mi tema eres tú. Solo tú.
Quiero saber qué opinas de mi sonrisa. Del brillo de mis ojos, cuando se cruzan contigo. Quiero saber qué opinas de París. De los domingos de tristeza y de los cafés por la mañana. Quiero saber por qué sonríes cuando te doy la espalda. Y cuando me planto frente a ti. Quiero saber qué piensas cuando te quedas callado, y qué te lleva a besarme cuando no dejo de hablar. Quiero saber qué sientes cuando me coges por la cintura, cuando mis labios acaban en tu cuello y cuando aprieto tu mano con fuerza.
Quiero saber por qué tengo estas inmensas ganas de verte. Por qué los buenos días comienzan cuando tú me los deseas. Quiero abrir los ojos y que estés ahí, como estás cuando apoyo mi cabeza sobre tu hombro. Quiero que sigas discutiéndome a todas horas, que me saques tontas sonrisas y que sigas haciéndome reír todo el tiempo. Quiero que sigas relajándome con tu voz, volver a perder la noción del tiempo una vez más, volver a perdernos tú y yo.
Quiero que te hartes de escucharme cantar. Que yo sea tú, que tú seas yo. No soltarte nunca.
Sé que cuando intentas cogerme en volandas me pongo nerviosa. Que cuando me besas en el cuello mil escalofríos recorren mi cuerpo. Sé que cuando me abrazas podría pasar así el resto de mi vida. Sé que eres capaz de hacerme reír cualquier día, a cualquier hora.
Sé que lo nuestro es especial y eso me gusta. Y es que, maldita dulzura la tuya.