15 de enero de 2014

Ahora que tocan los ojos, que miran las bocas, que gritan los dedos.

Las despedidas a veces son complicadas. Hay despedidas bonitas, normales. Despedidas felices, de esas que discurren con la vista puesta en el futuro. Hay despedidas trágicas, dramáticas. Despedidas musicales y despedidas ariscas. Despedidas que en silencio piden un último beso y despedidas que suplican alargarse. Hay despedidas con buen sabor de boca. Despedidas incompletas en las que falta una palabra, una conversación, un gesto. Hay despedidas rápidas.
Despedidas sin pasión, con pasión, con deseo y sin malos pensamientos. Hay despedidas sinceras y despedidas odiosas. Hay despedidas que nunca quisiste tener. Despedidas que todavía están por venir y otras que permanecen en nuestra esencia, para siempre.
Pero hay encuentros apasionados. Encuentros con besos en estaciones de tren, encuentros inesperados que cambian tu vida, y encuentros desagradables. Encuentros que te hacen suspirar y dejarlo todo, y encuentros que te hacen ser feliz.

Luego estamos tú y yo. En la línea de lo prohibido. Alargando cada segundo de una despedida sin final. Alargando cada palabra, cada conversación, cada sonrisa y cada forma de mirarnos. Alargando nuestros sonrojos. Alargando tu timidez y mi espera, tus ganas de algo, mi miedo a nada. Alargando esos momentos de intensidad, guardándolos en ti, y en mí. Reiterando tus frases y mis tonterías, alargando de cualquier manera el tenerte delante, el saborearte, el sentirte a mi lado. Alargando tus roces, tus medias sonrisas, tus piques.
Luego estamos tú y yo. Perdidos. Naufragando en el mar de nuestra incomunicación. De nuestras diferencias. Evitando esto que nos arrastra como imanes, que nos acerca, que nos hace temblar.
Tú con tus ánimos, yo con mi ilusión. Tú con tu vida, yo con mis sueños.
Tú acercándote, yo temblando.

Creo que tenemos una conversación pendiente.

13 de enero de 2014

Cuando menos piensas, sale el Sol.

Me prometo tantas cosas al cabo del día a mí misma que acabo por perder la cuenta. Que si levantarme pronto para estudiar, que si mañana ordeno la habitación, que si pasado plancho, que si hoy trasnocho estudiando... Acabo organizando mis días en función de todo lo que tengo que hacer. Y por supuesto, exámenes. Estudiar un doble grado y tener siete exámenes en tres semanas es complicado. Pero al margen de todo eso, entre que cambio de libros y voy y vengo de la Universidad, siempre tengo un momento para dejarte aparecer por mi cabeza. Y eso que haciéndole caso al mayor de los grandes, prometí (de nuevo a mí misma) que no me enamoraría de ti.
Pero Sabina también dice que las mejores promesas son aquellas que no hay que cumplir. Quizás a veces me consienta el capricho de enamorarme un poquito de ti. Durante unos minutos, unos suspiros y unas sonrisas tontas mientras doy saltos al lado de la persona más inesperada. Ser feliz es tan bonito.
De momento la vida sigue entre apuntes con manchas de café y corrector facial para las ojeras. Pero esta rutina de no dormir y de solo vivir para los exámenes termina en un par de semanas. Y entonces... Entonces no lo sé, tú pareces querer y yo también, y sin embargo...
"Sin embargo, cuando duermo sin ti, contigo sueño. Y con todas si duermes a mi lado".
Dejaré de esconderme en la ignorancia pues sé que esa no soy yo, que como ella dijo un día "tú sabes perfectamente lo que quieres". 
Realmente siempre sabemos lo que queremos pero el miedo nos echa para atrás. Siempre es ese puto miedo que nos lleva a mirar si debajo del precipicio hay agua. Ese miedo a dejarlo todo al libre albedrío. "Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena".

1 de enero de 2014

Arriba y abajo.

A veces imaginamos nuestras vidas incluyendo el factor de conocer de antemano lo que va a ocurrir. Si hoy supieras lo que pasará mañana, lo que caerá en el examen de Matemáticas y lo que vas a recibir como regalo por tu cumpleaños, probablemente plantearías tu vida de otra forma. La vida consistiría en seguir unas pautas, unas normas, para llegar continuamente a un objetivo. Un objetivo que, sin embargo, es efímero, que se diluye al segundo. Porque lo cierto es que el presente no existe, el presente se convierte en pasado antes del último suspiro, antes del aumento de velocidad en tus manos al escribir sobre el teclado.
Lo cierto es que hay ocasiones que daríamos cualquier cosa por saber algo relacionado con el futuro. Deseamos tener en el horizonte una certeza que nos dé la seguridad de seguir un camino, o de seguir otro. Deseamos que el destino nos quite esa venda que continuamente tenemos sobre los ojos, que desaparezca el miedo a equivocarnos. La seguridad de que con un poco de control por tu parte se puede conseguir, de nuevo, ese objetivo. 
En estas últimas horas he reconocido la importancia de la espontaneidad de la vida. La vida viene como viene y no sé si estará escrito en algún lugar que mañana a las tres te cruzarás en un paso de cebra al amor de tu vida. Desconozco si el destino está escrito y si simplemente somos marionetas de un teatro. Pero si supieras con certeza que mañana vuestras miradas se cruzarán y que, efectivamente, os cruzaréis en ese paso de cebra, probablemente te levantarías un cuarto de hora antes para arreglarte mejor el pelo. Probablemente rebuscarías en los cajones del baño alguna sombra de ojos más especial de las que llevas diariamente, y controlarías compulsivamente el reloj para no llegar tarde a ese "encuentro fortuito". Los nervios aparecerían en ti varias horas antes y desaparecería la magia de ese momento.
Quiero decir que yo apuesto por la espontaneidad de la vida. Porque muchas veces nos hacemos preguntas del tipo "¿cómo terminaremos esta noche?" cuando el plan no es seguro, cuando existen posibilidades de que la noche no sea perfecta. Y sin embargo, si ese día es tu día, quizá esa noche sea la mejor de las noches. Quizás vuelvas a sentirte unida a esas personas que hace tiempo que no ves y quizá rías más que nunca. Quizá unos nuevos labios busquen los tuyos y unas nuevas caricias recorran tu espalda. 
A mí nadie me dijo que el 2014 empezaría así, y me alegro.