19 de octubre de 2012

Contradicción.

Me distorsiono entre libros de Anaya y miradas desesperadas al desván donde acumulo todo lo que nunca fui. La niña de los zapatos de ballet, la valiente compañera de camino. Yo. Noches perdidas entre la eterna y desconcertante indecisión de ir y volver, quedarte en el camino y mirar hacia atrás. Abandonar un día aquello que podría llegar a ser, pero no fue. Nunca fue. Chocas contra mí y qué sé yo sobre los miles de pensamientos que pueden volar en ese momento a tu mente. Qué sé yo sobre escalofríos, sobre mentiras piadosas, sobre querer y no poder. Qué sé yo sobre el engaño reflexivo. Murmuros inquebrantables en ese rincón de mi alma en el que ni si quiera sé quién soy. Solo sé que sigues estando ahí, sentado en un rincón de la habitación donde no consigo vislumbrarte, lejos de cualquier palabra que siempre he querido oír. Castigado como un niño por mal comportamiento. 

No hay día que pase en el que no me pregunte quién soy y qué quiero. Sé que en realidad, conozco muy bien la respuesta. Pero nunca lo admitiré. Creo que, en parte, el dolor me lo impide. No quiero volver a ser lo que un día odiaste, lo que un día quise hacer desaparecer. No quiero volver a aquellos días en los que el calor no existía, en los que el silencio era mi mejor amigo. Recorrer calles oscuras y taciturnas sin más compañía que el seco ruido de mis zapatos al chocar, débilmente, contra el asfalto. Lágrimas derramadas por  un no-existir parecido a vivir día a día esperando una señal. 

Que sigo esperando señales todos los días.
Que sigo buscándote todos los días.
Que sigo pensando en ti todos los días.


12 de septiembre de 2012

Rock en estado puro.

Probablemente eso sea el corazón. Rock en estado puro, sonido, jaleo. Estruendos repentinos que llenan de recuerdos la habitación del pasado y del futuro, del ahora. Gritos que con su dolor consiguen romper todo cristal con el que intentemos evitarnos. Llantos impregnados en soledad, en sufrimiento. Rock. El corazón late con la misma fuerza que un velero navega en el revuelto oleaje. Nunca deja de latir, pero sufre. Sufre continuamente. Desde el primer momento hasta el último aliento, dejándose acariciar o azotar por el mismísimo abismo que surge de las entrañas del mar. 

Mi corazón perdió la razón. Dejó de latir con sentido, dejó de latir de forma sincronizada. Ahora podría decirse que "vamos por separado". Él me permite respirar, y yo a veces le brindó la oportunidad de poder elegir la dirección. Así que, no me pidas explicaciones, porque no atiendo a razones.


29 de agosto de 2012

Que siempre llego a la deshora que me marca el corazón.

La vida es ese juego de mesa que nunca acaba. Ése que a veces te aburre, que a veces te encanta. Te engancha y desengancha con un solo clic, haciendo mella en lo más importante, sin equivocarse nunca, adueñándose de ti. Rompiendo las cadenas que te atan a cualquier cosa, a cualquier persona. Eliminando lo que le parece molesto, sin consultar tus preferencias. La vida es aquéllo que notamos volar. Es el viento que se desliza ente nuestros dedos los días de tormenta, los días de sol. La vida es un callejón sin salida, un bonito campo lleno de girasoles. Un descampado sin final, un túnel sin luz. La vida son demasiados abriles, demasiados días de cigarro en mano y aturdidos pensamientos. La vida es tan efímera que ni siquiera sabemos qué es.


23 de abril de 2012

23.

¿Qué hago? La mayoría nos preguntamos esto continuamente. Nos lo preguntamos en nuestras mentes, en nuestros sueños, en cada una de nuestras preocupaciones. Elegir un camino u otro, enfrentarnos a una importante decisión, o simplemente darte cuenta de que te has equivocado. Y ojalá tengas la suerte de que ese camino que has recorrido sigue estando ahí, y que puedes volver al punto de inicio dando un cómodo paseo. Pero esto solo pasa los días de suerte, los días en el que sol se planta en mitad del cielo y nada impide que brille. El resto de los días, ese camino ha desaparecido y solo puedes seguir adelante, arrastrando tus pies o saltando. Eso solo depende de tí.
Hoy, amiga, me preguntas que qué haces. Cielo, lo tienes tan fácil. Eres tú. Eres tú la que puede conseguirlo todo, eres tú la que me hace llorar y reír con un chasquido. Eres tú la que en los días malos, te conviertes en un payaso multicolor que reparte alegría a partes iguales. Hoy me preguntas qué hacer, hoy noto desde aquí los nervios, las pulsaciones a mil por hora, y me dan ganas de llorar. Creo que al final acabaré explotando, explotando de verdad. 
Qué hago. 
Y yo qué sé.
No lo sé. Haz lo que quieras, haz lo que tengas que hacer. Haz lo posible para que todo pase. El tiempo corre, y corre, y no deja de correr ni un instante. No te permite un momento de tranquilidad, te traiciona y sigue corriendo en su beneficio. No lo sé, no tomes decisiones, o sí, tómalas. Yo ya no sé nada. 



12 de abril de 2012

La historia la hacen aquellos que rompen las normas.


A veces siento que el mundo y yo no nos entendemos. Que esa relación amor-odio de antes, desaparece. Que en su lugar viene la nada, el vacío más infinito que puedas imaginar. Desaparece esa compenetración con la vida, ese trato con el destino, esa lucha contra la reflexión de ciertos asuntos. La habitación de cuatro paredes de mi mente empieza a encogerse según pasan los días. Las sonrisas vuelan de rincón en rincón, y las risas se hacen con el momento más triste del día. La felicidad, qué término tan subjetivo. Te levantas un día cantando, durante el camino al instituto bailas con tu gran amiga, recorres los pasillos saltando. Abrazas a la persona que menos se lo espera, entiendes lo que tu profesor de Matemáticas explica, sientes los primeros rayos del sol tras un frío invierno sobre tu piel. Te sientas, y te quedas mirando al horizonte. Parecen felices. Vienen y van con sus mochilas y carpetas a cuestas, hablando de la última mirada que el chico más guapo de la clase les dedicó, pidiendo los deberes del día anterior o planeando la salida del próximo sábado. Sin preocupaciones, ni noches en vela sin dormir. Con todo el derecho del mundo a llegar un día y presumir de no haber dormido porque “tenía que estudiar”. Y sí, es bonito, es bonito ver tanta felicidad junta, es bonito ver miradas románticas en personas que tienen toda la vida por delante.
Y es que esa es la cuestión. Somos jóvenes, tenemos la vitalidad que nadie tiene. Somos jóvenes y como tales cometemos errores, como tales tenemos mala actitud y como tales las mañanas de domingo son para recordar qué hicimos por la noche. Como tales creemos tener las cosas claras, creemos organizar nuestras vidas con escuadra y cartabón, colocando cada acontecimiento importante en el eje cronológico de nuestra existencia. Creemos que nos irá bien, que costará esfuerzo, pero que saldrá bien. Nos imaginamos con cuarenta años sentados en el sofá de nuestra casa en Madrid peinando a nuestros hijos, quizá otros se imaginen viajando por todo el mundo, otros recuperando un viejo amor de verano… Qué se yo, cada uno tiene sus propios planes.
Lo cierto es que, disculparme por la arrogancia, somos geniales. Tenemos nuestra vida organizada, tenemos esa amiga o grupo reducido de amigas de las que no te separarás hasta la muerte y tenemos preparados todos los excesos de los próximos diez años. Somos geniales, estudiamos, nos vamos de compras, salimos con los amigos, nos enamoramos, y lloramos por amores imposibles. Somos geniales, sacamos tiempo de debajo de las piedras y lo hacemos con una sonrisa.
Claro está que ésta es la regla general, no todo el mundo es así. Otros arrastran los pies continuamente, cansados, agotados, de una clase a otra sin regalar ni una tímida sonrisa. Desde mi punto de vista lo acepto, pero no lo comparto. Somos jóvenes y tenemos que estar locos, tenemos que hacer locuras y que nadie las entienda. Tenemos que conocer la adrenalina, el riesgo, la decisión, la aventura. Las caídas en picado y las subidas a lo más alto. El éxito. El subir y bajar, ir y volver, perderte en el camino y sentir cómo se aceleran tus pulsaciones. Tenemos que vivir la vida, aprovecharla, cumplir nuestros sueños. Arriesgarnos.


5 de abril de 2012

Quédate a dormir.

Hoy quiero escribir de todo, y quiero escribir de nada. Quiero escribir sobre la libertad, sobre esa persona que me vuelve loca, sobre ese corazón roto, abandonado en cualquier esquina, sobre ese cantante al que admiraré siempre. Hoy quiero escribir sobre la tolerancia, sobre el cariño, la prudencia. Sobre las prisas y las carreras, las huidas, las idas y venidas, los gritos, los llantos, las risas, las miradas, los compases, el ritmo. La voz.
Muchas veces pienso que el mundo no está hecho a mi medida. Evidentemente, supongo que todos lo pensaréis. El mundo debe acogernos a todos, pero no puede complacernos a tantos. Pero a veces tengo miedo. Sé que siempre estoy pidiendo, quizá no de manera material, pero si a nivel personal. A nivel humano, rindiendo homenaje a una gran persona. Sé que siempre estoy pidiendo, exigiendo valores y principios que comparto con poca gente. Sinceridad, prudencia, tolerancia, entendimiento. Libertad. Ya me conocéis, Llanos y la libertad. Hasta qué punto podría defenderla. Pero si no hay libertad, si no hay libertad, creo que no merece la pena vivir. Libertad para salir corriendo, para abandonar, para comenzar, para pensar, para hablar. Libertad para actuar durante todo el día. Yo quiero ser libre, completamente libre, pero sé que tal objetivo es imposible. La libertad en un mundo como éste, no existe. Creemos que sí, creemos que soplando un par de velas que suman 18 años lo conseguiremos, pero es ahí, justo ahí, donde comienza nuestra propia prisión particular. Supongo que es algo que todos acabamos asumiendo, tarde o temprano. Los sueños son sueños, hasta que dejan de serlo. Podemos cumplir un sueño, pero no todos. Supongo que todo depende del azar, la suerte y las ganas que tengas de cumplirlo.
Puedes intentar ser libre, atada a alguien. Puedes tatuarte un "morirme contigo si te matas" o un "matarme contigo si te mueres", y seguir recorriendo el camino inacabado hacia la libertad. De una forma u otra, nunca llegarás a la meta, nunca conseguirás tu objetivo. Pero acompañada por un amor no civilizado, el camino se hace más ameno. Porque puedes colgarte de aquella persona que te quiera y no morirte más que por amor, puedes ser esa rubia de la cuarta fila para esa persona que te tratará como la princesa del palacio de las lágrimas de plástico azul. Puede llegar Abril y preguntarle al cielo que quién coño te lo ha robado, y cómo es que  te sucedió a ti. Puedes susurrarle cada noche que te mueres de ganas de decirle que te mueres de ganas de decirle que le quieres, y no, no amigos, no ha sido una errata. Puedes buscar algo imposible y ser la persona más feliz por el camino, porque el maquillaje nunca apagará tu risa. Puedes buscar la primavera en Madrid y perder besos por no saber decir "te necesito".



No sé lo que puede significar estar solo, no tener a nadie. No sé lo que puede llegar a significar llegar cada día llorando a casa. Pero sé lo que significa que "el tiempo pone a cada uno en su lugar", y por eso sé, por eso sé que el tiempo te pondrá en el mejor lugar que encuentre para tí, y que tú misma te asegurarás de levantarte cada mañana para, únicamente, ser feliz.


18 de marzo de 2012

El mundo entero no me vale, ayer por la tarde me estaba pequeño.

No te hablaré de mis miedos, ni de lo último que pienso antes de caer dormida. No te hablaré de la imagen que se posa en mi mente mientras el agua caliente de la ducha me empapa la cara, ni te diré cuál es el primer pensamiento que invade mi mente al despertar. No te hablaré de aquella persona que odio, pero tampoco de aquella por la que daría la vida en cualquier momento. No te hablaré de lo que hay detrás de mi sonrisa, ni de la persona a la que me recuerdan los pendientes de oro. No te contaré el argumento de mi película favorita, ni el por qué de mis obsesiones más internas. No te hablaré de lo que hago cuando me quedo sola, ni de lo que siento los días de frío. No te contaré lo que he desayunado esta mañana, ni te explicaré porqué no paro de hablar. No te hablaré, si insistes en que lo haga. 
Te hablaré si me lo preguntas mirándome a los ojos, te hablaré si sabes cuando te has equivocado preguntando. Te hablaré si reconoces los malos momentos y cada una de mis miradas. Te hablaré si te equivocas. Si te equivocas, conmigo. Porque me reiré hasta el infinito, pensando que eres lo más bonito del mundo. Te hablaré si te equivocas todos los días de mi vida, si me preguntas en los malos días, si confundes mis camisetas con pijamas. Te hablaré cuando no sepas que decir, cuando no me preguntes, cuando me calles con un beso. Te hablaré hasta que mi voz resuene en tu cabeza una y otra vez, como un eco impertinente del que no te deshaces nunca. Te hablaré cuando no me lo pidas, te hablaré cuando no sea el momento. 
Y no te sonreiré cualquier día. Quizá sí la mayoría, pero no todos. Habrá días que lo último que querré es sonreír, y espero que lo sepas aceptar. Días en los que odio sonreír a toda costa. Lo que no implica que no ría. Porque supongo que ya me conocerás lo suficiente para saber que me río, que me río en los peores momentos y me río cuando el mundo está patas arriba dispuesto a arruinarme cada segundo de mi vida. Me reiré hasta que el mundo se acabe, hasta que el Sol y las estrellas dejen de brillar. Es así, soy así. Son cosas que no puedo evitar. 
Y correré para buscar la canción en ese momento, y saltaré cuando conozca gente que ama a Sabina. Y siempre habrá personas que me den buenas vibraciones desde el primer momento, personas a las que sonría por simple educación, y personas que me resulten indiferentes. Y lloraré cuando nadie me vea, cuando tenga verdaderas razones por las que llorar. Porque, realmente, sé que la vida solo me ha dado un gran golpe a lo largo de mi vida, y sé lo que es que el mundo deje de tener sentido si él no está contigo, a tu lado, riéndose cariñosamente de ti. Sé lo que es que la vida esté a punto de quitarte una parte vital de ti. Sé lo que es ver miles de lágrimas rodando a tu alrededor, sé lo que es no poder llorar por miedo a que todo termine. Pasar las 24 horas del día rezando por que un móvil no suene. Quizá la gente no se equivoque al llamarme "fría", pero creo que hay que saber darle importancia a problemas, problemas de verdad. La vida es difícil si tú la haces difícil, el miedo solo existe porque tú lo inventas. Es así, así de simple. Así que, permite que me ría cuando todo parece ser un desastre, permite que me ría cuando hay problemas. Permite que me ría cuando otros lloran, lo sé, puede llegar a ser hasta cínico, pero no puedo evitarlo.
Ódiame o quiéreme, pero nada cambiará mi esencia. No puedo ser lo que no soy. Ni quiero. El mundo sabrá aceptarme, y si no, es su problema. Intentaré cambiar siempre a mejor, evitando esos miles de defectos que sé que tengo. Pero la esencia, mi esencia, nunca cambiará. La esencia de madrugar cuando nadie lo hace, de trasnochar por culpa de una camción. La esencia de ser una estrella del rock en estado puro mientras Marea resuena por la cuatro paredes de esta habitación, y la esencia de mi indignación en clase de Historia. La esencia de las reflexiones a altas horas de la noche, y el aburrimiento los domingos por la noche.

Y ahora sí, buenas noches, y feliz Domingo. ¿Qué días más tristes los domingos, verdad? Tristes, aburridos, insípidos, como queráis llamarlos. Mis domingos solo tienen sentido si el sabor de sus labios los impregna. Si no... ¿pa' qué?

13 de marzo de 2012

Me gustaba mirarla cuando la vida se reía de mí y me guiñaba un ojo.

Al borde del precipicio. Deambulo, camino, me arrastro entre los árboles de este bosque de mentiras y desolación. La oscuridad arrasa con todo, se lo traga como si fuera un enorme agujero negro. Hoy solo quiero cerrar los ojos. Cerrarlos, lo que no implica abrirlos. Hoy la humedad se apodera de todos los huesos de mi cuerpo, mientras una densa niebla baña mi mente. Incapaz de pensar, de discernir, de encontrar la lógica en este juego. La vida es un juego de terror, un laberinto sin salida, un página en blanco, un gran mar de tinta negra. La vida es tu mayor enemigo. El miedo vuela deslizándose por cada rincón, por cada rendija, cada puerta mal cerrada. Los suspiros, los jadeos vienen a ti. El aire comienza a pesar más de lo normal, a convertirse en algo sólido incapaz de respirar. Noto cómo mi boca pierde cualquier rastro de líquido que pudiera haber, y siento cómo empiezo a ahogarme. El mundo es capaz de producirme esta sensación, de pesarme tanto que es imposible de respirar, de tragar, de soportar. La oscuridad reaparece en mi punto de vista. Quiere que le acompañe. 


La vida está hecha para compartirla. Si tu mayor compañía eres tú mismo, la oscuridad acabará contigo. Si no ríes al menos una vez al día, si no lloras por tonterías, si no te preocupas por insignificancias, y si no ocultas grandes secretos a los demás, la oscuridad se apoderará de ti. Tú sólo no puedes luchar contra tal grado de maldad. No puedes luchar contra la injusticia, contra la inhumanidad, el egoísmo o el egocentrismo. No puedes luchar contra la indiferencia, pues caerás. Caerás en picado, en un viaje directo al olvido. Así que, si me permites un consejo, ríndete. La rendición, en este caso, es la mejor de las opciones si estás sólo. Quizá sea la forma de evitar la humedad o el miedo, pero he de advertirte que no escaparás de la oscuridad.
Sin embargo, si tienes la suerte de no hacerlo sólo, te pido que no te rindas. Te pido que le mires a los ojos y que le cojas la mano, que le susurres que estáis juntos en esto. Luchar contra las normas y las leyes, luchar contra esa oscuridad que individualmente os acecha, pero nunca en la compañía del otro. No os rindáis, pues se rendirá ella. No se atreverá a separar ese lazo, esa bonita figura que forman vuestros dedos entrecruzados. No se atreverá a irrumpir en mitad de un beso, ni en mitad de un "te quiero". Vosotros tenéis el poder. La soledad no existe, el miedo no existe. La invención de un mundo mejor está un vuestras manos, al igual que la pluma traviesa con la que dar vida a los personajes de un nuevo juego. Es tu vida, juntos sois la vida.



5 de marzo de 2012

Las agujas del reloj avanzan. Nada.

"Los poetas casi siempre describen el amor como un sentimiento que escapa a nuestro control, que vence a la lógica y al sentido común. En mi caso, fue exactamente asi. No esperaba enamorarme de ti y dudo mucho que tú tuvieras previsto enamorarte de mí. Pero cuando nos conocimos, ninguno de los dos pudo evitarlo. Nos enamoramos a pesar de nuestras diferencias y, al hacerlo, creamos un sentimiento singular y maravilloso. Para mí, fue un amor que sólo puede existir una vez, y por eso cada minuto que pasamos juntos ha quedado grabado en mi memoria."
Estoy aquí porque es donde debo estar. Es muy sencillo. Tú y yo estamos pasando un buen rato juntos. No creas que pierdo el tiempo contigo. Estoy aquí porque quiero. Me siento a tu lado, conversamos, y yo pienso: "¿Hay algo mejor que lo que estoy haciendo en este momento?".

El cuaderno de Noah

El paso del tiempo es capaz de destruirlo todo. De arrasar con todo lo que encuentra en su camino y dejarlo reducido en cenizas. Es un enemigo más, un personaje más que la vida nos da para luchar contra él. Éste correrá y volará, impregnará tus entrañas y se apoderará de tu alma. Y no podrás acabar con él. El tiempo siempre ganará, siempre ganará esa infinita batalla. El tiempo tiene libertad, el tiempo tiene la posibilidad de jugar con nuestras vidas. Y tú, tú tienes la gran oportunidad de rendirte. Asumirlo, vivir en paz con él. Quizás no tenga la culpa, quizá se limite a cumplir su función. Quizá intente decirte, entre los susurros de  brisa en una noche de verano, la manera de destruirle. Tiempo, tiempo suicida.

26 de febrero de 2012

Siempre quise escribirte una canción.

Siempre quise escribirte una canción. Pero en una de mis interminables noches a la luz de la luna, descubrí que nunca podría hacerlo. Que el hecho de pensar en tu figura provoca que el mundo deje de ser mundo, que los problemas desaparezcan, que dejen de existir, que ya no haya guerra, que nadie muera de hambre. El hecho de pensar en la existencia de un corazón como el tuyo consigue hacer que mis piernas tiemblen, que mi corazón no entienda de límites, que los sentimientos lo colapsen. Intento no parecerme a uno de esos románticos que saltaban al vacío por un sueño de amor, pero creo que ahora los entiendo. Que yo también saltaría al vacío si la posibilidad de que tú estuvieras abajo existiera. Que el mundo cambia, que los campos florecen cuando tú abres los ojos. Que este teatro, este show en el que vivimos cobra sentido cuando tu corazón late, cuando tú existes. Que los pájaros cantan porque tú cantas, que las personas sonríen porque tú sonríes. Y en el momento en el que tus ojos se cierran para dejar paso a la noche, al más bonito de los silencios; el mundo espera, incansable, tu vuelta. ¿Qué tiene el mundo de bonito, si no es tu mirada? ¿Qué tiene el mundo de bonito, si no eres tú? Así que entiende que cuando permites que una lágrima brote de tus ojos, el mundo muere. El mundo muere poco a poco, paso a paso, porque ha perdido toda la belleza con la que contaba. Y supongo que esos son los días de lluvia y tormenta, truenos y relámpagos, oscuridad y tinieblas, en los que lo único que pides es una manta y tiempo para evadirte de la realidad, con la esperanza de que el próximo día un esplendoroso sol brille en lo más alto del firmamento. Porque todo pasa, al fin y al cabo, y yo siempre estaré aquí para que los amaneceres de fantásticos días los vivas conmigo.
Y a veces me pregunto, ¿cómo podría vivir yo sin tu sonrisa?

20 de febrero de 2012

19.

Y mentiría si dijera que no tengo miedo, que no tengo miedo durante cada instante. Pero también mentiría si dijera que no vale la pena. Así que grito, hoy le grito al cielo y a las estrellas, que quiero vivir el presente. Que quiero vivir el presente y quiero vivirlo feliz, hasta que se acabe. Que quizá dure poco, o quizá dure mucho, pero me voy a arriesgar y voy a aprovecharlo. Y respecto a los miedos, pues quizá los tire en la primera papelera que encuentre, y cuando vengan a llamar a la puerta de mis sueños o de mi día a día, les pediré que se vayan. Que me dejen por un tiempo, que no quiero nada de ellos, que no quiero nada con ellos. Que solo quiero sentir la paz que tú me transmites, que sólo quiero ser, contigo.

13 de febrero de 2012

Llámame rebelde.

Suelen decir que el mundo es un lugar maravilloso. Que el problema es que no sabemos verlo desde un punto de vista positivo, que sólo nos fijamos en las cosas malas. Y yo lo intento, lo intento de veras, pero el mundo me sigue pareciendo un lugar horrible. Matar por matar, destrozar por destrozar. Acabar con vidas inocentes, olvidarnos de los más básicos derechos.
Yo siento. Yo siento amor. Tú sientes. Tú sientes amor. Todos sentimos. Yo siento odio, tú sientes odio. Yo tengo el derecho a sentir,  y tú también lo tienes. Pero son las reglas sociales, las grandes potencias, los “regímenes democráticos”; los que acaban con todo esto. No existe libertad, yo no siento, tú no sientes. Yo no puedo sentir todo lo que siento, tú no puedes sentir todo lo que sientes. Siempre hay límites, siempre hay paredes con las que chocar y hacerte daño. Siempre hay palabras es contra, nunca encontrarás un “haz lo que tú mismo quieras hacer, sin pensar en las consecuencias, sin pensar en nada más que el impulso de tu corazón en ese momento”.
La humanidad nunca ha sido libre. Siempre viviendo entre guerras, entre dictaduras, entre cuatro paredes. Y actualmente, cuando llega una clase de Historia en la que te hablan de la figura de Hitler, siempre hay alguien que pregunta: ¿Pero cómo pudo hacer algo así? El hombre ha vivido toda su vida escondiéndose, ocultándose de la multitud, del qué dirán. Siempre intentando parecer uno más, sin destacar en absolutamente nada. No llamar la atención.
Y cuando en esa misma clase de Historia acabas con una larga y triste cara hasta el suelo después de darte cuenta, una vez más, de lo estúpido que es el hombre que llega hasta a destruirse a sí mismo, tu profesora se acerca y dice: “pero no me pongas esa cara, tenemos que dar gracias a todo esto por ser la base de lo que tenemos ahora, por ser la base de la democracia y los derechos de todas las personas”. Y te quedas mirando al horizonte, pensando si de verdad esa persona que ahora se siente culpable por entristecer su clase tiene razón.
Y quizá la tenga, no dudo de que quizá la tenga.  Pero no consigo verlo. Sí, por lo menos el poder de la democracia ha triunfado en la mayoría de los países del mundo, ¿pero de verdad hemos avanzado como personas? Creo que no. Que sí, que tenemos más derechos, que tenemos montones de derechos, que nos protege la ley de las supuestas injusticias, pero no nos protege de nosotros mismos. No nos protege de la decadente sociedad de hoy en día. Una sociedad que parece que va “cerrándose” más y más día tras día. Una sociedad que es, simplemente, triste.
Pero que no parezca que odio el mundo, por favor. El mundo no tiene por qué ser lo que acabo de decir. El mundo, para mí, no es eso. El mundo para mí es rozar su cuello y ser la persona más feliz del mundo, el mundo para mí es estar tumbada en la cama con mis mejores amigas, una fría tarde de invierno. El mundo para mí son las gracias nerviosas de antes de un examen, vivir al límite, hacer el ridículo y reírte de ti misma. El mundo para mí es crecer como persona, aunque esto hoy en día no se entienda. Ser tolerante, respetuosa, liberal.  No me queda otra, no quiero vivir en un mundo que odio. Mi mundo sería una habitación, mi mundo sería una pared, mi mundo sería todos los momentos del día en los que soy feliz.


7 de febrero de 2012

Será por ti que lo mío en las nubes solo es un desliz.-

Una vez me hablaron de lo que significaba "ser feliz". Me hablaron de que la felicidad no es un estado, la felicidad es un conjunto de momentos. Cuantos más momentos felices haya en tu vida, más podrás decir que eres feliz. Realmente nadie se libra de la tristeza, de los malos momentos. Por eso no se puede decir que uno es feliz continuamente.
Pero hay etapas de tu vida, en las que subes a una nube, en las que flotas sobre ella. En las que aparece una persona que te eleva hacia otro mundo, otro universo, que te hace sentir escalofríos cuando te acuerdas de ella, cuando te acuerdas de determinados momentos vividos con ella. Y entonces sonríes sin parar, en cualquier momento, aunque no sea ocasión de sonreír. Y todo lo ves desde un punto de perspectiva diferente. Y te pasas los días contando los segundos que quedan para volver a... a hacer eso que quieres hacer. Que deseas más que cualquier otra cosa.
Hasta hace poco pensaba que la felicidad, simplemente, era un conjunto de momentos. Pero ahora, ahora pienso que se puede ser continuamente feliz. Que siempre habrá cosas malas que hagan que la tristeza vuelva a deambular por los alrededores, pero sus abrazos, sus abrazos y todo lo que conllevan, pueden curarlo todo. Y qué quieres que te diga, me encanta ser feliz.

5 de febrero de 2012

Sonríe, esto no ha hecho más que empezar.

Me gusta que mi móvil suene, y eso es raro. No me gusta que interrumpa una de mis canciones preferidas para recibir un mensaje. Y en esos momentos, es cuando pienso: "si es que no me dejan parar". Y suelo coger el móvil con mala leche, dispuesta a blasfemiar todo lo posible contra la persona que osa molestar momentos tan sagrados. Pero como he dicho, últimamente me gusta que suene. Y ya no me molesto, simplemente lo cojo corriendo para ver si es ella. Y cuando es ella y en el mensaje pone "Estoy en tu portal....", es simplemente, una sensación increíble. Salir corriendo pasillo arriba, coger las llaves al vuelo y el primer jersey del salón y salir atacando, mientras chillo: "BAJO AL PORTAL, NO LLEVO MÓVIL, ADIOS". Y correr hacia el ascensor porque me muero de ganas por abrazarla. Y salir corriendo del ascensor, pero corriendo, para abrirle la puerta y volver a tener un día inmensamente feliz. Hecharle la bronca, por haber venido incluso nevando. Volver a ver su sonrisa, sus ojos. Reírme de su gorro, aunque realmente le queda genial. Olvidarme de todo, olvidarme de nada. Felicidad. Tranquilidad. Risas. Sonrisas. Todo.
Pensaba que el año iría mal, de hecho lo empecé contando los días que quedaban para que terminara. Ahora cuento los pliegues de sus manos, que ya me los sé de memoria. Ahora me despierto todos los días con una inmensa sonrisa, ahora lloro de la risa. Antes lloraba de la pena. Y es que cuando todo parece perdido y tú misma lo asumes, tu vida puede cambiar. Y agradeceré este cambio durante mucho tiempo.
Hacia tiempo que no nos veíamos, felicidad. Pero ahora no pienso soltarte. No mientras la pueda abrazar a ella. No mientras tenga una sonrisa para mí.

1 de febrero de 2012

Pasito a pasito, buscando el equilibrio; y dejándome llevar.

Y la cuestión es que nunca había estado tranquila antes de un examen de matemáticas. Salir al pasillo, apoyarme en la pared, cerrar los ojos y escuchar. Escuchar voces desesperadas, quejas nerviosas. ¿Qué me pasa? ¿Por qué no soy yo una de las chicas que no paran de repetir fórmulas sin parar, como lo era hasta hace poco? ¿Qué es esta tranquilidad?
Y entonces pienso, y me sonrío a mí misma. ¿Estará volviendo la felicidad? La felicidad de pasar de todo, la felicidad de olvidarme, de afrontar las cosas con serenidad y una gran sonrisa. De mirar a todos los lados buscando a alguien, de perder el hilo en las clases de economía, de sonreír inconscientemente cuando algo me trae recuerdos felices. La felicidad del silencio, la felicidad de bailar pasillo arriba, la felicidad de esperar con ansia una tarde.
Que dejarse llevar, suena demasiado bien. Y dejarse llevar de esta manera, solo me hace sonreír. Así que mira, mira que a la luna se le ve el ombligo, mira que yo te llevaré donde la luna siempre está llena de cosas buenas.

29 de enero de 2012

Estaré contigo.

Mírame. Quizá ese sea uno de mis mayores defectos. La bipolaridad de mi sonrisa. Lo poco que puede tardar en desaparecer. Y es que siempre va atada a las demás personas. Siempre puede haber cualquier mínima cosa, cualquier mínimo detalle, que haga cambiarla. Hay personas que por mucho que lo intenten nunca me harán sonreír; y luego hay otras como tú, que con sólo verte, una sonrisa de oreja a oreja aparece en mi cara. Pero no quiero hablar de mí, no quiero hablar de mi sonrisa, no quiero hablar de nada que tenga que ver conmigo.
Esta entrada es para que te fijes en mi sonrisa, para que le hagas una foto en tu mente, y en los momentos de miedo la recuerdes. Porque no quiero que tengas miedo, no quiero que tengas miedo de nada, y mucho menos de ti. No quiero que me cierres las puertas a tu corazón sólo porque el miedo anda vagando por los alrededores.
No suelo hacer promesas serias, creo que he hecho muy pocas a lo largo de mi vida; pero te prometo, te prometo que voy a estar contigo. Te prometo que cuando te invadan los miedos, tendrás mi mano junto a la tuya, te prometó que la apretaré con fuerza y que te susurraré palabras al oído para que ese sentimiento desaparezca.
Y cuando me preguntes que por qué hago esto, te diré que me gusta dejarlo todo por algo en especial, por alguien es especial. Cuando me preguntes que por qué hago esto, me limitaré a sonreír. Cuando me preguntes que por qué hago esto, te pondré frente a un espejo, y te diré: por ti.

27 de enero de 2012

Te estás equivocando...

Hace apenas dos semanas. Dos semanas desde que un capricho del destino quiso que ella fuera a parar a este blog. Y desde ese momento, todo ha sido una carrera a la velocidad de la luz, hasta hoy mismo. Y no entiendo, no sé por qué, no me salen las palabras. Quizá sea algo muy raro en mí, es cierto, pero no me salen. No sé qué puedo decir de una persona así, una persona tan genial que hasta hace poco se ocultaba en unos auriculares y una bonita y sencilla sonrisa. Antes pasaba de largo, antes se limitaba a sonreír y saludar, sin parar en su caminata. Ahora es ella la que me espera las mañanas de estrés, las mañanas de exámenes de mates, las mañanas en las que cualquier cosa hace que nos riamos por algo que sólo las dos entendemos. Antes nos cruzábamos por los pasillos sin decirnos nada, sin que ni siquiera supiera que estaba allí. Ahora la busco en cada cambio de clase, deseando poder encontrarme con la sonrisa que siempre me dedica, incansable. Ahora soy incapaz de desconectarme del chat a menos que tenga la certeza de que está bien, de que mínimamente se quiere. Incapaz de irme a dormir sin desearle las buenas noches y recordarle lo genial que es. Porque ella es genial, es tan genial que puede hacer que sonrías pase lo que pase, puede hacer que te sientas querida, puede conseguir que hasta te quieras a ti misma. Por eso sé que me equivocaré todas las veces que haga falta, para que me diga: "te estás equivocando(8)", para que se pase toda una tarde corrigiéndome el mismo error. Sé que no me equivoco cuando digo que ha conseguido que la vuelta al instituto en este segundo trimestre, sea mucho más fácil y más dulce de lo que pensaba.
Que me inventaré miles de juegos para que se sienta mejor, que esperaré todo el tiempo que haga falta a que termine ese capítulo del Quijote para hablar con ella, que la buscaré siempre para poder tener cualquier conversación de las nuestras; sólo para ver cada día esa gran sonrisa. Que haré todo lo que esté en mi mano para que nunca la pierda.
Y sé que esta entrada en comparación con la suya es horrible, porque la suya es genial, la suya es de las que no te cansas nunca de leer, porque te parece increíble, te parece increíble que una persona como ella pueda existir en este mundo. Una persona tan valiente y tan perfecta, capaz de conseguir todo lo que se proponga.
Y para terminar, y aunque sepa que no deba hacerlo porque tenemos un pacto, gracias. Gracias por aguantarme, que sé que tengo un trago considerable, y gracias, en definitiva, por ser así como tú eres. Espero que tengamos montones de tardes como estas en las que a pesar de todo, no hemos hecho más que reírnos. Gracias:)

24 de enero de 2012

Azul marino.

Miraba cómo lentamente la velocidad de sus pasos aumentaba. La presión ejercida sobre su pecho se engrandecía por momentos. Volvería a sentir sus abrazos, y eso era lo único que importaba. Qué más daba el resto, qué importaba todo lo que le rodeaba, qué importaba cualquier cosa que hasta entonces hubiera podido pensar. Qué importaba todo, qué importaba nada, cuando a poco metros de ella estaba la mayor felicidad que había conocido nunca. La única manera de sentirse verdaderamente querida. Anhelaba volver a encontrarse entre sus brazos, volver a sentir ese olor, ese olor que le había hecho soñar, ese olor que reconocería en cualquier lugar del mundo. Volver a dejarse acariciar por unas manos tan ásperas, pero al mismo tiempo tan suaves, volver a sentir  cómo miles de escalofríos acudían a su cuerpo cuando él rozaba, adrede, su cuello. Como él sólo sabía hacer. Anhelaba volver a sentir ese temblor en las piernas cuando lo tenía cerca, ese del que tantas veces se avergonzaba porque era imposible evitarlo.  Volver a perderse en esa mirada azul marino, que las horas pasaran sin que nadie le molestara, absorbida por esa máxima abstracción de su mirada, volver a sentir en mucho tiempo cómo la calma venía a reposarse sobre ella. Y sentir de nuevo cómo su corazón se aceleraba cuando se dirigía hacia sus labios, pícaro, divertido, dispuesto a besarla, a coger con la mayor delicadeza del mundo su cara, deslizar una mano sobre su cuello, y besarla. Volver a reconocer el sabor de sus labios, de sus besos, de los juegos de su lengua, del sonido de una risa juguetona. Que el viento despeinara su pelo y que el cielo amenazara tormenta, pues nada importaba ya. Era libre cuando estaba con él, cuando enlazaba sus delgados dedos con los de él, cuando nunca soltaba su mano. Y allí se encontraba, volviendo a sentir miles de emociones al mismo tiempo, miles de sentimientos que se expandían hasta cada rincón de su cuerpo. Quizá los nervios se habían apoderado de ella cuando fue a parar a sus brazos, quizás el temblor de sus piernas hizo que él tuviera que sujetarla con más fuerza. Por fin estaba en casa, por fin en el sitio donde tenía que estar, después de tanto tiempo. Se acabaron todas las lágrimas derramadas hasta entonces. Todo había acabado. Y todo se había vuelto azul. Azul marino. Como el de sus ojos. Calma. Paz. Sí, creo que le quiere.

22 de enero de 2012

Punto y final.

Puede que la sinceridad sólo sea capaz de expresarse en un determinado momento. Encontrarte cara a cara con esa persona, decir las cosas tal y como las sientes. Que el mundo, que la vida, que el momento te dé cuerda, que tire de ti, que las palabras escapen volátiles desde tus labios. Que ni las lágrimas más sinceras te puedan parar. Y después, justo después de que la última sílaba salga disparada al mundo, sentirlo. Sentir que justo en ese momento, es cuando todo empezará a ir bien. Cuando todo puede quedarse a un lado, o incluso puede morir, para ti. Que ya no te importa, ya no te importa pase lo que pase. Que a partir de ahora, el cambio es tuyo. Que te quedas definitivamente al margen, y nunca vas a volver. Volver a respirar tranquila sin necesidad de pensar en nada continuamente. volver a seguir una conversación sin que todo me recuerde a nada. Que todo me recordaba a nada, y ese nada, se acabó definitivamente.
Gritaremos si hace falta y es que, quiero que me oiga. No te ocultes, intenta que no te machaquen. El mundo va detrás de nosotros como una enorme máquina aplastante. Sólo hay que quitarle el motor, para que todo empiece a ir mejor.

19 de enero de 2012

Yo que soy la risa tonta que se escapa sin querer, que estoy hecho de recuerdos.

Me gusta el silencio. Principalmente el silencio que se produce estando a su lado. La sensación de que las palabras no quieran salir de mi boca, de que simplemente me quedo embobada, pierdo el rumbo. Mi mente comienza a divagar y simplemente, me pierdo. Pero tampoco me gusta el silencio continuo. Me gusta la música, no podría vivir sin ella. Odio dejar una canción a medio o no encontrar la que necesito en ese momento. Me gusta aislarme cuando todo va bien, cuando todo va mal, verlo todo desde mil puntos de vista diferentes. Mirar por la ventana, dirigir mi vista hasta el cielo. Siempre estoy alerta, siempre pendiente de lo que pasa a mi alrededor. Quizá sea el hecho de que me gusta tenerlo todo controlado, todo vigilado, todo dentro de su sitio, sin que nada falle, sin que nada se tuerza. Pero al final, suele acabar por torcerse.
Me gusta dejarlo todo por algo en especial, por alguien en especial. Entender que hay algo más allá de las matemáticas, de la historia. Entender que estoy yo, yo detrás de todo eso.
Me gustan los animales, sí, pero es un secreto. Y la naturaleza. Quizá no esté hecha para mí, quizá sea tan torpe que no sobreviva un día en el campo, pero me gusta, me gusta aunque ese día me veas quejándome por todo. Me gusta decir cosas sin sentido y sin venir a cuento, acordarme de ciertas personas en determinados momentos, sonreír como una tonta al pensar en ellas. Me gustan las sorpresas, los abrazos verdaderos, las sonrisas sinceras y las miradas cómplices.
Y me gusta reírme, reírme por todo y en todo momento. En los peores días, en las peores situaciones. Porque quizá sea esa risa tonta que se escapa sin querer, o esa otra que suena nerviosa, o la que ni si quiera suena.  Y supongo, supongo que me gusta ser la persona que soy, aunque mil veces al día jure que me gustaría cambiarme por otras, aunque todas las noches odie al mundo, aunque me odie a mí misma, aunque todo salga mal. La persona que se exige siempre más de lo que consigue y la que sueña, puede que cada vez menos, pero al fin y al cabo, sueña.


16 de enero de 2012

Y charlando con la cama, me contaba que desde mis sueños se ve tu mirada.

- Que te mueres por saber cómo saben sus labios.

Frases que te bajan a la realidad. Pensamientos que vuelven a aparecer. Y entonces, tomas asiento en el rincón de los recuerdos y reconoces que es cierto. Y todo vuelve a empezar. Desde cero. Subir, bajar, correr, huir. Cruzarte con su mirada y simplemente, querer desaparecer. Pero sonreír. Sonreír al mundo y a la vida, sonreírte a ti.

De vuelta a la normalidad, buscándola en mí y manteniéndola en el exterior.

15 de enero de 2012

Acostumbrado a escapar de la realidad, perdí el sentido del camino.

No me preguntes cómo estoy, no me preguntes qué es lo que vamos a hacer, no me preguntes "porqués" que no quiero contestar, que no sé contestar. No me preguntes el sentido de nada, no me preguntes si hay solución. Sólo observa, asiente, y sonríe. La vida pasa por delante de nosotros sin que nos demos cuenta. Elige qué es lo quieres vivir.
 Que hagan lo que quieran y que digan lo que quieran, de momento yo me mantengo al margen. De todo. De todos. Algún día volveré, pero de momento me quedo aquí. Viviendo sin vivir, hablando sin hablar, llorando sin llorar.  Creciendo.

13 de enero de 2012

Quisiera transformarte las mentiras para que al llorar te rías.

Para contarte,
que quisiera ser un perro y oliscarte.
Vivir como animal que no se altera,
tumbado al sol lamiéndose la breva.
Sin la necesidad de preguntarse,
si vengativos dioses nos condenarán.
Si por Tutatis,
el cielo sobre nuestras cabezas caerá.

1 de enero de 2012

Pobre Lola.-

Brindó con champán. Llevaba ropa interior roja, y un brazalete azul. Las maletas en la puerta, doce llaves colgadas del picaporte. La mano con la que cogía cada una de las uvas se caracterizaba por el cruce entre el dedo índice y el corazón. Y por supuesto, se sujetaba sólo con una pierna. Pero por lo visto los astros se alinearon en la única dirección en la que las supersticiones no sirven para nada, y comenzó el año de la manera más inesperada posible. Se quejaría, se tiraría a la cama llorando durante los próximos 30 días, pero ella en el fondo sabe, que le encantó. Sabe que le quiere y que le gusta sentir sus abrazos, y esa es su única verdad. Y ahora, el propósito de olvidarle se ve pisoteado por la primera noche del año, noche en la que ella sonrió y fue más feliz que nunca.

Feliz año. Visto lo visto, no creo que sea un año aburrido.-