30 de diciembre de 2013

A veces necesito parar el reloj, recogerme el pelo y ser sincera.

Sé que crecemos a pasos agigantados y que eso nos lleva a elevar nuestras responsabilidades a un punto superior. Sé que algún día tenemos que establecer prioridades y aprender que la resignación muchas veces vivirá con nosotros. Conozco lo que es echar de menos un abrazo y aunque intente disimular, aunque intente sonreír a todos y contestar con buena cara a todas esas personas que desconocen todo de mí, sé a quien echo verdaderamente de menos. La culpa me corrompe por dentro y es que yo solo quería una historia de amor. La cuestión es que las historias de amor no se hacen, se encuentran. Se viven y se lloran. Se sienten. Intentamos convencernos tantas veces de lo que "tenemos" que sentir que cuando recuerdas un verdadero amor, te das cuenta de que eres esa mala persona que no hace otra cosa que engañar a otra. Y es que eso es mucho. El engaño, la mentira es lo peor que puedes llevar a cabo, y más si engañas dos veces seguidas. No hablo de infidelidades, hablo de intentar engañarte a tí misma. Y cuando te das cuenta de lo que eres, cuando te das cuenta de que lo que ha pasado es lo mejor para todos, los remordimientos y la culpa vienen a ti. La culpa de ser una mala persona, de no valorar lo suficiente a esas personas que durante un tiempo, durante un corto tiempo, han dado todo por tí. Al principio intentas esconderte, intentas cambiar el lugar donde duermes, el lugar donde te vistes y el lugar donde te pintas las uñas. Das un vuelco a tu habitación, la pones patas arriba y te ves negra para que los muebles encajen. Y al final te encuentras una fría madrugada de domingo escribiendo desde esa nueva situación en el lugar que más te ha visto llorar. Un período nuevo empieza y esta vez, prometo hacer caso a mi corazón y si he de esperar, esperaré. Lo cierto es que los "te quiero" no salen a los quince días y si corres, al final te darás de bruces contra una pared. Y es que hoy hay tantas personas a mi alrededor que te culpan a ti, que no sé cómo explicar que la culpa fue mía y que al final el destino pone a cada uno en su sitio. Y mi sitio no estaba contigo. Lo supe el primer día y sin embargo, no tuve el valor para decírtelo. 
Sé que estas cosas no son propias de mí pero a veces hay que dejar a un lado el estilo, la elegancia, las palabras neutro, y desahogarte. Y ahora cada día pienso en ti para desear que encuentres a alguien que de verdad te quiera, para desear que abras los ojos y te enfrentes a tí mismo y para desear que seas feliz. No puedo echarte de menos, solo puedo ofrecerte mi mano y pedirte perdón. 


22 de diciembre de 2013

Y mi razón se convirtió en buscarte entre las calles, en los parques, tiendas, bares...

Año tras año he hecho el balance de lo bueno y malo. Ha habido años increíbles, años de esos en los que vives mil cosas diferentes y acabas en Diciembre con una sensación de felicidad completa. También he tenido años indiferentes, de esos que pasan como uno más en tu vida. He tenido años de personas señaladas y años de felicidad personal.
Sin embargo, ahora, parece que los años pasan mucho más deprisa. Cuando éramos niños un año se nos hacía eterno, hoy parece que la Navidad del año pasado fue hace nada. Crecemos y el tiempo pasa cada vez más deprisa. Pensamos que los días son largos y a veces incluso deseamos que sean más cortos. Pero el tiempo vuela, el tiempo corre mucho más rápido de lo que nos damos cuenta. 
Si tuviéramos que etiquetar este año, si tuviéramos que ponerle un título y colocarlo en una de las lejas de la despensa, imagino que lo nombraría "decisiones". Decisiones que dicen ser importantes, pero que para mí distan muy lejos de la verdadera "importancia". Una decisión ha de tomarse en libertad, y parece ser que ese es un concepto que perdemos conforme crecemos. Todas las condiciones vienen condicionadas, en menor o mayor medida, por factores externos y para nada objetivos.
En cuanto a objetivos para el año que viene, paso. Creo que si quieres proponerte algo, si quieres conseguir algo, no debe empezar con un "El 1 de enero empiezo" o con un cotidiano "El lunes empiezo". Si realmente lo quieres, empieza ya. Aquí y ahora. Así pues, para el año que viene simplemente continuaré con mis propósitos a largo plazo.
Pero lo cierto es que cuando llegas a estas fechas y echas la vista atrás, tienes que hacer un cierto balance, una "valoración" del año. Porque si esa valoración es negativa, o si el sentimiento que te produce recordar este año es negativo, has de entender que has perdido un año de tu vida. Y la vida nos demuestra día a día que se puede acabar en cualquier momento, que no podemos desperdiciar ni un instante. Y mucho menos un año.
Echo la vista atrás, y mi primera reacción es sorprenderme. He conseguido muchas cosas este año y he tomado decisiones personales muy importantes. He tomado grandes decisiones que han hecho que viva mejor, que viva más feliz. He buscado mi felicidad y he intentado buscar la de los demás. He aprendido a valorar a determinadas personas y he descubierto aspectos escondidos de otras. En definitiva, he aprendido a darme cuenta de lo que tengo alrededor y me gusta. He reído, y apenas he llorado. Y eso es genial. 

Y es que el miedo que yo tengo es simplemente 
no poder saborearte lo suficiente.
Es dejarte escapar, es vivir sin apostar, 
por quien juega con la mano más potente.

15 de diciembre de 2013

Lo peor del amor.

Lo peor del amor cuando termina
son las habitaciones ventiladas,
el puré de reproches con sardinas,
las golondrinas muertas en la almohada.
Lo malo del después son los despojos
que embalsaman al humo de los sueños,
los teléfonos que hablan con los ojos,
el sístole sin diástole sin dueño.
Lo más ingrato es encalar la casa,
remendar las virtudes veniales,
condenar a la hoguera los archivos.
Lo peor del amor es cuando pasa,
cuando al punto final de los finales
no le quedan dos puntos suspensivos…
Lo peor es no haber amado, por no saber amar. Vivir del engaño y de la espera. No buscar, esperar. Lo peor es no llegar a sentir, no llegar a emocionarse. Lo peor del amor cuando no es amor son los remordimientos. El cargo de conciencia que perdura. 
Lo peor del amor cuando termina es no saber pasar página. No levantarte al día siguiente pensando "elijo ser feliz". Las medias naranjas no existen porque nosotros somos naranjas completas, y no encontrarás a la persona adecuada hasta que no estés en conformidad contigo mismo. Amar es maravilloso, pero para ello hay que tener una chispa de vitalidad, una chispa de establecer verdaderas prioridades, una chispa de querer comerte el mundo. La chispa de poder dejarlo todo. El sentido de la vida no radica en aquello que la sociedad espera de nosotros, el sentido de la vida es llegar a lograr la felicidad. El mundo no está hecho para los soñadores, pero yo no hablo de soñadores, hablo de personas valientes capaces de cambiar su vida porque ellos quieren, no porque es lo que toca.
Quizá con los años todo esto se pierde, pero creo que lo pierden aquellas personas que se pierden a ellos mismos. Volver a encontrarse puede ser un buen objetivo. Podemos hablar de incompatibilidad de caracteres, porque yo no quiero, yo nunca quise, un amor civilizado. Ojalá algún día encuentres esa velocidad cardíaca al encontrarte con alguien, ojalá algún día sientas que se te va a salir el corazón del pecho. La angustia emocional, el grado más alto de felicidad.
Pasarás página en diez días, pero no cerrarás ese libro de convencionalismo. Simplemente cambiarás de capítulo. Te falta la chispa que me falta a mí, que nos faltaba juntos. Pero yo la voy a buscar.

14 de diciembre de 2013

Te lo dí todo, hoy solo te pido que no vuelvas a pasar por aquí.

13 de diciembre de 2013

Si tú, y yo, éramos tan felices.

Tú me repites una y otra vez
que ya no sientes lo que un día fue.

Solía gustarme Diciembre. El frío helador que parece pedirte refugio, las últimas hojas caídas del pasado otoño. La Navidad, las risas y la ilusión. Solía gustarme su felicidad. La emoción al mirar tras el cristal, tras las estrellas. El brillo en nuestros ojos.
Hoy me niego a odiar Diciembre, pero todo me lleva a ello. Hoy me niego a ponerle mala cara al frío, pero todo me lleva a ello. Hoy solo quiero una emoción fuerte, algo que me haga olvidarlo todo. Hoy solo quiero un detalle que me haga sonreír. Quizá solo quiera un abrazo, pero de esos que ya nadie da. Hoy solo quiero dejarlo todo, como era capaz de hacer antes. Volver a ser esa idiota feliz, capaz de cambiar su vida con un chasquido.
Hubo grandes épocas de felicidad, hubo grandes meses de Diciembre entre mantas y nieve, entre risas. Noticias en la lumbre, abrazos verdaderos. Hubo momentos de mala caligrafía, de eternos sentimientos.
Diciembre hoy solo recuerda a ese empujón que nunca llega, el que asfixia con su inminente pero irreal llegada. Diciembre dejó de ser el mes de la felicidad, y ya ni la sonrisa más bonita del mundo hace mella en mí. Hoy el frío empeora mis heridas, agacha mi cabeza y me lleva. Hoy ni las personas que saben lo que significan mis miradas horizontales son capaces de despertarme.


Ahí te encontré, un héroe de otoño,
un soñador entre los locos.
Me dices: "mejor, te veo en Diciembre".



8 de diciembre de 2013

Cuélgate de quien te quiera, no te mueras más que por amor.

Ni yo mato por celos ni tú mueres por mí,
antes de que me quieras como se quiere a un gato
me largo con cualquiera que se parezca a tí.


Al igual que mujeres, hay días fatales. A veces, no existe más amor que el del río de la Plata. A veces solo luzco los tatuajes de un pasado bucanero, de un velero al abordaje, de un no te quiero querer.
A veces no encuentro palabras mejores que las suyas. A veces me pierdo en la calle Melancolía. A veces olvido que el amor, cuando no muere, mata. Y yo quiero que mate.

5 de diciembre de 2013

La vida es eso que ocurre cuando no ocurre nada. Eso que te para el corazón en seco, y eso que acelera tus pulsaciones al punto máximo. Porque a veces la vida es esa pregunta que realizas conociendo la respuesta, conociendo la jodida respuesta que no quieres escuchar. Y preguntas, preguntas con la boca cerrada, preguntas con los ojos rezando por no escuchar lo que sabes que vas a escuchar. 
A veces la vida nos pone en situaciones límite. Situaciones en las que conoces la respuesta y en las que no quieres preguntar. Pero sin embargo, tienes que hacerlo, tienes que conocer la verdad porque debes atenerte a las posibles consecuencias. Y te lanzas a preguntar, cierras tus puños con fuerza y tus pasos avanzan teóricamente decididos, pero prácticamente angustiados. La cuestión es que recibes la respuesta que ya conoces. Ahora eres parte de esa historia y en tu interior solo hay imágenes, solo hay un corazón a mil por hora, una voz que no para de repetir "no, él no", unas lágrimas que quieren inundar tu rostro, pero a las que jamás dejarás aparecer en público.
A veces necesitas derrumbarte en ese banco, en soledad, tapando tus ojos con las manos, olvidando por un momento todo lo que hay a tu alrededor. A veces necesitas un primer abrazo, una primera persona que te consuele sin palabras. A veces necesitas volver a verle sonreír, como cuando era un niño. Necesitas pensar continuamente en él, como si hacerlo le mandara fuerzas. Necesitas sacar las viejas fotos del pasado y sonreír.
Necesitas saber que está bien, para poder empezar a valorar la vida.

30 de noviembre de 2013

"Hoy va a ser el día menos pensado."

Hay momentos en la vida en los que tienes que actuar. La valentía tiene que salir de donde esté escondida y tienes que tirar la primera piedra. Y a pesar de que creas que no conseguirás tu objetivo, a pesar de que creas que entrarás en otro bucle, a pesar de que sientas que fracasarás, has de intentarlo. Porque, de lo contrario, te quedarás con el qué pudo haber sido. Porque quizás, ese milésimo porcentaje de que ocurra se hace con la estadística, y te cambia la vida.
Hoy hace algo más de 4 semanas que tiré la primera piedra, que hice caso del "déjate llevar" y fui valiente. Hoy hace 4 semanas que empezó esta historia, este cuentecillo, esta sonrisa tan bonita y esos ojos tan brillantes. Todavía me recorren escalofríos al recordar ciertos momentos, ciertas palabras, susurros. Todavía vienen a mi mente flashbacks, medias sonrisas, lugares. 
El frío ha llegado contigo y eso me gusta. Haces de este invierno un momento perfecto para pasear a tu lado, para abrazarte en cualquier lugar. Una época perfecta, para tenerte cerca.


23 de noviembre de 2013

707

Destino, casualidad o coincidencia. La cuestión es que el siete es un buen número, lo ha sido siempre, y ahora lo es más. Así pues, como diría un genio, "lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción". Creo que hoy podría hablar de adicción y me quedaría corta. Podría hablar de tus ojos y de tus manos, podría preguntarte por qué me quieres y escuchar una vez más tus silencios. Podríamos reírnos al amanecer. Mirar tu cara cuando te hablo mientras me lavo los dientes, mirar tu imagen reflejada en es espejo. Podrías jugar con mi pelo enredándolo entre tus dedos, ruborizarme la piel, morderme. Abrazarme y sorprenderme con un "buenos días, princesa". Que a mí esos buenos días me dan lo mismo, yo solo quiero los besos de después. Y en fin, que me pierdo y ya no sé volver. 
Lo cierto es que hoy, aunque los ojos se me cerraran por cansancio mientras bebía una taza de café, te he visto delante de mí desayunando. Después de todo, a pesar de todo. Por todo. Pasando las páginas de un periódico mientras decías escucharme, pudiendo hacer dos cosas a la vez. Hoy me he sentido en mi sitio, en el único sitio en el que quería estar en ese momento. 

En fin, aquí tienes. No sé si serán las más adecuadas pero son importantes para mí, como pueden serlas tantas otras, pero tú crees en el destino y si he hecho esta elección, será por algo.






17 de noviembre de 2013

Dulce o picante, tú eliges.

La cuestión es que no quiero perderte. Quizá esta sea la primera gran decalaración de amor, quizá esto te asuste, quizá, qué sé yo. Pero hoy quiero dar un paso más, quiero que no me falten las palabras para decirte lo que me haces sentir, lo que haces que pase por mi cabeza. 
Poco a poco vas conociéndome sin prisas, sin nervios, mientras me abrazas para protegerme del frío. Sé que soy complicada, verdaderamente complicada, para ser sinceros. Que tengo grandes y numerosas manías y que te las estás aprendiendo una por una. Sin embargo sé que no te rindes, que mis "noes" para ti son muchas veces "síes" a largo plazo. Y eso me gusta. Que no te rindas. Me gusta que me desestructures las ideas, que hagas que me quede sin palabras, sin nada que decir. Me gusta que me saques esa sonrisa tan tonta. Me gusta cuando me das besos en la frente y cuando ando hacia atrás, mirándote solamente a ti, confiando solamente en tí. Me gusta gustarte y me gusta que me gustes. Me gustan tus abrazos, y las veces que con tus brazos me impides alejarme de tí. Que no es que yo quiera alejarme, es que me pasaría la vida pegada a tí. Me gustan tus manos aunque en días como hoy estén congeladas, y me gusta pincharme con tu barba, me encanta pincharme con tu barba. Me gusta correr pisando las hojas de los árboles en este otoño tan especial, me gusta ver tu cara mientras me miras. Y correr delante de tí, huyendo de esos brazos que tanto me gustan. 
Me gusta cuando me tocas el pelo y me colocas los mechones despeinados. Y cómo me agarras por la cintura, cómo nos parecemos tan poquito y cómo puedo quererte tanto.

Me da vértigo lo rápido que ha pasado este último mes. Hoy me paro a pensar, y guau. No imaginé que en tan poquito tiempo mi vida cambiaría tan brutalmente, y tan positivamente. Sin embargo, me he dado cuenta de que ahora, cada día sonrío un poquito más. De que cada día soy un poquito más feliz, y de que cualquier momento contigo se convierte, automáticamente, en el mejor momento del día.
A veces me pregunto si no estaré soñando. Si no despertaré mañana y volverás a ser el chico de la barba de la Universidad. Quizá por eso sea tan reacia a tus "te quiero". Porque quizá no acabe de creerme todo esto, quizá sea demasiado bonito para ser verdad. 


Creo que el concepto dulce-picante puede estar unido en diversas ocasiones. Pero ese, es otro tema. Hoy y tantos días, mi tema eres tú. Solo tú.

13 de noviembre de 2013

Mirada universal, de alcance personal.

Quiero saber qué opinas de mi sonrisa. Del brillo de mis ojos, cuando se cruzan contigo. Quiero saber qué opinas de París. De los domingos de tristeza y de los cafés por la mañana. Quiero saber por qué sonríes cuando te doy la espalda. Y cuando me planto frente a ti. Quiero saber qué piensas cuando te quedas callado, y qué te lleva a besarme cuando no dejo de hablar. Quiero saber qué sientes cuando me coges por la cintura, cuando mis labios acaban en tu cuello y cuando aprieto tu mano con fuerza.

Quiero saber por qué tengo estas inmensas ganas de verte. Por qué los buenos días comienzan cuando tú me los deseas. Quiero abrir los ojos y que estés ahí, como estás cuando apoyo mi cabeza sobre tu hombro. Quiero que sigas discutiéndome a todas horas, que me saques tontas sonrisas y que sigas haciéndome reír todo el tiempo. Quiero que sigas relajándome con tu voz, volver a perder la noción del tiempo una vez más, volver a perdernos tú y yo.

 

Quiero que te hartes de escucharme cantar. Que yo sea tú, que tú seas yo. No soltarte nunca.

10 de noviembre de 2013

Si me sueltas entre tanto viento.

Cómo voy a continuar.
Cantaré hasta el fin del mundo y reiré, reiré como nunca lo he hecho.



Te deslizas como si fueras de viento
y al contacto con mis dedos te desvanecieras.

7 de noviembre de 2013

Cuestión de orientación.

Sé que cuando intentas cogerme en volandas me pongo nerviosa. Que cuando me besas en el cuello mil escalofríos recorren mi cuerpo. Sé que cuando me abrazas podría pasar así el resto de mi vida. Sé que eres capaz de hacerme reír cualquier día, a cualquier hora.
Sé que lo nuestro es especial y eso me gusta. Y es que, maldita dulzura la tuya.


Quizá te quiera, enano.

3 de noviembre de 2013

Cógeme de la mano.

-¿Y qué significa esto para ti?
- Que estamos juntos, ¿no?


Gracias por ser mi sonrisa diaria.

28 de octubre de 2013

Hoy te diré que sí.

Nervios. Hoy me dispongo a escribir con muchos nervios, con mis manos temblando sobre el teclado. Creo que he pasado la mañana más larga de mi vida, con dudas, con aciertos, con vértigos, con miedos, con deseos. Sin embargo en un determinado momento has llegado tú, con esa dulzura que a veces parece tímida, para borrar todos esos sentimientos y sacarme una sonrisa. Una sonrisa nerviosa, sí, pero una sonrisa. Me has hecho pensar que por ti vale la pena, que el amor puede estar ahí y surgir de repente, que pueden existir verdaderos amores correspondidos. Asíque puedo prometerte que te miraré a los ojos, te miraré a los ojos todo el tiempo que tú me dejes. Hoy llevas una semana haciéndome sentir bien, y eso es lo que más me gusta. Has arrasado con todo lo que había en mi cabeza y te has plantado tú, haciéndome reír continuamente, en mitad de mi vida.
Y lo más bonito para mí también son tus nervios. Ver que te hago sentir tanto y que a veces te tiemblan las manos. Sentir lo bien que me tratas sin ser aún nada. 
Hoy ya no me salen ni las palabras por lo emocionada que estoy. Creo que simplemente me voy a dejar llevar, sin pensar más en si hoy probaré tus labios o en si me susurrarás algo al oído. Hoy dejo que me lleves.

25 de octubre de 2013

No sé si nevará en el infierno.-

Los sentimientos aflojan y con ellos las palabras rabiosas, odiosas. Terminamos con un silencio sepulcral lo que con gritos, con voces agudas empezó. Y cuando parece terminar nunca lo hace, porque siempre está ahí. Te persigue ante cualquier imprevisto, te hace dudar, te hace echarte hacia atrás. Parece que el concepto de valentía que recorre mi cuerpo solo es teórico. Al final, en el último instante, la cobardía me impregnó y caló mi alma entera. El arrepentimiento viene ahora a mí y, con él, la fuerza que un día me faltó. El nervio, la sangre corriendo por mis venas.
En este preciso momento solo te deseo a ti. Solo deseo esa base que acabe de reportarme el miligramo de valentía que me falta. Solo necesito tu mano para poder mover el mundo. Decidir sobre mi vida como si fuera mía. Te necesito a ti para poder ser yo, y no esa marioneta a la que le escriben los días que le quedan. Quiero cortar los hilos, cortarlos todos y cambiar de escenario, de vestimenta, de utilidad. Cambiar mi personaje. Y quedarme contigo. Volver a empezar.
Los golpes vuelven a mis oídos y a veces creo que ésto nunca va a terminar. A veces me pareces una utopía, hablando en términos de conceptos generales. A veces me pareces una utopía lejana, infinita; esa por la que hay que recorrer un camino que nunca concluye, con la única compañía del horizonte.
Hoy me faltas tú, soñada libertad de barba morena, para completarme.

22 de octubre de 2013

Dejarse llevar, suena demasiado bien.

Hoy te has cruzado de repente, jugándote tus ideas ante un semáforo en verde. Bonita forma de defender tus maneras. Pero hoy no te has dado cuenta de que aquella que frenaba era yo. Que aquella a la que le temblaban las manos al poner la primera marcha era yo. Hoy no te has dado cuenta de la respiración entrecortada que salía de mi boca.
Y ahí estabas tú, sonriendo mientras el mundo se paraba a tu alrededor. Mientras que el resto esperaban a que acabases con impaciencia. Ahí estabas tú creyendo que nadie te observaba, que nadie pensaba en tí de esa manera. Ahí estabas tú con tu barba morena, sin saber que eres mi insomnio desde hace dos días.

Hoy, antes de que mi mirada se cruzase contigo sin avisar, he pensado en ti. He pensado en ti continuamente. He pensado en posibles estadísticas positivas que me llevaran a tirarme a la piscina. Hoy volver a verte me ha dado los ánimos que necesitaba para poder dedicarte mañana la mejor de mis sonrisas. Hoy he creído en ti, y en mi, y en nosotros.

20 de octubre de 2013

Declaración de intenciones.

Y bailar con la muerte no es buen plan, 
yo prefiero que me mates tú a bailar.
Supersubmarina.

He estropeado mi caligrafía con palabras vacías, con palabras sin pasión, sin notas musicales, sin acordes. Sé que me queda un largo camino por recorrer, pero dentro de esta larga e interminable crisis existencial, vuelvo a bajar el volumen de la música cuando por fin consigo que me salgan las palabras, vuelvo a andar con paso decidido aunque solo recorra un par de metros, vuelvo a coger las riendas de mi vida.
Vuelvo a llorar ante la soledad, es cierto, pero hoy he vuelto a coger mi bolígrafo y aquí estoy, en el cuaderno que hace meses abandonaría con palabras de desolación. Hoy quizá mi voz sea débil, quizá no llegues a escucharme, pero en este momento de mi vida creo que puedo decir que empiezo a ver la luz, empiezo a ver el reflejo de la vida. Aunque esté lejana y sienta frío en el camino, aunque a veces él me ponga una venda sobre los ojos y me impida ver la esperanza. Hoy, como digo, he estropeado mi caligrafía, pero eso no impide que mis palabras mantengan la fuerza que un día lograron. Hoy he logrado conseguir tantas cosas, y he conseguido recuperar aquella ilusión. Puede que todavía no salte llevada por la emoción, pero en lo más profundo de mi corazón sigue estando esa chispa que un día gobernó mi vida.

Y ahora pienso en tí porque anoche te cruzaste por mi boca, y qué sé yo. Mañana será otro día y volverás a pasearte con tu barba morena y tu sonrisa permanente. Y yo te sonreiré y soltaré alguna gracia, alguna gracia de esas que no tienen gracia pero de las que tú te ríes. Y en mi cabeza habrá dudas, habrá posibilidades de y habrá un lío monumental. Pero puedo decirte que no voy a perder la cabeza, no voy a dejarme llevar por tus labios ni voy a suspirar ni una sola vez por ti, a no ser que tú me lo pidas.
Pero si tú me lo pides... Entonces volvería a perder la cabeza, perdería este intento fracasado de recuperación y volvería a las andadas. A las andadas de quererte, a no ser dos, a ser uno. Pero contigo lo intentaría porque la vida está hecha de intentos. Si no lo intentara, no sabría lo que podría haber sido. Y cobarde no se puede ser (aunque lo sea cada día de mi vida). Pero no quiero ser cobarde contigo, no quiero que el miedo vuelva a estropear mi vida y esta vez no voy a temblar.

23 de agosto de 2013

La vida es muchas veces triste, es repetición.


Y te hablé de poesía, por ver qué decías,
que si es tontería, que sí, que no,
habrá que hacer el amor.





Qué patán, me he explicado fatal. 
Que sí, que te quiero, que ya lo sabes.

6 de agosto de 2013

Amarillos.

Hace relativamente poco tiempo (la semana pasada) leí un libro de Albert. Sí, ya solo le llamo por su nombre porque es tan sumamente bueno que me ha dejado conocerle. Conocerle en profundidad. Claro está que esto lo digo tras leerme todos sus libros y todas las biografías existentes sobre él y tras ver y escuchar todas las entrevistas habidas y por haber. Pero qué cojones, una entrevista muestra mucho menos de él que una sola frase de sus libros. Bueno, como venía diciendo, leí un libro estupendo que hablaba de 23 descubrimientos y de 23 amarillos. Ay qué historia, la de los amarillos.

Yo sabía que de alguna forma tenían que llamarse, porque sabía desde niña que esas personas existen. Esas personas que no son una amistad, sino que son muchísimo más. Pero tampoco son la totalidad del amor (ni mucho menos del enamoramiento). Como dice A., son personas a las que no puedes dejar de mirar, a las que admiras desde lo más profundo de tu alma. Esas que te ayudan con su sola presencia. Son personas amarillas en tu vida.

A. decidió utilizar el término “amarillo” para referirse a ellas. Bueno, yo hubiera utilizado otro. Pero claro, al llegar a este punto y decir que yo hubiera utilizado otro, ¿cuál sería? Lo cierto es que no tengo un término para ello. A mí me gusta más el azul, pero ¿¡AZUL!?. No, por Dios. Así que como no soy capaz de encontrar un término para ello, me quedo con “amarillo”, que por lo menos tiene su origen en A.

Yo he encontrado varios amarillos en mi vida. Normal, todos lo hemos hecho. Debemos encontrar 23 a lo largo de nuestra vida, y yo creo que he encontrado 3. Seguramente hayan sido más, la cuestión es que yo no me he dado cuenta. A. en su libro dice que esas cosas son normales, así que si A. lo dice, pues va a misa. Lo mismo A. es uno de mis amarillos, vete tú a saber.

Pero bueno, de momento quiero volver a mis 3 amarillos identificados por el momento. La primera fue ella. Digo ella porque no se referirme a esa persona de otra forma. Yo siempre la he llamado “ella”. No me gusta cómo suena en mi mente el nombre “Loli” cuando tengo su imagen en la cabeza. Ni tampoco “abuela”. Yo a mis abuelos nunca los he llamado “abuela” o “abuelo”, y aunque quizá si la hubiera conocido si la llamaría “abuela”, prefiero dejarlo en “ella”. En fin, que ella es mi primer amarillo, por orden de aparición. La cuestión es que ella no se ha ido nunca. Estuvo conmigo el 16 de octubre de 1995 y permanece aquí, día tras día. Y sí, os preguntaréis cómo es que ella puede ser un amarillo para mí si no la he llegado a conocer. Pues no lo sé, pero su recuerdo es algo que me da fuerzas y en momentos de soledad, me ayuda a sentirme menos sola.

Mi siguiente amarillo fue I. Yo sabía que I tenía algo, lo supe desde la primera vez que hablé con ella. Sabía que podía aportarme más que una amistad –con todo lo que aportan las amistades-. Y es que I me hizo madurar de manera abismal. Hizo que abriera la mente y que poco a poco aprendiera a conocerme, y a conocer a los demás. En realidad, el gran mérito de I fue conducirme a lo que soy ahora.

Y mi último amarillo identificado es M, a la que podría abrazar durante horas. Con la que podría hablar hasta la eternidad. Porque M, M es increíble. Si supierais que parentesco la une a mí, os moriríais de la risa. Pero es así, M es uno de mis amarillos y la que me ha enseñado la pasión, la verdadera felicidad. A veces siento que M tiene una parte de mí. Cuando hablo con ella, siento que en su interior me tiene, me conoce al milímetro y me acuna con sus palabras.


En fin, qué amarillos tan increíbles he encontrado por ahora. Viviría mil vidas más para encontrarme con ellos. Pero también es cierto que me quedan 20 más –que yo sepa- y me muero de ganas por conocerlos. 

2 de julio de 2013

Oh, Soledad.

La soledad es un estado que en ocasiones eché de menos. Y la eché tanto de menos que decidí recuperarla, costara lo que costara. Decidí volver a ser yo misma y que en mis grandes planes solo estuviera yo. Porque somos jóvenes despiertos y alocados, que viven de grandes ilusiones que nunca verán la luz. O quizá sí. Pero para ello hace falta esfuerzo, y todos mis planes y mis irrealizables ilusiones estaban ya en el cubo de la basura. Mi ilusión y mi felicidad dessparecían contigo y dejé de ser la chica abierta a mil ideas y mil cambios de opinón, para convertirme en una intransigente movida por su afán de superioridad.
Hoy mi objetivo es recuperarme, volver a ser lo que un día amé ser. Volver a tener esas ilusiones que me mantenían viva. Y no sentirme atada a una mala contestación ni a una mala cara. Solo importarme a mí misma y volver a descubrir lo que se esconde detrás de cada mirada que se cruza en una calle. Volver a descubrir, a amar, la belleza que se esconde en cada rincón y volver a sentir.
Empieza mi momento y no quiero prisas ni engaños, como en cierto modo te estás curando tú.

15 de junio de 2013

Volviendo a reinventarme.

A partir de hoy, me propongo volver a encontrarme tras un año de auténtica deshumanización.

13 de marzo de 2013

Habemus Papam.


Yo estaba convencida de que tenía que salir un Papa negro. Un hombre mayor, nacido en vete tú a saber qué recóndito país del África más profundo. Uno que tuviera una sonrisa amable, que en su infancia hubiera pasado el hambre que ninguno de nosotros ha pasado. Pensaba que solo un Papa así podría hacer que la Iglesia empezara a gustarme, o por lo menos a no causarme el rechazo que me produce. Y así llevaba yo dos días enteros, hablando sobre un Papa negro que cambiara un poco el mundo. En qué narices estaría yo pensando.

Acabo de escuchar en televisión la vida y obra de uno de los candidatos negros al Papado. Casi me echo a llorar. Nacido en Ghana, toda la vida defendiendo que no deben usarse los preservativos. Y predica con ello por todo África, mientras que las innumerables ONGs se matan para que, mediante el preservativo, el SIDA pueda ser erradicado poco a poco en aquel continente. Y este es mi cabreo del día, mi desengaño una vez más con la Iglesia.

Qué angustia. Prometo que no tendría ningún problema en admirar a la Iglesia si no fuera por todas estas cosas. La ciencia, la sociedad, las ideologías, el mundo en sí intenta evolucionar con el paso de los años para lograr la tolerancia, la igualdad total. Pero desde luego con instituciones como ésta no se va a llegar a ningún sitio. Es el gran obstáculo para el progreso, como lo ha sido siempre. Pero parece mentira que en pleno siglo XXI, sigamos con tales barbaridades.

A escasos minutos de que el nuevo Papa salga al balcón tras haber aparecido ya el humo blanco en la chimenea, servidora publica esta entrada en el blog. Primera entrada que me gustaría que llegara a todo el mundo, a todas las autoridades eclesiásticas, a todo rincón del planeta. La Iglesia para mí, y actualmente, es repugnante. Asquerosa.

6 de febrero de 2013

Comenzamos a dar clases de moralidad y es ese el principio del fin.


Comenzamos a dar clases de moralidad y es ese el principio del fin. En estos últimos días en el que el país no parece otra cosa que un circo lleno de monos balanceándose y animales esclavizados al servicio del hombre, me doy cuenta de que el verdadero problema no está detrás de la quiebra de bancos ni del déficit o la prima de riesgo. Tampoco está detrás de tantos políticos que están y estarán al mando de nuestra sociedad, de nuestras riquezas y pobrezas. Las personas tendemos a culpar al prójimo, no somos capaces (ni seremos nunca con esta actitud) de mirar más allá de nuestro ombligo y observar lo que de verdad acabará con nosotros.

Vivimos en un Estado democrático de derecho, respaldados por una Constitución que propugna la libertad de expresión, de pensamiento. La libertad de que el individuo tenga poder para decidir sobre su vida. Sin embargo, cuando por fin y después de tantos años hemos conseguido una democracia, cuando hemos conseguido la libertad que tanto añoramos, somos los propios ciudadanos los que atacamos a la libertad.

Ya en el siglo XVII algunos hombres lucharon por la tolerancia, por ideas progresistas que nos han conducido, gracias al esfuerzo de continuas generaciones luchadoras, al lugar donde nos encontramos ahora. ¿Y qué hacemos con todo ese esfuerzo? Lo maltratamos. Reconozco que nadie dijo que fuera fácil, pero me sorprende que hoy en día haya mentalidades más cerradas y autoritarias que hace sesenta o setenta años. Llegamos al punto en el que si se aprueba una ley a favor del matrimonio homosexual, nos tiramos a la calle cohibiendo los derechos de otra persona. No sabemos, ni queremos, ponernos en el lugar del otro. Y así con multitud de temas y asuntos que cada cierto tiempo reaparecen en los telediarios para volver a dejarnos con la boca abierta (o por lo menos a mí).

Las generaciones de hoy en día viven detrás de la crítica, la crítica destructiva. Hablar por hablar, sin ni si quiera pararnos a pensar. En teoría los jóvenes deberíamos ser los ciudadanos más liberales. Defender valores que en el pasado eran impensables, pero que pueden hacer un mundo igual para todos. Simplemente partiendo de la humildad o la tolerancia.

Lo cierto es que de un tiempo a esta parte he ido sintiendo un desagrado contra todo lo que me rodea, contra la falta de sensibilidad y de amor al prójimo. No creo en Dios pero creo que este es el momento adecuado para citar la frase bíblica “amarás al prójimo como a ti mismo”, y recordar que la misión de Jesús fue formar una gran familia, compuesta por todas las personas del mundo. Tomemos estos consejos como ejemplo y empecemos a construir un lugar donde todas las personas puedan vivir en paz. Quizá nos cueste entender algunas acciones, algunos modos de comprender la vida, pero debemos aceptarlos igual que aceptan los nuestros. Despertémonos para acabar con la verdadera crisis que segundo a segundo acaba con una parte de nosotros, y recuperemos aquellos valores de la libertad y la humildad que un día parecieron desprenderse de nosotros. Agradezcamos su labor a cada persona que murió con la esperanza de un mundo mejor. Rebelémonos contra las cadenas de ignorancia que nos mantienen atados. 

15 de enero de 2013

Quisiera escribir palabras que te dejaran con la boca abierta, con la respiración acelerada, con la mente en blanco. Quisiera que estas líneas corrieran entre tinta y sangre, hacia el dolor. Quisiera ser lo que un día me gustó ser. Aprovechar cada segundo, sonreír al terminar. Ser lo que quiero ser, cuando quiero ser. Y dejar de lado esa puta cordialidad que nos ata a todo el mundo. La sonrisa educada del "por si acaso". El favor interminable para posibles adversidades. Dejar de lado lo que pudo haber sido, lo que será, lo que quizá sea, y lo que realmente será algún día. Nos esperan tiempos duros, años duros y una vida tan tristemente miserable que nuestra mayor aspiración será malvivir. 

Hoy el sol, cariñoso, impaciente, me pide que tenga paciencia. Qué paciencia querrá que tenga, yo, última de las desgracias que camina por este mundo. Atada a todo, atada a todos. Un sentimiento de envidia corre por mi cuerpo y es que es jodidamente genial. Esa imagen vuelve a descender en picado, a precipitarse por una fría y pulida escalera de mármol. 

Yo quería escribir la canción más hermosa del mundo, pero me estanqué en el pasado. En la misma historia que imprudentemente conozco de memoria, y la cual me castiga cada vez que llamo a su puerta.
Hoy quisiera ser otra persona.

Hoy necesito necesitarte.