Siempre quise escribirte una canción. Pero en una de mis interminables noches a la luz de la luna, descubrí que nunca podría hacerlo. Que el hecho de pensar en tu figura provoca que el mundo deje de ser mundo, que los problemas desaparezcan, que dejen de existir, que ya no haya guerra, que nadie muera de hambre. El hecho de pensar en la existencia de un corazón como el tuyo consigue hacer que mis piernas tiemblen, que mi corazón no entienda de límites, que los sentimientos lo colapsen. Intento no parecerme a uno de esos románticos que saltaban al vacío por un sueño de amor, pero creo que ahora los entiendo. Que yo también saltaría al vacío si la posibilidad de que tú estuvieras abajo existiera. Que el mundo cambia, que los campos florecen cuando tú abres los ojos. Que este teatro, este show en el que vivimos cobra sentido cuando tu corazón late, cuando tú existes. Que los pájaros cantan porque tú cantas, que las personas sonríen porque tú sonríes. Y en el momento en el que tus ojos se cierran para dejar paso a la noche, al más bonito de los silencios; el mundo espera, incansable, tu vuelta. ¿Qué tiene el mundo de bonito, si no es tu mirada? ¿Qué tiene el mundo de bonito, si no eres tú? Así que entiende que cuando permites que una lágrima brote de tus ojos, el mundo muere. El mundo muere poco a poco, paso a paso, porque ha perdido toda la belleza con la que contaba. Y supongo que esos son los días de lluvia y tormenta, truenos y relámpagos, oscuridad y tinieblas, en los que lo único que pides es una manta y tiempo para evadirte de la realidad, con la esperanza de que el próximo día un esplendoroso sol brille en lo más alto del firmamento. Porque todo pasa, al fin y al cabo, y yo siempre estaré aquí para que los amaneceres de fantásticos días los vivas conmigo.
Y a veces me pregunto, ¿cómo podría vivir yo sin tu sonrisa?
26 de febrero de 2012
20 de febrero de 2012
19.
Y mentiría si dijera que no tengo miedo, que no tengo miedo durante cada instante. Pero también mentiría si dijera que no vale la pena. Así que grito, hoy le grito al cielo y a las estrellas, que quiero vivir el presente. Que quiero vivir el presente y quiero vivirlo feliz, hasta que se acabe. Que quizá dure poco, o quizá dure mucho, pero me voy a arriesgar y voy a aprovecharlo. Y respecto a los miedos, pues quizá los tire en la primera papelera que encuentre, y cuando vengan a llamar a la puerta de mis sueños o de mi día a día, les pediré que se vayan. Que me dejen por un tiempo, que no quiero nada de ellos, que no quiero nada con ellos. Que solo quiero sentir la paz que tú me transmites, que sólo quiero ser, contigo.
13 de febrero de 2012
Llámame rebelde.
Suelen decir que el mundo es un lugar maravilloso. Que el problema es que no sabemos verlo desde un punto de vista positivo, que sólo nos fijamos en las cosas malas. Y yo lo intento, lo intento de veras, pero el mundo me sigue pareciendo un lugar horrible. Matar por matar, destrozar por destrozar. Acabar con vidas inocentes, olvidarnos de los más básicos derechos.
Yo siento. Yo siento amor. Tú sientes. Tú sientes amor. Todos sentimos. Yo siento odio, tú sientes odio. Yo tengo el derecho a sentir, y tú también lo tienes. Pero son las reglas sociales, las grandes potencias, los “regímenes democráticos”; los que acaban con todo esto. No existe libertad, yo no siento, tú no sientes. Yo no puedo sentir todo lo que siento, tú no puedes sentir todo lo que sientes. Siempre hay límites, siempre hay paredes con las que chocar y hacerte daño. Siempre hay palabras es contra, nunca encontrarás un “haz lo que tú mismo quieras hacer, sin pensar en las consecuencias, sin pensar en nada más que el impulso de tu corazón en ese momento”.
La humanidad nunca ha sido libre. Siempre viviendo entre guerras, entre dictaduras, entre cuatro paredes. Y actualmente, cuando llega una clase de Historia en la que te hablan de la figura de Hitler, siempre hay alguien que pregunta: ¿Pero cómo pudo hacer algo así? El hombre ha vivido toda su vida escondiéndose, ocultándose de la multitud, del qué dirán. Siempre intentando parecer uno más, sin destacar en absolutamente nada. No llamar la atención.
Y cuando en esa misma clase de Historia acabas con una larga y triste cara hasta el suelo después de darte cuenta, una vez más, de lo estúpido que es el hombre que llega hasta a destruirse a sí mismo, tu profesora se acerca y dice: “pero no me pongas esa cara, tenemos que dar gracias a todo esto por ser la base de lo que tenemos ahora, por ser la base de la democracia y los derechos de todas las personas”. Y te quedas mirando al horizonte, pensando si de verdad esa persona que ahora se siente culpable por entristecer su clase tiene razón.
Y quizá la tenga, no dudo de que quizá la tenga. Pero no consigo verlo. Sí, por lo menos el poder de la democracia ha triunfado en la mayoría de los países del mundo, ¿pero de verdad hemos avanzado como personas? Creo que no. Que sí, que tenemos más derechos, que tenemos montones de derechos, que nos protege la ley de las supuestas injusticias, pero no nos protege de nosotros mismos. No nos protege de la decadente sociedad de hoy en día. Una sociedad que parece que va “cerrándose” más y más día tras día. Una sociedad que es, simplemente, triste.
Pero que no parezca que odio el mundo, por favor. El mundo no tiene por qué ser lo que acabo de decir. El mundo, para mí, no es eso. El mundo para mí es rozar su cuello y ser la persona más feliz del mundo, el mundo para mí es estar tumbada en la cama con mis mejores amigas, una fría tarde de invierno. El mundo para mí son las gracias nerviosas de antes de un examen, vivir al límite, hacer el ridículo y reírte de ti misma. El mundo para mí es crecer como persona, aunque esto hoy en día no se entienda. Ser tolerante, respetuosa, liberal. No me queda otra, no quiero vivir en un mundo que odio. Mi mundo sería una habitación, mi mundo sería una pared, mi mundo sería todos los momentos del día en los que soy feliz.
7 de febrero de 2012
Será por ti que lo mío en las nubes solo es un desliz.-
Una vez me hablaron de lo que significaba "ser feliz". Me hablaron de que la felicidad no es un estado, la felicidad es un conjunto de momentos. Cuantos más momentos felices haya en tu vida, más podrás decir que eres feliz. Realmente nadie se libra de la tristeza, de los malos momentos. Por eso no se puede decir que uno es feliz continuamente.
Pero hay etapas de tu vida, en las que subes a una nube, en las que flotas sobre ella. En las que aparece una persona que te eleva hacia otro mundo, otro universo, que te hace sentir escalofríos cuando te acuerdas de ella, cuando te acuerdas de determinados momentos vividos con ella. Y entonces sonríes sin parar, en cualquier momento, aunque no sea ocasión de sonreír. Y todo lo ves desde un punto de perspectiva diferente. Y te pasas los días contando los segundos que quedan para volver a... a hacer eso que quieres hacer. Que deseas más que cualquier otra cosa.
Hasta hace poco pensaba que la felicidad, simplemente, era un conjunto de momentos. Pero ahora, ahora pienso que se puede ser continuamente feliz. Que siempre habrá cosas malas que hagan que la tristeza vuelva a deambular por los alrededores, pero sus abrazos, sus abrazos y todo lo que conllevan, pueden curarlo todo. Y qué quieres que te diga, me encanta ser feliz.
5 de febrero de 2012
Sonríe, esto no ha hecho más que empezar.
Me gusta que mi móvil suene, y eso es raro. No me gusta que interrumpa una de mis canciones preferidas para recibir un mensaje. Y en esos momentos, es cuando pienso: "si es que no me dejan parar". Y suelo coger el móvil con mala leche, dispuesta a blasfemiar todo lo posible contra la persona que osa molestar momentos tan sagrados. Pero como he dicho, últimamente me gusta que suene. Y ya no me molesto, simplemente lo cojo corriendo para ver si es ella. Y cuando es ella y en el mensaje pone "Estoy en tu portal....", es simplemente, una sensación increíble. Salir corriendo pasillo arriba, coger las llaves al vuelo y el primer jersey del salón y salir atacando, mientras chillo: "BAJO AL PORTAL, NO LLEVO MÓVIL, ADIOS". Y correr hacia el ascensor porque me muero de ganas por abrazarla. Y salir corriendo del ascensor, pero corriendo, para abrirle la puerta y volver a tener un día inmensamente feliz. Hecharle la bronca, por haber venido incluso nevando. Volver a ver su sonrisa, sus ojos. Reírme de su gorro, aunque realmente le queda genial. Olvidarme de todo, olvidarme de nada. Felicidad. Tranquilidad. Risas. Sonrisas. Todo.
Pensaba que el año iría mal, de hecho lo empecé contando los días que quedaban para que terminara. Ahora cuento los pliegues de sus manos, que ya me los sé de memoria. Ahora me despierto todos los días con una inmensa sonrisa, ahora lloro de la risa. Antes lloraba de la pena. Y es que cuando todo parece perdido y tú misma lo asumes, tu vida puede cambiar. Y agradeceré este cambio durante mucho tiempo.Hacia tiempo que no nos veíamos, felicidad. Pero ahora no pienso soltarte. No mientras la pueda abrazar a ella. No mientras tenga una sonrisa para mí.
1 de febrero de 2012
Pasito a pasito, buscando el equilibrio; y dejándome llevar.
Y la cuestión es que nunca había estado tranquila antes de un examen de matemáticas. Salir al pasillo, apoyarme en la pared, cerrar los ojos y escuchar. Escuchar voces desesperadas, quejas nerviosas. ¿Qué me pasa? ¿Por qué no soy yo una de las chicas que no paran de repetir fórmulas sin parar, como lo era hasta hace poco? ¿Qué es esta tranquilidad?
Y entonces pienso, y me sonrío a mí misma. ¿Estará volviendo la felicidad? La felicidad de pasar de todo, la felicidad de olvidarme, de afrontar las cosas con serenidad y una gran sonrisa. De mirar a todos los lados buscando a alguien, de perder el hilo en las clases de economía, de sonreír inconscientemente cuando algo me trae recuerdos felices. La felicidad del silencio, la felicidad de bailar pasillo arriba, la felicidad de esperar con ansia una tarde.
Que dejarse llevar, suena demasiado bien. Y dejarse llevar de esta manera, solo me hace sonreír. Así que mira, mira que a la luna se le ve el ombligo, mira que yo te llevaré donde la luna siempre está llena de cosas buenas.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
