18 de diciembre de 2014

A buena hora la deuda de tenerte.

Probablemente me cansé de escribir el amor y vivir el desamor. Prefiero vivir ahora, que ya habrá tiempo de escribir. O no. Lo cierto es que siempre se ha dicho que las historias tristes, las historias de desamor, las reflexiones odiosas de un desengaño cualquiera, son más interesantes que una historia con final feliz. Me refiero únicamente al plano literario, claro. Y sí, yo creo que es verdad. Que mejor escribir las lágrimas que llorarlas, y mejor vivir el amor que contarlo. 
Que al final la esencia siempre queda, siempre se mantiene en los pequeños gestos, en las sonrisas matutinas. La propia locura. 
Escribir sin sentido y sin sentido vivir, entremezclar prosa y poesía. Los días tienen un color especial cuando apareces con tu sonrisa campechana. Agachar la cabeza y sonreír. Parece que fue ayer cuando estaba sentada en este mismo sitio, organizando mis ideas, haciendo esquemas mentales de "qué somos", "quién eres", "qué soy", "¿me estaré volviendo loca?". Pensamientos que siempre acababan en lo mismo, en una sonrisa tonta, un vuelco al corazón, un suspiro entusiasmado. 
No puedo negar que no lo echo de menos, porque sí, lo echo mucho de menos. Tener tiempo (o inventármelo) para todas esas tonterías. Para jugar a los tiempos. Para desesperarme. Pero (va, voy a copiarme de ti en esta frase) lo prefiero ahora. Mucho más. 
Sin más explicaciones, la única explicación solo se puede encontrar en el aire que respiramos. Que parece más cálido desde que tú estás. 




Y así es como empiezo a soñarte en la casa... Vestida de domingo, en zapatillas y pijama.

23 de noviembre de 2014

Quizá pueda pasar el resto de mi vida así. Observándote en la oscuridad, acariciando tus manos siempre frías, mirándote cuando no te das cuenta. Conociéndote, riéndote. Dejando que recorras con las yemas de tus dedos mi espalda. Acostumbrándome a ese movimiento, a esos escalofríos. Cerrar los ojos, dejarme llevar. Ser feliz. Riéndonos, abrazándonos. 

Hablar en voz alta mientras estudias, mirarte de reojo cuando tecleo. Pillar tus sonrisas, tus intenciones. Dobles sentidos, cuidarte cada día. Tus caritas sonrientes en mi teléfono, enfadarte porque aquél día apagué el móvil. Quererte cuando te enfadas. Indignarte. Ser "muy reservado". No querer cenar conmigo los jueves. Cenar conmigo todos los jueves. Llevarme la mochila. Hacerte cosquillas en la cara. Cogerme y no soltarme. Hablar de París. Ilusionarnos con París. 

No me dejes nunca sin nada de esto.



Mis dedos echan de menos tu ombligo
Mis dientes echan de menos aquellas orejas que nunca llevaban pendientes.
Basta ya,tanto recordar acabará conmigo.
Quizás será verdad de la utilidad del pasado es quedarse atrás.

1 de octubre de 2014

Miedo al viento, al movimiento y sus sonidos.

"Y crecerás, y cambiarás, y te dirás y preguntarás cual fueron tus pasiones.

Realmente tengo miedo a despertar, a fracasar, a continuar,

a derribar cimientos que creamos con las manos y tu aliento"




Poco más que decir.... Arte.

1 de mayo de 2014

Asegurarme tu sonrisa es mi rutina preferida.

Enfrentarte al espacio en blanco puede llegar a ser más difícil que contar los segundos que quedan para volver a verte. A veces tengo miedo de perderme y no volver a encontrarme, vivir en la cuerda floja como un trapecista de cualquier circo de provincia. A veces siento que pierdo el control de mi vida y que el colchón que hay abajo desaparece. Éramos jóvenes cuando hacíamos listas interminables con deseos que cumplir en esta vida, y sin embargo ahora desechamos esas listas en cualquier rincón polvoriento de esa habitación llena de libros. Escribimos sin un rumbo fijo, sin una idea predeterminada, llevándonos el movimiento de nuestras manos a la más absoluta improvisación celestial. Éramos jóvenes cuando esto funcionaba, cuando las sensaciones y los sentimientos invadían nuestra vida por completo. Supongo que la edad hace que pensemos antes de hablar y que nos expliquemos con más determinación para evitar posibles conflictos adversos. Antes el vocabulario nos lo daba la generación del 27 y la romántica trilogía de turno, ahora es la insistente jerarquía normativa la que nos baña con sus positivismos y antiformalismos. Pero qué podemos hacer. La vida parece correr, deshacerse entre nuestros fríos dedos. Parece volar como esa ráfaga de viento que en cualquier momento despeinará tu pelo y molestará a tus ojos. La vida es lo que toca y lo que toca es la vida, hay épocas para vidas y vidas para épocas. Pero dentro de todo eso, dentro de todo ese caos cósmico estás tú. La época no es la perfecta y la vida podría ser mejor, pero somos libres y estamos bien (qué coño, estamos juntos).

Siempre el puto punto medio. Siempre el puto equilibrio. Ni lo bueno ni lo malo, ni lo bonito ni lo feo.

Desquiciable balanza que gobierna nuestras vidas.

Bonita la manera de poner en pie mi existencia. Bonita aparición, bonitos susurros. Erótica forma de quedarte en mi vida.




9 de abril de 2014

Impulsos que me cuentan que estás en mi habitación.

Cruzó sus piernas con la ligereza que correspondía. Era un cruce determinante, un cruce real, imponente. Su mirada expresaba el absoluto silencio, la indiferencia más pura. La más bella profundidad. Su pelo rubio caía delicadamente sobre sus hombros, alborotado, brillante, puro. 

"¿Qué sucederá cuando las balas no reboten, y los malos sean más fuertes, y volar no sea tan fácil, y conozcan nuestros planes?"

Tú dame una señal.

Te rescataré de allá donde no puedas salir, donde te falten las fuerzas y la oscuridad se ciña sobre ti. Te rescataré aunque no quieras, aunque el mundo se ponga en nuestra contra. El infinito es imposible pero contigo cada día parece más cercano. Y aunque el punto muerto me dé miedo y no quiera convertir mi vida en un punto de espera, creo que puedo decir que contigo no tengo miedo a nada.

"Usaré cada segundo que pase para poner a prueba nuestras capacidades corporales.
 Solo quedará sin probar un sentido: el del ridículo por sentirnos libres y vivos"

11 de marzo de 2014

Ella no espera si no es por ti.

Hace semanas que no paso por aquí en un intento de encarrilar mi vida hacia no sé qué curioso destino habitual. Pero últimamente, en días en los que parece que un terremoto ha sacudido nuestras vidas, vuelvo a aparecer por aquí para hacer acto de presencia y decir: tú.
Sigo escribiendo los días previos a los exámenes como si no hubiera nada más importante que ésto (y es que es así). Llevo tantas pruebas realizadas que ya ni el más mínimo nervio aparece en mí y prefiero gastar mis noches estudiando que desperdiciar un solo segundo de luz del sol sin sonreír. Y que no es nada nuevo en mí, como todos sabemos. Me duele la espalda, se me secan los labios, y cuando sale el Sol en invierno, parece que los días son un poquito mejores. 
Dibujas figuras abstractas en mis hombros y ya lo has convertido en una costumbre. Quizá tu verdadera vocación sea el pincel y debieras dejar tantas fórmulas apartadas en un rincón de tu mente. Quizá tu costumbre sea mi ilusión, quizá dirijas mi vida hacia una nueva dirección. Yo no soy cantante ni poeta y hasta ahora, creía tener una cierta facilidad con las palabras, con las letras, con el ir y venir de la inspiración. Contigo esa facilidad desaparece y es que es jodidamente impresionante que cuando me acuerdo de ti no pueda articular palabra. Que estás en cada una de mis sonrisas y en cada uno de mis mejores momentos. 
Te diría que a veces tengo miedo, pero es que tengo miedo continuamente. Miedo largo e ininterrumpido. Miedo a que desaparezcas igual que llegaste, escurriéndote entre los sitios más estrechos para llegar y ponerte a mi lado, con tu descaro, como si no fuese tu intención. Con tus conversaciones banales y mi desesperación. Me da miedo perderte.
Y como dices tú, no me tientes que no quiero empezar con cursilerías, en el que puede que se lleve las papeletas al día más cursi del año. Así que, ya sabes que la puerta la tienes a la derecha y que no todas las rubias somos malas.

Que no quiero aprender a echarte de menos. 


20 de abril del 90.

15 de enero de 2014

Ahora que tocan los ojos, que miran las bocas, que gritan los dedos.

Las despedidas a veces son complicadas. Hay despedidas bonitas, normales. Despedidas felices, de esas que discurren con la vista puesta en el futuro. Hay despedidas trágicas, dramáticas. Despedidas musicales y despedidas ariscas. Despedidas que en silencio piden un último beso y despedidas que suplican alargarse. Hay despedidas con buen sabor de boca. Despedidas incompletas en las que falta una palabra, una conversación, un gesto. Hay despedidas rápidas.
Despedidas sin pasión, con pasión, con deseo y sin malos pensamientos. Hay despedidas sinceras y despedidas odiosas. Hay despedidas que nunca quisiste tener. Despedidas que todavía están por venir y otras que permanecen en nuestra esencia, para siempre.
Pero hay encuentros apasionados. Encuentros con besos en estaciones de tren, encuentros inesperados que cambian tu vida, y encuentros desagradables. Encuentros que te hacen suspirar y dejarlo todo, y encuentros que te hacen ser feliz.

Luego estamos tú y yo. En la línea de lo prohibido. Alargando cada segundo de una despedida sin final. Alargando cada palabra, cada conversación, cada sonrisa y cada forma de mirarnos. Alargando nuestros sonrojos. Alargando tu timidez y mi espera, tus ganas de algo, mi miedo a nada. Alargando esos momentos de intensidad, guardándolos en ti, y en mí. Reiterando tus frases y mis tonterías, alargando de cualquier manera el tenerte delante, el saborearte, el sentirte a mi lado. Alargando tus roces, tus medias sonrisas, tus piques.
Luego estamos tú y yo. Perdidos. Naufragando en el mar de nuestra incomunicación. De nuestras diferencias. Evitando esto que nos arrastra como imanes, que nos acerca, que nos hace temblar.
Tú con tus ánimos, yo con mi ilusión. Tú con tu vida, yo con mis sueños.
Tú acercándote, yo temblando.

Creo que tenemos una conversación pendiente.

13 de enero de 2014

Cuando menos piensas, sale el Sol.

Me prometo tantas cosas al cabo del día a mí misma que acabo por perder la cuenta. Que si levantarme pronto para estudiar, que si mañana ordeno la habitación, que si pasado plancho, que si hoy trasnocho estudiando... Acabo organizando mis días en función de todo lo que tengo que hacer. Y por supuesto, exámenes. Estudiar un doble grado y tener siete exámenes en tres semanas es complicado. Pero al margen de todo eso, entre que cambio de libros y voy y vengo de la Universidad, siempre tengo un momento para dejarte aparecer por mi cabeza. Y eso que haciéndole caso al mayor de los grandes, prometí (de nuevo a mí misma) que no me enamoraría de ti.
Pero Sabina también dice que las mejores promesas son aquellas que no hay que cumplir. Quizás a veces me consienta el capricho de enamorarme un poquito de ti. Durante unos minutos, unos suspiros y unas sonrisas tontas mientras doy saltos al lado de la persona más inesperada. Ser feliz es tan bonito.
De momento la vida sigue entre apuntes con manchas de café y corrector facial para las ojeras. Pero esta rutina de no dormir y de solo vivir para los exámenes termina en un par de semanas. Y entonces... Entonces no lo sé, tú pareces querer y yo también, y sin embargo...
"Sin embargo, cuando duermo sin ti, contigo sueño. Y con todas si duermes a mi lado".
Dejaré de esconderme en la ignorancia pues sé que esa no soy yo, que como ella dijo un día "tú sabes perfectamente lo que quieres". 
Realmente siempre sabemos lo que queremos pero el miedo nos echa para atrás. Siempre es ese puto miedo que nos lleva a mirar si debajo del precipicio hay agua. Ese miedo a dejarlo todo al libre albedrío. "Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena".

1 de enero de 2014

Arriba y abajo.

A veces imaginamos nuestras vidas incluyendo el factor de conocer de antemano lo que va a ocurrir. Si hoy supieras lo que pasará mañana, lo que caerá en el examen de Matemáticas y lo que vas a recibir como regalo por tu cumpleaños, probablemente plantearías tu vida de otra forma. La vida consistiría en seguir unas pautas, unas normas, para llegar continuamente a un objetivo. Un objetivo que, sin embargo, es efímero, que se diluye al segundo. Porque lo cierto es que el presente no existe, el presente se convierte en pasado antes del último suspiro, antes del aumento de velocidad en tus manos al escribir sobre el teclado.
Lo cierto es que hay ocasiones que daríamos cualquier cosa por saber algo relacionado con el futuro. Deseamos tener en el horizonte una certeza que nos dé la seguridad de seguir un camino, o de seguir otro. Deseamos que el destino nos quite esa venda que continuamente tenemos sobre los ojos, que desaparezca el miedo a equivocarnos. La seguridad de que con un poco de control por tu parte se puede conseguir, de nuevo, ese objetivo. 
En estas últimas horas he reconocido la importancia de la espontaneidad de la vida. La vida viene como viene y no sé si estará escrito en algún lugar que mañana a las tres te cruzarás en un paso de cebra al amor de tu vida. Desconozco si el destino está escrito y si simplemente somos marionetas de un teatro. Pero si supieras con certeza que mañana vuestras miradas se cruzarán y que, efectivamente, os cruzaréis en ese paso de cebra, probablemente te levantarías un cuarto de hora antes para arreglarte mejor el pelo. Probablemente rebuscarías en los cajones del baño alguna sombra de ojos más especial de las que llevas diariamente, y controlarías compulsivamente el reloj para no llegar tarde a ese "encuentro fortuito". Los nervios aparecerían en ti varias horas antes y desaparecería la magia de ese momento.
Quiero decir que yo apuesto por la espontaneidad de la vida. Porque muchas veces nos hacemos preguntas del tipo "¿cómo terminaremos esta noche?" cuando el plan no es seguro, cuando existen posibilidades de que la noche no sea perfecta. Y sin embargo, si ese día es tu día, quizá esa noche sea la mejor de las noches. Quizás vuelvas a sentirte unida a esas personas que hace tiempo que no ves y quizá rías más que nunca. Quizá unos nuevos labios busquen los tuyos y unas nuevas caricias recorran tu espalda. 
A mí nadie me dijo que el 2014 empezaría así, y me alegro.