29 de enero de 2012

Estaré contigo.

Mírame. Quizá ese sea uno de mis mayores defectos. La bipolaridad de mi sonrisa. Lo poco que puede tardar en desaparecer. Y es que siempre va atada a las demás personas. Siempre puede haber cualquier mínima cosa, cualquier mínimo detalle, que haga cambiarla. Hay personas que por mucho que lo intenten nunca me harán sonreír; y luego hay otras como tú, que con sólo verte, una sonrisa de oreja a oreja aparece en mi cara. Pero no quiero hablar de mí, no quiero hablar de mi sonrisa, no quiero hablar de nada que tenga que ver conmigo.
Esta entrada es para que te fijes en mi sonrisa, para que le hagas una foto en tu mente, y en los momentos de miedo la recuerdes. Porque no quiero que tengas miedo, no quiero que tengas miedo de nada, y mucho menos de ti. No quiero que me cierres las puertas a tu corazón sólo porque el miedo anda vagando por los alrededores.
No suelo hacer promesas serias, creo que he hecho muy pocas a lo largo de mi vida; pero te prometo, te prometo que voy a estar contigo. Te prometo que cuando te invadan los miedos, tendrás mi mano junto a la tuya, te prometó que la apretaré con fuerza y que te susurraré palabras al oído para que ese sentimiento desaparezca.
Y cuando me preguntes que por qué hago esto, te diré que me gusta dejarlo todo por algo en especial, por alguien es especial. Cuando me preguntes que por qué hago esto, me limitaré a sonreír. Cuando me preguntes que por qué hago esto, te pondré frente a un espejo, y te diré: por ti.

27 de enero de 2012

Te estás equivocando...

Hace apenas dos semanas. Dos semanas desde que un capricho del destino quiso que ella fuera a parar a este blog. Y desde ese momento, todo ha sido una carrera a la velocidad de la luz, hasta hoy mismo. Y no entiendo, no sé por qué, no me salen las palabras. Quizá sea algo muy raro en mí, es cierto, pero no me salen. No sé qué puedo decir de una persona así, una persona tan genial que hasta hace poco se ocultaba en unos auriculares y una bonita y sencilla sonrisa. Antes pasaba de largo, antes se limitaba a sonreír y saludar, sin parar en su caminata. Ahora es ella la que me espera las mañanas de estrés, las mañanas de exámenes de mates, las mañanas en las que cualquier cosa hace que nos riamos por algo que sólo las dos entendemos. Antes nos cruzábamos por los pasillos sin decirnos nada, sin que ni siquiera supiera que estaba allí. Ahora la busco en cada cambio de clase, deseando poder encontrarme con la sonrisa que siempre me dedica, incansable. Ahora soy incapaz de desconectarme del chat a menos que tenga la certeza de que está bien, de que mínimamente se quiere. Incapaz de irme a dormir sin desearle las buenas noches y recordarle lo genial que es. Porque ella es genial, es tan genial que puede hacer que sonrías pase lo que pase, puede hacer que te sientas querida, puede conseguir que hasta te quieras a ti misma. Por eso sé que me equivocaré todas las veces que haga falta, para que me diga: "te estás equivocando(8)", para que se pase toda una tarde corrigiéndome el mismo error. Sé que no me equivoco cuando digo que ha conseguido que la vuelta al instituto en este segundo trimestre, sea mucho más fácil y más dulce de lo que pensaba.
Que me inventaré miles de juegos para que se sienta mejor, que esperaré todo el tiempo que haga falta a que termine ese capítulo del Quijote para hablar con ella, que la buscaré siempre para poder tener cualquier conversación de las nuestras; sólo para ver cada día esa gran sonrisa. Que haré todo lo que esté en mi mano para que nunca la pierda.
Y sé que esta entrada en comparación con la suya es horrible, porque la suya es genial, la suya es de las que no te cansas nunca de leer, porque te parece increíble, te parece increíble que una persona como ella pueda existir en este mundo. Una persona tan valiente y tan perfecta, capaz de conseguir todo lo que se proponga.
Y para terminar, y aunque sepa que no deba hacerlo porque tenemos un pacto, gracias. Gracias por aguantarme, que sé que tengo un trago considerable, y gracias, en definitiva, por ser así como tú eres. Espero que tengamos montones de tardes como estas en las que a pesar de todo, no hemos hecho más que reírnos. Gracias:)

24 de enero de 2012

Azul marino.

Miraba cómo lentamente la velocidad de sus pasos aumentaba. La presión ejercida sobre su pecho se engrandecía por momentos. Volvería a sentir sus abrazos, y eso era lo único que importaba. Qué más daba el resto, qué importaba todo lo que le rodeaba, qué importaba cualquier cosa que hasta entonces hubiera podido pensar. Qué importaba todo, qué importaba nada, cuando a poco metros de ella estaba la mayor felicidad que había conocido nunca. La única manera de sentirse verdaderamente querida. Anhelaba volver a encontrarse entre sus brazos, volver a sentir ese olor, ese olor que le había hecho soñar, ese olor que reconocería en cualquier lugar del mundo. Volver a dejarse acariciar por unas manos tan ásperas, pero al mismo tiempo tan suaves, volver a sentir  cómo miles de escalofríos acudían a su cuerpo cuando él rozaba, adrede, su cuello. Como él sólo sabía hacer. Anhelaba volver a sentir ese temblor en las piernas cuando lo tenía cerca, ese del que tantas veces se avergonzaba porque era imposible evitarlo.  Volver a perderse en esa mirada azul marino, que las horas pasaran sin que nadie le molestara, absorbida por esa máxima abstracción de su mirada, volver a sentir en mucho tiempo cómo la calma venía a reposarse sobre ella. Y sentir de nuevo cómo su corazón se aceleraba cuando se dirigía hacia sus labios, pícaro, divertido, dispuesto a besarla, a coger con la mayor delicadeza del mundo su cara, deslizar una mano sobre su cuello, y besarla. Volver a reconocer el sabor de sus labios, de sus besos, de los juegos de su lengua, del sonido de una risa juguetona. Que el viento despeinara su pelo y que el cielo amenazara tormenta, pues nada importaba ya. Era libre cuando estaba con él, cuando enlazaba sus delgados dedos con los de él, cuando nunca soltaba su mano. Y allí se encontraba, volviendo a sentir miles de emociones al mismo tiempo, miles de sentimientos que se expandían hasta cada rincón de su cuerpo. Quizá los nervios se habían apoderado de ella cuando fue a parar a sus brazos, quizás el temblor de sus piernas hizo que él tuviera que sujetarla con más fuerza. Por fin estaba en casa, por fin en el sitio donde tenía que estar, después de tanto tiempo. Se acabaron todas las lágrimas derramadas hasta entonces. Todo había acabado. Y todo se había vuelto azul. Azul marino. Como el de sus ojos. Calma. Paz. Sí, creo que le quiere.

22 de enero de 2012

Punto y final.

Puede que la sinceridad sólo sea capaz de expresarse en un determinado momento. Encontrarte cara a cara con esa persona, decir las cosas tal y como las sientes. Que el mundo, que la vida, que el momento te dé cuerda, que tire de ti, que las palabras escapen volátiles desde tus labios. Que ni las lágrimas más sinceras te puedan parar. Y después, justo después de que la última sílaba salga disparada al mundo, sentirlo. Sentir que justo en ese momento, es cuando todo empezará a ir bien. Cuando todo puede quedarse a un lado, o incluso puede morir, para ti. Que ya no te importa, ya no te importa pase lo que pase. Que a partir de ahora, el cambio es tuyo. Que te quedas definitivamente al margen, y nunca vas a volver. Volver a respirar tranquila sin necesidad de pensar en nada continuamente. volver a seguir una conversación sin que todo me recuerde a nada. Que todo me recordaba a nada, y ese nada, se acabó definitivamente.
Gritaremos si hace falta y es que, quiero que me oiga. No te ocultes, intenta que no te machaquen. El mundo va detrás de nosotros como una enorme máquina aplastante. Sólo hay que quitarle el motor, para que todo empiece a ir mejor.

19 de enero de 2012

Yo que soy la risa tonta que se escapa sin querer, que estoy hecho de recuerdos.

Me gusta el silencio. Principalmente el silencio que se produce estando a su lado. La sensación de que las palabras no quieran salir de mi boca, de que simplemente me quedo embobada, pierdo el rumbo. Mi mente comienza a divagar y simplemente, me pierdo. Pero tampoco me gusta el silencio continuo. Me gusta la música, no podría vivir sin ella. Odio dejar una canción a medio o no encontrar la que necesito en ese momento. Me gusta aislarme cuando todo va bien, cuando todo va mal, verlo todo desde mil puntos de vista diferentes. Mirar por la ventana, dirigir mi vista hasta el cielo. Siempre estoy alerta, siempre pendiente de lo que pasa a mi alrededor. Quizá sea el hecho de que me gusta tenerlo todo controlado, todo vigilado, todo dentro de su sitio, sin que nada falle, sin que nada se tuerza. Pero al final, suele acabar por torcerse.
Me gusta dejarlo todo por algo en especial, por alguien en especial. Entender que hay algo más allá de las matemáticas, de la historia. Entender que estoy yo, yo detrás de todo eso.
Me gustan los animales, sí, pero es un secreto. Y la naturaleza. Quizá no esté hecha para mí, quizá sea tan torpe que no sobreviva un día en el campo, pero me gusta, me gusta aunque ese día me veas quejándome por todo. Me gusta decir cosas sin sentido y sin venir a cuento, acordarme de ciertas personas en determinados momentos, sonreír como una tonta al pensar en ellas. Me gustan las sorpresas, los abrazos verdaderos, las sonrisas sinceras y las miradas cómplices.
Y me gusta reírme, reírme por todo y en todo momento. En los peores días, en las peores situaciones. Porque quizá sea esa risa tonta que se escapa sin querer, o esa otra que suena nerviosa, o la que ni si quiera suena.  Y supongo, supongo que me gusta ser la persona que soy, aunque mil veces al día jure que me gustaría cambiarme por otras, aunque todas las noches odie al mundo, aunque me odie a mí misma, aunque todo salga mal. La persona que se exige siempre más de lo que consigue y la que sueña, puede que cada vez menos, pero al fin y al cabo, sueña.


16 de enero de 2012

Y charlando con la cama, me contaba que desde mis sueños se ve tu mirada.

- Que te mueres por saber cómo saben sus labios.

Frases que te bajan a la realidad. Pensamientos que vuelven a aparecer. Y entonces, tomas asiento en el rincón de los recuerdos y reconoces que es cierto. Y todo vuelve a empezar. Desde cero. Subir, bajar, correr, huir. Cruzarte con su mirada y simplemente, querer desaparecer. Pero sonreír. Sonreír al mundo y a la vida, sonreírte a ti.

De vuelta a la normalidad, buscándola en mí y manteniéndola en el exterior.

15 de enero de 2012

Acostumbrado a escapar de la realidad, perdí el sentido del camino.

No me preguntes cómo estoy, no me preguntes qué es lo que vamos a hacer, no me preguntes "porqués" que no quiero contestar, que no sé contestar. No me preguntes el sentido de nada, no me preguntes si hay solución. Sólo observa, asiente, y sonríe. La vida pasa por delante de nosotros sin que nos demos cuenta. Elige qué es lo quieres vivir.
 Que hagan lo que quieran y que digan lo que quieran, de momento yo me mantengo al margen. De todo. De todos. Algún día volveré, pero de momento me quedo aquí. Viviendo sin vivir, hablando sin hablar, llorando sin llorar.  Creciendo.

13 de enero de 2012

Quisiera transformarte las mentiras para que al llorar te rías.

Para contarte,
que quisiera ser un perro y oliscarte.
Vivir como animal que no se altera,
tumbado al sol lamiéndose la breva.
Sin la necesidad de preguntarse,
si vengativos dioses nos condenarán.
Si por Tutatis,
el cielo sobre nuestras cabezas caerá.

1 de enero de 2012

Pobre Lola.-

Brindó con champán. Llevaba ropa interior roja, y un brazalete azul. Las maletas en la puerta, doce llaves colgadas del picaporte. La mano con la que cogía cada una de las uvas se caracterizaba por el cruce entre el dedo índice y el corazón. Y por supuesto, se sujetaba sólo con una pierna. Pero por lo visto los astros se alinearon en la única dirección en la que las supersticiones no sirven para nada, y comenzó el año de la manera más inesperada posible. Se quejaría, se tiraría a la cama llorando durante los próximos 30 días, pero ella en el fondo sabe, que le encantó. Sabe que le quiere y que le gusta sentir sus abrazos, y esa es su única verdad. Y ahora, el propósito de olvidarle se ve pisoteado por la primera noche del año, noche en la que ella sonrió y fue más feliz que nunca.

Feliz año. Visto lo visto, no creo que sea un año aburrido.-