Llorar. A veces es lo único que necesitas, esperar que llegue un momento en el que el tiempo parezca pararse y la vida te permita llorar. Y en ese momento, nos sentimos tristes, solos.
Pero en las peores situaciones, la vida ni si quiera te permite llorar. Te obliga a seguir, a pesar de todo, porque si tú caes, ellos caen. Porque si no reprimes las lágrimas de cualquier forma, esa persona caerá. Y por una vez, por una única vez, tragas saliva, la miras, y reconoces que ellos son lo único que tienes. Y eres capaz de cualquier cosa, para hacer que deje de llorar.
Y cuando llega el momento en que la vida parece darte un respiro, caes rendida. La pesadilla continúa al día siguiente.

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