12 de septiembre de 2012

Rock en estado puro.

Probablemente eso sea el corazón. Rock en estado puro, sonido, jaleo. Estruendos repentinos que llenan de recuerdos la habitación del pasado y del futuro, del ahora. Gritos que con su dolor consiguen romper todo cristal con el que intentemos evitarnos. Llantos impregnados en soledad, en sufrimiento. Rock. El corazón late con la misma fuerza que un velero navega en el revuelto oleaje. Nunca deja de latir, pero sufre. Sufre continuamente. Desde el primer momento hasta el último aliento, dejándose acariciar o azotar por el mismísimo abismo que surge de las entrañas del mar. 

Mi corazón perdió la razón. Dejó de latir con sentido, dejó de latir de forma sincronizada. Ahora podría decirse que "vamos por separado". Él me permite respirar, y yo a veces le brindó la oportunidad de poder elegir la dirección. Así que, no me pidas explicaciones, porque no atiendo a razones.


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