Al borde del precipicio. Deambulo, camino, me arrastro entre los árboles de este bosque de mentiras y desolación. La oscuridad arrasa con todo, se lo traga como si fuera un enorme agujero negro. Hoy solo quiero cerrar los ojos. Cerrarlos, lo que no implica abrirlos. Hoy la humedad se apodera de todos los huesos de mi cuerpo, mientras una densa niebla baña mi mente. Incapaz de pensar, de discernir, de encontrar la lógica en este juego. La vida es un juego de terror, un laberinto sin salida, un página en blanco, un gran mar de tinta negra. La vida es tu mayor enemigo. El miedo vuela deslizándose por cada rincón, por cada rendija, cada puerta mal cerrada. Los suspiros, los jadeos vienen a ti. El aire comienza a pesar más de lo normal, a convertirse en algo sólido incapaz de respirar. Noto cómo mi boca pierde cualquier rastro de líquido que pudiera haber, y siento cómo empiezo a ahogarme. El mundo es capaz de producirme esta sensación, de pesarme tanto que es imposible de respirar, de tragar, de soportar. La oscuridad reaparece en mi punto de vista. Quiere que le acompañe.
La vida está hecha para compartirla. Si tu mayor compañía eres tú mismo, la oscuridad acabará contigo. Si no ríes al menos una vez al día, si no lloras por tonterías, si no te preocupas por insignificancias, y si no ocultas grandes secretos a los demás, la oscuridad se apoderará de ti. Tú sólo no puedes luchar contra tal grado de maldad. No puedes luchar contra la injusticia, contra la inhumanidad, el egoísmo o el egocentrismo. No puedes luchar contra la indiferencia, pues caerás. Caerás en picado, en un viaje directo al olvido. Así que, si me permites un consejo, ríndete. La rendición, en este caso, es la mejor de las opciones si estás sólo. Quizá sea la forma de evitar la humedad o el miedo, pero he de advertirte que no escaparás de la oscuridad.
Sin embargo, si tienes la suerte de no hacerlo sólo, te pido que no te rindas. Te pido que le mires a los ojos y que le cojas la mano, que le susurres que estáis juntos en esto. Luchar contra las normas y las leyes, luchar contra esa oscuridad que individualmente os acecha, pero nunca en la compañía del otro. No os rindáis, pues se rendirá ella. No se atreverá a separar ese lazo, esa bonita figura que forman vuestros dedos entrecruzados. No se atreverá a irrumpir en mitad de un beso, ni en mitad de un "te quiero". Vosotros tenéis el poder. La soledad no existe, el miedo no existe. La invención de un mundo mejor está un vuestras manos, al igual que la pluma traviesa con la que dar vida a los personajes de un nuevo juego. Es tu vida, juntos sois la vida.

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