¿Qué hago? La mayoría nos preguntamos esto continuamente. Nos lo preguntamos en nuestras mentes, en nuestros sueños, en cada una de nuestras preocupaciones. Elegir un camino u otro, enfrentarnos a una importante decisión, o simplemente darte cuenta de que te has equivocado. Y ojalá tengas la suerte de que ese camino que has recorrido sigue estando ahí, y que puedes volver al punto de inicio dando un cómodo paseo. Pero esto solo pasa los días de suerte, los días en el que sol se planta en mitad del cielo y nada impide que brille. El resto de los días, ese camino ha desaparecido y solo puedes seguir adelante, arrastrando tus pies o saltando. Eso solo depende de tí.
Hoy, amiga, me preguntas que qué haces. Cielo, lo tienes tan fácil. Eres tú. Eres tú la que puede conseguirlo todo, eres tú la que me hace llorar y reír con un chasquido. Eres tú la que en los días malos, te conviertes en un payaso multicolor que reparte alegría a partes iguales. Hoy me preguntas qué hacer, hoy noto desde aquí los nervios, las pulsaciones a mil por hora, y me dan ganas de llorar. Creo que al final acabaré explotando, explotando de verdad.
Qué hago.
Y yo qué sé.
No lo sé. Haz lo que quieras, haz lo que tengas que hacer. Haz lo posible para que todo pase. El tiempo corre, y corre, y no deja de correr ni un instante. No te permite un momento de tranquilidad, te traiciona y sigue corriendo en su beneficio. No lo sé, no tomes decisiones, o sí, tómalas. Yo ya no sé nada.
Solo sé que te quiero y que por esta vez, no voy a pedirte perdón. Algo es algo, ¿no?
Me gustaría que el mundo se parara en el instante en el que los latidos de nuestros corazones se unen en uno solo, tu mirada se cruza con la mía y entonces sé, que me da igual todo mientras que tu mano roce la mía.

No hay comentarios:
Publicar un comentario