A veces imaginamos nuestras vidas incluyendo el factor de conocer de antemano lo que va a ocurrir. Si hoy supieras lo que pasará mañana, lo que caerá en el examen de Matemáticas y lo que vas a recibir como regalo por tu cumpleaños, probablemente plantearías tu vida de otra forma. La vida consistiría en seguir unas pautas, unas normas, para llegar continuamente a un objetivo. Un objetivo que, sin embargo, es efímero, que se diluye al segundo. Porque lo cierto es que el presente no existe, el presente se convierte en pasado antes del último suspiro, antes del aumento de velocidad en tus manos al escribir sobre el teclado.
Lo cierto es que hay ocasiones que daríamos cualquier cosa por saber algo relacionado con el futuro. Deseamos tener en el horizonte una certeza que nos dé la seguridad de seguir un camino, o de seguir otro. Deseamos que el destino nos quite esa venda que continuamente tenemos sobre los ojos, que desaparezca el miedo a equivocarnos. La seguridad de que con un poco de control por tu parte se puede conseguir, de nuevo, ese objetivo.
En estas últimas horas he reconocido la importancia de la espontaneidad de la vida. La vida viene como viene y no sé si estará escrito en algún lugar que mañana a las tres te cruzarás en un paso de cebra al amor de tu vida. Desconozco si el destino está escrito y si simplemente somos marionetas de un teatro. Pero si supieras con certeza que mañana vuestras miradas se cruzarán y que, efectivamente, os cruzaréis en ese paso de cebra, probablemente te levantarías un cuarto de hora antes para arreglarte mejor el pelo. Probablemente rebuscarías en los cajones del baño alguna sombra de ojos más especial de las que llevas diariamente, y controlarías compulsivamente el reloj para no llegar tarde a ese "encuentro fortuito". Los nervios aparecerían en ti varias horas antes y desaparecería la magia de ese momento.
Quiero decir que yo apuesto por la espontaneidad de la vida. Porque muchas veces nos hacemos preguntas del tipo "¿cómo terminaremos esta noche?" cuando el plan no es seguro, cuando existen posibilidades de que la noche no sea perfecta. Y sin embargo, si ese día es tu día, quizá esa noche sea la mejor de las noches. Quizás vuelvas a sentirte unida a esas personas que hace tiempo que no ves y quizá rías más que nunca. Quizá unos nuevos labios busquen los tuyos y unas nuevas caricias recorran tu espalda.
A mí nadie me dijo que el 2014 empezaría así, y me alegro.
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