13 de enero de 2014

Cuando menos piensas, sale el Sol.

Me prometo tantas cosas al cabo del día a mí misma que acabo por perder la cuenta. Que si levantarme pronto para estudiar, que si mañana ordeno la habitación, que si pasado plancho, que si hoy trasnocho estudiando... Acabo organizando mis días en función de todo lo que tengo que hacer. Y por supuesto, exámenes. Estudiar un doble grado y tener siete exámenes en tres semanas es complicado. Pero al margen de todo eso, entre que cambio de libros y voy y vengo de la Universidad, siempre tengo un momento para dejarte aparecer por mi cabeza. Y eso que haciéndole caso al mayor de los grandes, prometí (de nuevo a mí misma) que no me enamoraría de ti.
Pero Sabina también dice que las mejores promesas son aquellas que no hay que cumplir. Quizás a veces me consienta el capricho de enamorarme un poquito de ti. Durante unos minutos, unos suspiros y unas sonrisas tontas mientras doy saltos al lado de la persona más inesperada. Ser feliz es tan bonito.
De momento la vida sigue entre apuntes con manchas de café y corrector facial para las ojeras. Pero esta rutina de no dormir y de solo vivir para los exámenes termina en un par de semanas. Y entonces... Entonces no lo sé, tú pareces querer y yo también, y sin embargo...
"Sin embargo, cuando duermo sin ti, contigo sueño. Y con todas si duermes a mi lado".
Dejaré de esconderme en la ignorancia pues sé que esa no soy yo, que como ella dijo un día "tú sabes perfectamente lo que quieres". 
Realmente siempre sabemos lo que queremos pero el miedo nos echa para atrás. Siempre es ese puto miedo que nos lleva a mirar si debajo del precipicio hay agua. Ese miedo a dejarlo todo al libre albedrío. "Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena".

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