Siento que tengo que escribir. Soltarlo todo, vaciar mi mente por un segundo, dejarlo plasmado en algún sitio para poder comprenderlo. Creo que cuando dejo los libros, los apuntes, las largas horas de estudio, para dedicarme a mis tres meses de vacaciones, me doy cuenta de lo que verdaderamente sucede a mi alrededor. Hasta que llega un momento en el que me colapso, en el que la cabeza me da vueltas y ni si quiera sé porqué. La gente, hasta los que más que conocen, me tachan de idealista, de soñadora. Qué equivocados están. Soy realista, muy realista, pero lo soy interiormente. Y a veces, también soy positiva, a pesar de que muchos se encarguen de que cada vez lo sea menos. Y también podría decir que odio, que hay momentos en los que odio mi vida, en los que odio a todas las personas que hay en ella, y cualquier pequeño detalle es capaz de arruinarme el día. Pero así son mis veranos. Así son mis veranos hasta que llega el momento en que puedo desconectarme de todo, y volver a ser como era hace apenas dos semanas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario