18 de marzo de 2012

El mundo entero no me vale, ayer por la tarde me estaba pequeño.

No te hablaré de mis miedos, ni de lo último que pienso antes de caer dormida. No te hablaré de la imagen que se posa en mi mente mientras el agua caliente de la ducha me empapa la cara, ni te diré cuál es el primer pensamiento que invade mi mente al despertar. No te hablaré de aquella persona que odio, pero tampoco de aquella por la que daría la vida en cualquier momento. No te hablaré de lo que hay detrás de mi sonrisa, ni de la persona a la que me recuerdan los pendientes de oro. No te contaré el argumento de mi película favorita, ni el por qué de mis obsesiones más internas. No te hablaré de lo que hago cuando me quedo sola, ni de lo que siento los días de frío. No te contaré lo que he desayunado esta mañana, ni te explicaré porqué no paro de hablar. No te hablaré, si insistes en que lo haga. 
Te hablaré si me lo preguntas mirándome a los ojos, te hablaré si sabes cuando te has equivocado preguntando. Te hablaré si reconoces los malos momentos y cada una de mis miradas. Te hablaré si te equivocas. Si te equivocas, conmigo. Porque me reiré hasta el infinito, pensando que eres lo más bonito del mundo. Te hablaré si te equivocas todos los días de mi vida, si me preguntas en los malos días, si confundes mis camisetas con pijamas. Te hablaré cuando no sepas que decir, cuando no me preguntes, cuando me calles con un beso. Te hablaré hasta que mi voz resuene en tu cabeza una y otra vez, como un eco impertinente del que no te deshaces nunca. Te hablaré cuando no me lo pidas, te hablaré cuando no sea el momento. 
Y no te sonreiré cualquier día. Quizá sí la mayoría, pero no todos. Habrá días que lo último que querré es sonreír, y espero que lo sepas aceptar. Días en los que odio sonreír a toda costa. Lo que no implica que no ría. Porque supongo que ya me conocerás lo suficiente para saber que me río, que me río en los peores momentos y me río cuando el mundo está patas arriba dispuesto a arruinarme cada segundo de mi vida. Me reiré hasta que el mundo se acabe, hasta que el Sol y las estrellas dejen de brillar. Es así, soy así. Son cosas que no puedo evitar. 
Y correré para buscar la canción en ese momento, y saltaré cuando conozca gente que ama a Sabina. Y siempre habrá personas que me den buenas vibraciones desde el primer momento, personas a las que sonría por simple educación, y personas que me resulten indiferentes. Y lloraré cuando nadie me vea, cuando tenga verdaderas razones por las que llorar. Porque, realmente, sé que la vida solo me ha dado un gran golpe a lo largo de mi vida, y sé lo que es que el mundo deje de tener sentido si él no está contigo, a tu lado, riéndose cariñosamente de ti. Sé lo que es que la vida esté a punto de quitarte una parte vital de ti. Sé lo que es ver miles de lágrimas rodando a tu alrededor, sé lo que es no poder llorar por miedo a que todo termine. Pasar las 24 horas del día rezando por que un móvil no suene. Quizá la gente no se equivoque al llamarme "fría", pero creo que hay que saber darle importancia a problemas, problemas de verdad. La vida es difícil si tú la haces difícil, el miedo solo existe porque tú lo inventas. Es así, así de simple. Así que, permite que me ría cuando todo parece ser un desastre, permite que me ría cuando hay problemas. Permite que me ría cuando otros lloran, lo sé, puede llegar a ser hasta cínico, pero no puedo evitarlo.
Ódiame o quiéreme, pero nada cambiará mi esencia. No puedo ser lo que no soy. Ni quiero. El mundo sabrá aceptarme, y si no, es su problema. Intentaré cambiar siempre a mejor, evitando esos miles de defectos que sé que tengo. Pero la esencia, mi esencia, nunca cambiará. La esencia de madrugar cuando nadie lo hace, de trasnochar por culpa de una camción. La esencia de ser una estrella del rock en estado puro mientras Marea resuena por la cuatro paredes de esta habitación, y la esencia de mi indignación en clase de Historia. La esencia de las reflexiones a altas horas de la noche, y el aburrimiento los domingos por la noche.

Y ahora sí, buenas noches, y feliz Domingo. ¿Qué días más tristes los domingos, verdad? Tristes, aburridos, insípidos, como queráis llamarlos. Mis domingos solo tienen sentido si el sabor de sus labios los impregna. Si no... ¿pa' qué?

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