25 de octubre de 2013

No sé si nevará en el infierno.-

Los sentimientos aflojan y con ellos las palabras rabiosas, odiosas. Terminamos con un silencio sepulcral lo que con gritos, con voces agudas empezó. Y cuando parece terminar nunca lo hace, porque siempre está ahí. Te persigue ante cualquier imprevisto, te hace dudar, te hace echarte hacia atrás. Parece que el concepto de valentía que recorre mi cuerpo solo es teórico. Al final, en el último instante, la cobardía me impregnó y caló mi alma entera. El arrepentimiento viene ahora a mí y, con él, la fuerza que un día me faltó. El nervio, la sangre corriendo por mis venas.
En este preciso momento solo te deseo a ti. Solo deseo esa base que acabe de reportarme el miligramo de valentía que me falta. Solo necesito tu mano para poder mover el mundo. Decidir sobre mi vida como si fuera mía. Te necesito a ti para poder ser yo, y no esa marioneta a la que le escriben los días que le quedan. Quiero cortar los hilos, cortarlos todos y cambiar de escenario, de vestimenta, de utilidad. Cambiar mi personaje. Y quedarme contigo. Volver a empezar.
Los golpes vuelven a mis oídos y a veces creo que ésto nunca va a terminar. A veces me pareces una utopía, hablando en términos de conceptos generales. A veces me pareces una utopía lejana, infinita; esa por la que hay que recorrer un camino que nunca concluye, con la única compañía del horizonte.
Hoy me faltas tú, soñada libertad de barba morena, para completarme.

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