30 de diciembre de 2013

A veces necesito parar el reloj, recogerme el pelo y ser sincera.

Sé que crecemos a pasos agigantados y que eso nos lleva a elevar nuestras responsabilidades a un punto superior. Sé que algún día tenemos que establecer prioridades y aprender que la resignación muchas veces vivirá con nosotros. Conozco lo que es echar de menos un abrazo y aunque intente disimular, aunque intente sonreír a todos y contestar con buena cara a todas esas personas que desconocen todo de mí, sé a quien echo verdaderamente de menos. La culpa me corrompe por dentro y es que yo solo quería una historia de amor. La cuestión es que las historias de amor no se hacen, se encuentran. Se viven y se lloran. Se sienten. Intentamos convencernos tantas veces de lo que "tenemos" que sentir que cuando recuerdas un verdadero amor, te das cuenta de que eres esa mala persona que no hace otra cosa que engañar a otra. Y es que eso es mucho. El engaño, la mentira es lo peor que puedes llevar a cabo, y más si engañas dos veces seguidas. No hablo de infidelidades, hablo de intentar engañarte a tí misma. Y cuando te das cuenta de lo que eres, cuando te das cuenta de que lo que ha pasado es lo mejor para todos, los remordimientos y la culpa vienen a ti. La culpa de ser una mala persona, de no valorar lo suficiente a esas personas que durante un tiempo, durante un corto tiempo, han dado todo por tí. Al principio intentas esconderte, intentas cambiar el lugar donde duermes, el lugar donde te vistes y el lugar donde te pintas las uñas. Das un vuelco a tu habitación, la pones patas arriba y te ves negra para que los muebles encajen. Y al final te encuentras una fría madrugada de domingo escribiendo desde esa nueva situación en el lugar que más te ha visto llorar. Un período nuevo empieza y esta vez, prometo hacer caso a mi corazón y si he de esperar, esperaré. Lo cierto es que los "te quiero" no salen a los quince días y si corres, al final te darás de bruces contra una pared. Y es que hoy hay tantas personas a mi alrededor que te culpan a ti, que no sé cómo explicar que la culpa fue mía y que al final el destino pone a cada uno en su sitio. Y mi sitio no estaba contigo. Lo supe el primer día y sin embargo, no tuve el valor para decírtelo. 
Sé que estas cosas no son propias de mí pero a veces hay que dejar a un lado el estilo, la elegancia, las palabras neutro, y desahogarte. Y ahora cada día pienso en ti para desear que encuentres a alguien que de verdad te quiera, para desear que abras los ojos y te enfrentes a tí mismo y para desear que seas feliz. No puedo echarte de menos, solo puedo ofrecerte mi mano y pedirte perdón. 


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