Brindó con champán. Llevaba ropa interior roja, y un brazalete azul. Las maletas en la puerta, doce llaves colgadas del picaporte. La mano con la que cogía cada una de las uvas se caracterizaba por el cruce entre el dedo índice y el corazón. Y por supuesto, se sujetaba sólo con una pierna. Pero por lo visto los astros se alinearon en la única dirección en la que las supersticiones no sirven para nada, y comenzó el año de la manera más inesperada posible. Se quejaría, se tiraría a la cama llorando durante los próximos 30 días, pero ella en el fondo sabe, que le encantó. Sabe que le quiere y que le gusta sentir sus abrazos, y esa es su única verdad. Y ahora, el propósito de olvidarle se ve pisoteado por la primera noche del año, noche en la que ella sonrió y fue más feliz que nunca.
Feliz año. Visto lo visto, no creo que sea un año aburrido.-
¿?¿? algo nuevoo?¿?
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