15 de diciembre de 2013

Lo peor del amor.

Lo peor del amor cuando termina
son las habitaciones ventiladas,
el puré de reproches con sardinas,
las golondrinas muertas en la almohada.
Lo malo del después son los despojos
que embalsaman al humo de los sueños,
los teléfonos que hablan con los ojos,
el sístole sin diástole sin dueño.
Lo más ingrato es encalar la casa,
remendar las virtudes veniales,
condenar a la hoguera los archivos.
Lo peor del amor es cuando pasa,
cuando al punto final de los finales
no le quedan dos puntos suspensivos…
Lo peor es no haber amado, por no saber amar. Vivir del engaño y de la espera. No buscar, esperar. Lo peor es no llegar a sentir, no llegar a emocionarse. Lo peor del amor cuando no es amor son los remordimientos. El cargo de conciencia que perdura. 
Lo peor del amor cuando termina es no saber pasar página. No levantarte al día siguiente pensando "elijo ser feliz". Las medias naranjas no existen porque nosotros somos naranjas completas, y no encontrarás a la persona adecuada hasta que no estés en conformidad contigo mismo. Amar es maravilloso, pero para ello hay que tener una chispa de vitalidad, una chispa de establecer verdaderas prioridades, una chispa de querer comerte el mundo. La chispa de poder dejarlo todo. El sentido de la vida no radica en aquello que la sociedad espera de nosotros, el sentido de la vida es llegar a lograr la felicidad. El mundo no está hecho para los soñadores, pero yo no hablo de soñadores, hablo de personas valientes capaces de cambiar su vida porque ellos quieren, no porque es lo que toca.
Quizá con los años todo esto se pierde, pero creo que lo pierden aquellas personas que se pierden a ellos mismos. Volver a encontrarse puede ser un buen objetivo. Podemos hablar de incompatibilidad de caracteres, porque yo no quiero, yo nunca quise, un amor civilizado. Ojalá algún día encuentres esa velocidad cardíaca al encontrarte con alguien, ojalá algún día sientas que se te va a salir el corazón del pecho. La angustia emocional, el grado más alto de felicidad.
Pasarás página en diez días, pero no cerrarás ese libro de convencionalismo. Simplemente cambiarás de capítulo. Te falta la chispa que me falta a mí, que nos faltaba juntos. Pero yo la voy a buscar.

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