Año tras año he hecho el balance de lo bueno y malo. Ha habido años increíbles, años de esos en los que vives mil cosas diferentes y acabas en Diciembre con una sensación de felicidad completa. También he tenido años indiferentes, de esos que pasan como uno más en tu vida. He tenido años de personas señaladas y años de felicidad personal.
Sin embargo, ahora, parece que los años pasan mucho más deprisa. Cuando éramos niños un año se nos hacía eterno, hoy parece que la Navidad del año pasado fue hace nada. Crecemos y el tiempo pasa cada vez más deprisa. Pensamos que los días son largos y a veces incluso deseamos que sean más cortos. Pero el tiempo vuela, el tiempo corre mucho más rápido de lo que nos damos cuenta.
Si tuviéramos que etiquetar este año, si tuviéramos que ponerle un título y colocarlo en una de las lejas de la despensa, imagino que lo nombraría "decisiones". Decisiones que dicen ser importantes, pero que para mí distan muy lejos de la verdadera "importancia". Una decisión ha de tomarse en libertad, y parece ser que ese es un concepto que perdemos conforme crecemos. Todas las condiciones vienen condicionadas, en menor o mayor medida, por factores externos y para nada objetivos.
En cuanto a objetivos para el año que viene, paso. Creo que si quieres proponerte algo, si quieres conseguir algo, no debe empezar con un "El 1 de enero empiezo" o con un cotidiano "El lunes empiezo". Si realmente lo quieres, empieza ya. Aquí y ahora. Así pues, para el año que viene simplemente continuaré con mis propósitos a largo plazo.
Pero lo cierto es que cuando llegas a estas fechas y echas la vista atrás, tienes que hacer un cierto balance, una "valoración" del año. Porque si esa valoración es negativa, o si el sentimiento que te produce recordar este año es negativo, has de entender que has perdido un año de tu vida. Y la vida nos demuestra día a día que se puede acabar en cualquier momento, que no podemos desperdiciar ni un instante. Y mucho menos un año.
Echo la vista atrás, y mi primera reacción es sorprenderme. He conseguido muchas cosas este año y he tomado decisiones personales muy importantes. He tomado grandes decisiones que han hecho que viva mejor, que viva más feliz. He buscado mi felicidad y he intentado buscar la de los demás. He aprendido a valorar a determinadas personas y he descubierto aspectos escondidos de otras. En definitiva, he aprendido a darme cuenta de lo que tengo alrededor y me gusta. He reído, y apenas he llorado. Y eso es genial.
Y es que el miedo que yo tengo es simplemente
no poder saborearte lo suficiente.
Es dejarte escapar, es vivir sin apostar,
por quien juega con la mano más potente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario